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Iñaki Ezkerra presenta ‘A tu lado en Islandia’

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Santiago Fontenla | MinutoDigital.Com | Bilbao

El escritor Iñaki Ezkerra, colaborador de La Razón y El Correo, acaba de sacar un libro de poemas llamado “A tu lado en Islandia”.

Presidente del Foro Ermua, articulista, ensayista político… Su faceta como poeta era poco conocida hasta ahora, por lo menos para el gran público…

Quizá sea en parte porque la poesía no suele tener que ver mucho con el gran público sino con las minorías. Uno se puede pasar la vida escribiendo versos y vendiendo tiradas de mil, de dos mil ejemplares. De repente saca un libro que habla sobre ETA y vende veinte mil ejemplares. Así es la vida. Yo viví ese contrastre cuando publiqué hace ocho años “Estado de excepción”. Y algo muy parecido me había pasado ya muchos años antes cuando pasé de escribir sólo en las páginas de cultura de los periódicos a escribir en las de opinión. Es la diferencia que hay entre dedicarte a escibir y comenzar a ser leído de veras.

Quizá no le ubicaban en un mundo tan intimista como el de la poesía, tan alejado de la lucha y el compromiso políticos… 

Entiendo que a alguien le pueda chocar, pero eso se debe a los mismos contrastes  a los que el terrorismo de ETA ha sometido a la sociedad española en general, y más concretamente al País Vasco. Es  el mismo contraste que el de una empleada de la limpieza que tiene que llevar escolta por ser concejala en un municipio o el de un escultor al que un alcalde nacionalista quiere expulsar del pueblo.  Los pasos son los siguientes: un tipo tranquilo que publica su primer libro de poemas a los 21 años se pone a escribir artículos en la prensa para ganarse la vida. Ese género le gusta, le apasiona, le convierte en un columnista profesional y, mientras lo practica, no deja de escribir libros de versos. Da la casualidad de que ese mismo individuo es vasco, y ve lo que sucede a su alrededor y, como tiene una tribuna en la prensa vasca, siente la necesidad de decir lo que piensa, de ponerse del lado de las víctimas y de los amenazados. Si sus columnas podían ser muchas veces políticas, le resulta antinatural guardar silencio sobre este tema y, aún menos, jugar a ser cómplice del nacionalismo totalitario. El siguiente paso es el de que empieza a participar en los movimientos democráticos que se oponen al terror. De ahí a sufrir la amenaza de ETA y aparecer en la lista de objetivos de un comando no hay más que otro paso. Lo que viene después es un mayor compromiso, una mayor participación en la lucha civil por la libertad y una mayor estigmatización por parte del nacionalismo. En resumen: ¿qué culpa tengo yo de que los nazis persigan a poetas? 
 
¿Cree que los poetas son un objetivo primordial de los nazis?

Es curioso, pero son un objetivo de todo régimen o ideología dictatorial.  Uno se pregunta: ¿en qué pudo amenazar la poesía al nacional-socialismo alemán, al comunismo soviético, a la dictadura de Pinochet o a la de Franco? Parece ridículo que esas dictaduras y esos regímenes totalitarios vieran un peligroso enemigo en un pobre hombre que escribía versos. Y, sin embargo, lo vieron. Y sin embargo los perseguidos se llaman André Breton, y Neruda, y Dionisio Ridruejo, y Alberti, y Blas de Otero…. Todavía diría más: esos regímenes no solamente odian a los poetas, sino a los que se parecen lejanamente a ellos. En los estados de excepción franquistas, llevar el pelo largo ya era subversivo: los melenudos pasábamos ante los jeeps policiales acojonados, y sin volvernos cuando nos llamaban piojosos. 

VENECIA

¡Oh! Viajar a Venecia con una veinteañera
es discutir en el palacio Grassi
e insultarse con ganas sobre el puente de Rialto;
desplantes, malas caras, y oír esto no me gusta
entre los atrios de San Giorgio Maggiore;
carreras, bofetadas por la plaza de San Marcos,
y terminar fumando solo en las terrazas
o en la cama de un hotel
ante el televisor.
Es maldecir a los Dogos,
aborrecer el agua, los canales, los Tizianos, los
Tiépolos,
los vidrios de Murano,
y llorar en los hombros de todos los gondoleros.
Sólo se debe hacer ese viaje con mujeres
que pasen de cuarenta. Saben que en la vida
se va muy pocas veces a Venecia.

 
“A tu lado en Islandia” ¿Tanto admira a Borges?

Sí, el título de mi libro es un verso de Borges que está dentro de un poema titulado “Nostalgia del presente” y en el que poeta sueña con que le gustaría estar en Islandia con la amada cuando, en efecto, está en Islandia con la amada. Me gusta ese poema porque suena como muy poético y muy edificante pero su contenido es venenoso o por los menos irónico. Creo que responde al espíritu del libro. Yo creo que, aunque se tengan por contrarios, es posible unir la ironía y la elevación poética, el idealismo y el sentido realista de la vida, el amor y la risa. En cuanto a Borges, claro que le admiro. Es un gigante. Cada vez admiro más a los poetas secos, como el brandy, o sea a los que no gritan: Borges, Manuel Machado, Jorge Guillén… 

¿Qué lugar ocupa la poesía dentro de toda su actividad como escritor?  

