Las políticas radicales de Zapatero hacen aumentar las simpatías hacía Franco
Las políticas revanchistas del PSOE respecto a la guerra civil, sus alianzas con partidos separatistas, el adoctrinamiento que se pretende con EpC, el deterioro de la seguridad jurídica o la inquina de muchos socialistas hacía la Iglesia católica, han conseguido algo impensable hace unos años: que la figura de Franco se mire más favorablemente por amplios sectores de la sociedad española.
Con ocasión del aniversario de la muerte del anterior Jefe del Estado, muchos españoles sufren el efecto rebote de las posturas extremas en que ha caído una significativa parte de la izquierda española. Ya en el programa de Antena 3 sobre los 100 españoles más valorados de nuestra historia, “el Generalísimo” ocupó el puesto 23.
Según una encuesta de Sigma Dos en 2000, el 22,5 % de los españoles tenía una imagen positiva de Franco, el 33,1%, ni admiraba ni condenaba a Franco y el 38,1 % decía tener una mala o muy mala imagen. Hoy, en 2008, el porcentaje de aquellos que valoran positivamente a Franco prácticamente iguala a aquellos que lo valoran negativamente. La estabilidad que permitió crear una clase media, el orden, la unidad nacional, el respeto por la Iglesia católica, una sociedad con valores morales o el trabajo como método de progreso, son los principales elementos que aprecian quienes juzgan la figura y la etapa de Franco como positiva. Del lado contrario, la falta de libertad, su papel en la guerra civil y el hecho de considerar su régimen una dictadura, motivan el juicio negativo contra Francisco Franco.
Llama la atención que la gran mayoría de los españoles más jóvenes tengan escasos conocimientos sobre la gestión y políticas que se desarrollaron durante el franquismo, reduciéndose sus opiniones a lugares tópicos, especialmente relacionados con la guerra civil y la transición. Hay una gran laguna entre nuestra juventud sobre lo que sucedió en España entre 1946 y 1973.
En lo que sí coincide la mayoría de españoles es en que hay que sosegar el debate en torno a la guerra civil, y que pese a la influencia que ha tenido en nuestra historia el franquismo, es una etapa pasada que no debe repetirse, cerrada con la Constitución de 1978 y que no ha de ocupar un lugar relevante en nuestra agenda política de hoy, dejando a los historiadores la labor de juzgar su balance.
Sólo una minoría muy politizada y radical entre la izquierda española insiste en resucitar los viejos fantasmas del pasado, sin embargo sus actos están teniendo un efecto contrario, pues sus sectarios y revanchistas latiguillos, solo consiguen despertar simpatías hacía el “dictador”, que antes no existían.