Ibarretxe en busca del ADN vasco
Un estudio financiado por el Gobierno de Ibarretxe pretende descifrar los secretos del «genoma euskaldún»
en Estados Unidos. Los dos estudiantes que llevan a cabo las pruebas continuarán con su investigación en América Latina.
Unos 500 descendientes de vascos en Estados Unidos compartieron este pasado mes de julio su código genético con dos investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV). El objetivo de este pintoresco estudio financiado por el Gobierno vasco es descifrar los secretos del ADN euskaldún, una muestra más de esa ya conocida obsesión del nacionalismo.
Hoy, Idaho tiene la mayor población vasca del mundo, después de Argentina y, naturalmente, del propio País Vasco.
El estudio del Gobierno vasco pretende explicar la incidencia de ciertas enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson entre los vascos y qué papel juegan en ellas la genética y las condiciones físicas y sociales donde se vive.
Los dos estudiantes de doctorado, Adrián Odriozola y Enero Sank, estuvieron en Estados Unidos alrededor de tres semanas recogiendo ADN en lugares como Chino (California) y Reno (Nevada). En Boise, la capital de Idaho, recibieron la ayuda de la directora del Museo Vasco.
Junto a las pruebas de ADN, que serán analizadas primero en la Universidad Estatal de Boise, los investigadores pasaron un formulario con 50 preguntas como «¿ha tenido algún familiar suyo un tumor?, ¿o enfermedades de la piel?».
Lete, descendiente de vascos, calcula que «en este valle podríamos ser unos 15.000 descendientes de vascos». Aunque él ya nació en EE UU, además de inglés Lete habla perfectamente euskera porque «en casa, mis padres no hablaban otra cosa».
Boise, una ciudad de 190.000 habitantes entre el desierto y las montañas Rocosas, sigue siendo tierra de granjas y minas, aunque en los últimos años ha atraído a profesionales jóvenes. Ya no es como en los años 40 en los que por la calle se oía hablar vasco, pero sigue siendo el mejor punto estadounidenses para tomarse una sidra. «Somos una extrema minoría, pero nos conocemos todos entre nosotros», explica Lete.
Odriozola, de 26 años, y Sanz, de 27, van a continuar su investigación con otros descendientes de vascos en América Latina. Los estudiantes han prometido enviar sus resultados.