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Evitada una masacre de ETA en Getxo

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La masacre que ETA pretendía cometer el pasado 31 de julio contra la Ertzaintza consistía en un gran ataque de kale borroka como cebo para una patrulla y la colocación de una bomba trampa junto al ascensor de la playa de Ereaga, en Getxo.

Los terroristas disponían de un complejo y detallado plan para asesinar a los agentes en una zona muy concurrida del barrio de Algorta cuando estuviera sumergido en sus fiestas patronales.

El Departamento de Interior del Gobierno vasco comenzó ayer a difundir entre sus agentes algunos datos más de los macabros planes de la banda para el día de San Ignacio.

La consejería que dirige Javier Balza ya había alertado la pasada semana a todos los agentes de la Ertzaintza del peligro de un atentado «inminente» contra este cuerpo, convertido en los últimos meses en objetivo prioritario de la organización terrorista. La alerta, que también se extiende al municipio vizcaíno de Getxo, cobró ayer mayor dramatismo al revelarse nuevos detalles de lo que pretendía ser una masacre a la antigua usanza de ETA.

La propia dirección terrorista había alertado a algunos de sus colaboradores para que abandonaran la localidad ante la «potente ‘ekintza’» que tenían prevista para el 31 de julio porque sospechaban que, una vez cometido, la Policía iba a responder con varias redadas.
El plan arrancaba con una importante acción de violencia callejera entre el Puerto Viejo de Algorta y la playa de Ereaga. Una estrategia que nunca antes ha sido utilizada por la organización terrorista para iniciar sus atentados y que ha sorprendido a los responsables de las fuerzas de seguridad, que creen que este dato refuerza la teoría del peso que la cúpula etarra tiene a la hora de diseñar la kale borroka. La banda había previsto movilizar a un buen número de radicales para que «quemaran contenedores y neumáticos» por toda la zona. El lugar es uno de los ejes de las fiestas patronales, donde incluso se asientan las barracas y duermen los feriantes.

La idea del comando era «reventar» una de las patrullas que se desplazaran a sofocar los «fuertes» altercados. Para ello, los terroristas iban a colocar una potente bomba junto al ascensor de uso público de la playa de Ereaga. Cientos de vecinos usan a diario esta instalación, que salva el fuerte desnivel entre el arenal y el centro residencial de Algorta

En esta zona se iba a ocultar el jefe del comando, Arkaitz Goikoetxea, para controlar toda la operación. El talud le permitía obtener una buena perspectiva del recorrido del furgón hasta que llegara a la entrada del ascensor. En ese punto, activaría el explosivo mediante un largo cordón detonante. La banda había apostado por este mecanismo y no por los habituales mandos a distancia, que permiten situarse a una distancia mayor del lugar de los hechos, para evitar que los inhibidores de frecuencia de las patrullas impidieran la detonación. El grupo liderado por Goikoetxea guardaba en uno de los zulos riojanos una importante remesa de cordón detonante, así como 120 kilos de explosivo.

Los terroristas optaban por asumir mayores riesgos de los habituales, con una huida más difícil, pero se aseguraban mayores daños y, con toda seguridad, varias víctimas entre los agentes de la Ertzaintza. El atentado hubiera tenido el importante eco que la organización ha buscado en los ataques contra los cuarteles de la Guardia Civil en Durango, Calahorra y Legutiano. Son tres de las diez acciones que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha imputado a ocho de la decena de componentes del ‘complejo Vizcaya’ detenidos.

 

Written by Redacción

agosto 6th, 2008 at 9:13 am

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