El más importante. Éste es el sexto libro, y nunca he dejado de escribir poesía. Entre “Otra ribera” y “A tu lado en Islandia” han transcurrido diez años, pero en ningún momento he dejado de estar en contacto con ella. Creo que la poesía es mi verdadero lenguaje, mi tono más auténtico, el registro vital en el que me siento más cómodo y más parecido a mí mismo. En realidad, ya cuando empecé a escribir narrativa, novela, relatos, me pareció que hacía una concesión de la misma naturaleza que cuando empecé a participar en política y en el movimiento cívico. La propia narrativa fué para mí un esfuerzo hacia lo colectivo, hacia la realidad social, aunque no tuvieran nada de “sociales” mis escritos. Y no digo ya de mi salto a los artículos y al ensayo, aunque éste todavía no fuera de carácter político. En realidad, es como si para mí la vida política fuera un género literario, lo cual no debe chocarle a nadie. Borges decía que la Filosofía era un género fantástico. ¿Por qué no va a ser ficción o literatura la política, y más en este país, y más en el País Vasco?.   
 
¿Hay algo en “A tu lado en Islandia” de poesía comprometida políticamente?

He escrito poesía comprometida, sobre todo en mi anterior libro “Otra Ribera”, pero en éste no. Ni por asomo. Es más: yo creo que la misma referencia a Islandia en el título muestra inconscientemente una necesidad de pirarme lejos de mi entorno cotidiano.  
 
“Hermanas Muñoz”, “Hermanas Iribarren”, “Hermanas Hidalguillo”… ¿Que hay de autobiográfico en el libro?

Hay experiencia, memoria, biografía pero reelaborada, recreada, maquillada si se quiere. Los poemas pertenecientes a la serie “La Enferma” están inspirados en varias antiguas novias. Es como si entre tres o cuatro me hubieran brindado un personaje, un arquetipo. Éste no es un libro de poemas de amor, pero sí un libro de poemas que reflexionan sobre el amor y que cuentan todo lo que sé sobre ese tema, todo lo que he aprendido. Aparecen por él referencias a fascinaciones infantiles y a un mito adolescente: el de las hermanas. Hay, en efecto, varios poemas sobre ellas. Las hermanas de mis compañeros que jugaban a baloncesto me fascinaban.

Ha hablado de la infancia. Observo una gran capacidad para plasmar sensaciones de esa época…

Si, hay un poema titulado “Agenda” en el que ofrezco una lista de las mujeres que amé antes de los seis años. Hay otro en el que intento describir un estado de felicidad en una tarde lluviosa,  a mi regreso del colegio, cuando tenía seis años, donde cito a las monjas lacrimógenas por la muerte de Juan XXIII. Puede parecer paradójico hablar tanto de la infancia en un libro sobre el amor, pero es que yo creo que todo lo importante pasó en el colegio. En mi caso, en un colegio de monjas que se llamaba “El Pilar” y al que fui de los cinco a los siete años. 
 
¿Jugaron las monjas un papel especial en su vida?

En efecto. Para mí eran seres mitológicos. Hay un poema en el libro en el que describo a dos de ellas sobre las baldosas negras y blancas de la galería colegial, que a mí se me figuraba un tablero de ajedrez. Una era alta y la otra bajita: el peón y el alfil. Realmente yo llegué a pensar en aquella época que sus cuerpos eran de la forma de sus hábitos, que aquellas tocas rígidas estaban rellenas de carne, lo que las hacía mas fantásticas. En otro poema, hay una monja que parece una bruja de Walt Disney y que por lo tanto era muy guapa. Qué guapas eran las malas de Walt Disney: la madrastra de Blanca Nieves, la de Cenicienta, la bruja de la Bella Durmiente, Cruella de Ville… ¡Ah, unas chicas estupendas! 
 
El contenido de su libro tiene una importante carga erótica…Es que quizá erotismo y poesía son la misma cosa. Prueba de ello es que los piropos suelen ser metáforas desaforadas y extravagantes, muchas veces relacionadas misteriosamente con los medios de transporte. Eso de “estás como un tren” o “estás como un camión” es pura poesía surrealista.

Aparece en alguno de los poemas un cierto pesimismo. ¿Quizás añoranza?

Yo creo que es un alegato contra la nostalgia, contra lo que la nostalogia tiene de mecanismo rudimentario que niega el presente y lo condena y no te deja ver ni gozar de lo que tienes delante. Eso viene a decir el poema de Borges que da título al libro. Me interesa el recuerdo en cuanto que potencia el presente. Me interesa la realidad. Soy pesimista por amor a la realidad, porque la asumo, la acepto y la amo como es, sin falsas esperanzas ni disfraces. Entiendo muy bien y me emociona “la oración del ateo” de Cernuda: “Yo no te envidio, Dios, déjame a solas con mis obras humanas que no duran. Su belleza vale tu omnipotencia”. 
 
