Los delirios de Sopena
Para este ultra del socialismo, nos referimos al periodista Enric Sopena, cualquier ocasión es buena para
descubrir un “fascista” oculto. Desde luego no tendría precio como delator en el régimen stalinista. El caso es que Sopena ve ultraderechistas por todos los lados, el último que ha descubierto ha sido al recién nombrado cardenal Cañizares. En su página web criticaba al nuevo cardenal así: “En su defensa de la unidad de España, Cañizares recurría ayer parcialmente, durante una entrevista en Telecinco, a una frase emblemática de la doctrina falangista: “España es una unidad de destino (…)”. En efecto, en noviembre de 1934, durante el primer Consejo Nacional de la Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera encargó a la Junta Política redactar el que sería el programa definitivo de la Falange. Uno de sus principios básicos era la defensa de esta unidad: “España es una unidad de destino en lo universal. Toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos”.
Y prosigue Sopena su particular caza de brujas: “Este tipo de afirmaciones del nuevo cardenal apoyan la tesis de quienes lo sitúan muy cercano a la Iglesia más integrista. Su ideología podría calificarse como de derecha extrema”.
Quizás si Sopena dejase a un lado, por rato nada más, su fanatismo y dedicase un poco de tiempo a leer historia en vez de propaganda, sabría que Falange no se llevo muy bien que digamos con la Iglesia. No solo en la etapa del desarrollismo en la que entró en pugna con el Opus Dei, sino que durante la mismísima posguerra las relaciones con la Iglesia fueron en no pocas ocasiones tirantes. Por citar una conocida anécdota, que seguro Sopena desconoce, ya que no viene en los manuales de propaganda marxista, el famoso cardenal Segura (que fue expulsado durante la II República acusado de “ultraderechista” de la época, con parecidos argumentos a los que hoy repite Sopena contra Cañizares) se negó tajantemente a que se celebraran misas de campaña en las concentraciones falangistas, arguyendo que se trataba de actos políticos y no religiosos.
Pero francamente (con perdón, que diría el desgraciadamente ausente Vizcaíno Casas) nosotros no vamos a aguarle la diversión al ínclito Sopena, que siga con sus delirios nostálgicos de “chekista” en busca del “facha”. Y hablando de nostálgicos, Llamazares propone que en el mes de abril cambiemos de bandera y use la bandera tricolor de la II República junto a la española en la Cámara Baja y en todas las instituciones públicas donde los comunistas tengan representación. No sabemos si el 18 de julio se izará también la de Falange. Seguro que Sopena estaría entusiasmado de revelar otro complot ultradedrechista. Y es que a veces los ciudadanos se levantan escuchando a estos “ultras” de verdad, y no saben si estamos en 2006 o en 1936.