¿Es usted también culpable de la puesta en libertad del etarra De Juana Chaos?
Una sociedad que permite que una alimaña como De Juana Chaos, pueda salir a la calle tras cumplir sólo 21
años de reclusión por veinticinco asesinatos, no cabe duda que no puede ser calificada precisamente de ejemplar.
Pero el camino que conduce a la libertad del mayor asesino de la historia reciente de España bien merece una reflexión sobre los despropósitos que lo han jalonado y que ponen de manifiesto cuanto se ha venido haciendo rematadamente mal en España desde la época de la transición.
El último despropósito que todos recordamos por supuesto fue la excarcelación que Zapatero había planeado para contentar a los etarras con los que negociaba. Un espectáculo lamentable en el que el Estado de derecho y la Fiscalía se arrastraron por el fango para satisfacer los dictados de una negociación que solo beneficiaba y sólo ha beneficiado a los terroristas.
Y es que precisamente debido a que siempre se ha pensado en el rédito electoral en vez de en la visión de Estado, y en satisfacer el ansia de poder de unos pocos en vez de en el bien común, hemos llegado a esta vergonzosa situación en la que el terrorista más sanguinario de nuestro país se paseará a partir del 2 de agosto triunfante, ufano de su maldad y aclamado como un héroe por un País Vasco de pesadilla.
Pero los culpables directos de la libertad del terrorista debemos buscarlos en la UCD y en el PSOE de hace 30 años. Los mismos que nos han dejado como herencia un régimen político lleno de ambigüedades, que no es capaz de garantizar la unidad y cohesión nacional, la plena igualdad entre españoles, algo tan elemental como la libertad para usar el español en toda España, o simple y llanamente, la vida frente al terrorismo separatista. Los mismos que metieron la ocurrencia conceptual de las nacionalidades en la Constitución o redactaron un Título VIII por el que se introducía de tapadillo los fundamentos de un estado federal camuflado tras ese otro “genial” invento de las autonomías. Sí, aquellos que se han venido equivocando una y mil veces pretendiendo calmar al nacionalismo a base de más y más concesiones, que siempre se han vuelto en contra de España.
Porque fueron aquellos padres de la transición, quienes negligentemente derogaron el código de justicia militar franquista que juzgaba a los terroristas, -el mismo que había servido a los procesos de Burgos- sin sustituirlo por otra legislación para contemplar el castigo y las penas para estos delitos, que quedaron a la regulación que de las penas hacía el código penal común franquista. Una legislación, que contrariamente a la propaganda que circula, era bastante blanda en vez de represiva, (el escaso índice de criminalidad de aquella España permitía el paternalismo con los delincuentes comunes) y que contemplaba numerosos beneficios para los presos, que veían como se acortaban sensiblemente sus penas.
Ni los sucesivos gobiernos de la UCD ni el PSOE se molestaron en adaptar la legislación penal a los nuevos tiempos. Sólo en un momento tan tardío como la última legislatura del PP de Aznar, -es decir con 25 años de retraso- se abordaron estos cambios para conseguir un mínimo del deseable cumplimiento integró de las penas por los terroristas.
Ahora nos echamos las manos a la cabeza. Naturalmente la indignación en esta sociedad superficial no pasará del comentario de café y poco más. Pero no olviden que los españoles hoy no tenemos disculpa, no vale echar la culpa a los que nos mandan, porque hemos sido nosotros quienes los hemos elegido para mandarnos. Así que piensen, incluidos algunos comentaristas radiofónicos recién convertidos al patriotismo, a quien votaron hace unos lustros y asuman su cuota de responsabilidad.