Decía Gastón Bachelard que la primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar. ¿Cree usted conseguirlo con “A tu lado en Islandia”?

Insisto en la misma dirección. Para mí la poesía no es sueño. Es realidad o es lo que de sueño tiene ya lo real sin necesidad de que nos vayamos a la cama. El hombre y más el de hoy puede volar sin cerrar los ojos. Hoy hay aviones. Son un milagro que se repitte pero están ahí.  
 
¿No hay un gran abismo entre la política y la lírica? 

Si hay un abismo, en mi caso lo ha habido siempre. Mi primer libro de poemas (“Eurídice”, que luego reedité con el título de “Mítica”), era un libro sobre mitología griega femenina, sobre diosas, musas y ninfas de todos los colores; sobre sílfides y náyades y ondinas. Yo en aquél momento, en 1978, militaba en el Partido Comunista, y varios camaradas míos vieron en ese poemario un síntoma de degeneración pequeñoburguesa, cuando no un indicio de traición a los ideales de la Revolución. No era extraño. En aquélla época se consideraba que la poesía debía ser social. Y se hablaba con desprecio de Juan Ramón Jiménez y de su “torre de marfil”. Estar en una torre de marfil era lo peor que te podía pasar. Yo nunca creí en las torres de marfil, porque los grandes poetas que me gustaban habían sido pobres: Machado, Miguel Hernández, Cernuda, Bécquer… el que no había vivido en una aldea se había pasado la vida por pensiones de mala muerte. Me hace gracia que después de treinta años sigo incurriendo en los mismos contrastes, en el del compromiso civil con la poesía lírica. Yo es que creo que lo comprometido no quita lo flipante. Como decía mi madre por aquella época de la universidad, acerca de un amigo mío que también era poeta y que olía a sobaquina de no lavarse, “Hijo, se puede ser poeta, pero limpio”.  
 
¿Qué fue antes, el compromiso o la poesía?

Creo que por ahí se andan. Los primeros versos que recuerdo que escribí eran sobre un cura al que apodaban “Gorila” por su aspecto siniestro. Recuerdo que el poema rimaba “gorila” con “mochila” y con “makila”, porque era muy aficionado al montañismo. Ya se sabe, y así lo dice el refrán: “el mono tira al monte”. Yo creo que en aquellos versos ya se daban citan la poesía y el compromiso político.  
 
Usted no es de los que se han apuntado a última hora en la lucha contra ETA ¿Siempre ha sido un escritor comprometido?

 

No tengo nada contra los que han llegado a última hora. Más vale tarde que nunca, pero ése no es mi caso. Odio el nacionalismo desde que era crío y empecé a decirlo muy pronto porque empecé desde muy joven a escribir en la prensa. Mi primera colaboración fue con dieciocho años, en un periódico bilbaíno que se llamaba “La Hoja del Lunes”. Luego escribí algunas cosas en La Gaceta del Norte, pero donde de verdad empecé a hacer opinión fue a mediados de los ochenta, en un diario socialista que se llamaba Tribuna Vasca, en el que colaboraban Luciano Rincón, Santiago González y Jon Juaristi. Más tarde, a comienzos de los noventa, estuve en un colectivo pacifista, Bakea Orain en el que me invitó a colaborar Javier Madrazo, que entonces no era lo que es ahora o no lo parecía. En aquel grupo organicé un manifiesto contra ETA de más de trescientas firmas de artistas e intelectuales de toda España que lo apoyó admirablemente en la Euskal Telebista José Mari Calleja. Ese tipo de cosas le costaron el puesto. En fin, que no he nacido hoy ni ayer con el Foro Ermua sino un poco antes. Me han dicho que hay por ahí un locutor falangista que se mete mucho conmigo y que pregunta a sus oyentes: “¿Dónde estaba Iñaki Ezkerra cuando mataron a Carrero Blanco?” ¡Pues dónde voy a estar con 16 años! ¡En el colegio!   
 
En su libro hay amor pero también crítica a la mujer, casi misoginia…

Quizá las dos cosas vayan siempre unidas. Decía Pavese que “la mujer es un enemigo, como el pueblo alemán”. Y, antes que él, Kirkegaard escribió en “El diario de un seductor” que “el amor siempre se anuncia como una guerra”. Yo esta última cita me la he tomado al pie de la letra, o más bien se la han tomado ellas con respecto a mí. Lo mío ha sido una batalla campal. Tengo un amigo freudiano que  me ha echado siempre la culpa de ello, y que me decía que yo me lo buscaba, que era mi sino. Pero a mi edad he podido comprobar que tengo remedio, las personas podemos cambiar. Creo en la reinserción. Yo soy un ejemplo.  
 
Observo una fascinación por las chicas problemáticas, como usted mismo dice en un verso…

Sí, pero los años no pasan en balde, y no hay cuerpo que lo aguante. Las resacas ya son convalecencias, y las aventuras como accidentes de carretera. Uno ya no está para trotes.

Written by Redacción

junio 11th, 2008 at 3:21 pm

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