Pedro Rizo | Cartas en una caja de zapatos (ii)
Redacción | Publicado el 22 Noviembre, 2008 |
La lucha contra el aborto.
Estimado José Manuel:
No recuerdo bien nuestra relación personal, pero agradezco tu envío sobre vuestras campañas contra el crimen del aborto institucional. Os felicito con sincero afecto.
No obstante, creo que tales campañas no tendrán éxito sin antes atacar a sus causas primeras: las leyes de un Estado sin Dios, y por tanto amoral, de donde surge la promiscuidad, la conformidad con el desorden nocturno, la precocidad sexual instigada por las autoridades hasta en niñas de 13 años, y lo mismo el alcohol. Debe hacerse algo más, y ya que hay tantos grupos antiabortistas o pro-vida no será ocioso proponer nuevos frentes que podrían conseguirse con sus nobles empeños. Por ejemplo: 1) impulsar facilidades de adopción, como parece ha iniciado la Comunidad de Madrid; 2) crear equipos que atiendan particularidades, no solamente para defensa del feto sino para regeneración de la madre, tanto si se queda con el hijo como si no. A la vez, y esto es importante, 3) protestar con toda presión ante las autoridades para que legislen a favor de la moral cristiana y no a su contra.
Igual que ante un gobierno manirroto se sale a la calle con cacerolas haciendo ruido contra el coste de la vida, también debemos hacer algo en prensa, radio, televisión contra la promiscuidad y la inmoralidad que causan las estadísticas del aborto. Estas lacras no son fruto de la libertad sino de una permisividad suscitada por el poder político; por tanto, debe enfrentarse.
Si una madrugada de sábado alguno de vosotros se diera un paseo por los lugares de salida o marcha, quizás acompañando a una brigada de limpieza, podría ver las huellas, para muchos ignoradas, de preservativos, de alguna lencería tirada, de vasos y botellones; o si pudiera acompañar a una unidad móvil sanitaria o pasarse un turno en unas Urgencias, sabría de los comas etílicos en casi niños o niñas, que copian a ’sus mayores’ de 18 años; o de hemorragias vaginales en mujeres… de 13 años. “¡Que no sepa nada mi madre, por favor, por favor!»
Hay que cambiar la mira y el coraje. El aborto es rédito sistemático, uno más, de aquel plan que dejaría a España para que “no la reconociera ni la madre que la parió”. Por tanto, hay que hacer mucho más que vernos buenos en nuestra protesta. Y tomar conciencia de que esta desgracia viene de una Iglesia que hoy está avasallada por el Estado, desde ambas alternancias del arco político, mucho más que lo estuvo bajo las benditas leyes cristianas; las del Dios despreciado en nuestra Carta Magna por impulso implícito de la Roma papal. Y ya que hablamos de Iglesia, recemos por ella como buenos creyentes, sí, pero pidamos también a sus autoridades que se comprometan más en el apostolado directo, cuidando de sus oficios e incrementando las horas en los confesionarios. (Lo siento, pero es mucho poder y medios los que todavía dispone la Iglesia como para permitirles un cómodo pasar en este tiempo de blanda persecución.) Tal vez, deban inventarse vías de consejo y moral católica — no sustitutivos del Sacramento ni necesariamente con sacerdotes –, acompañándolo de ayudas prácticas por encima de sólo palabras. Nada mejor que las parroquias y sus párrocos para esta labor. Porque ¿no presumen, ¡todavía!, de cómo en la Transición sus actividades clandestinas fomentaron, en nuestros templos, ‘el cambio’ al socialismo? Pues veámosles ahora actuar contra una inmoralidad que nos va a aniquilar a todos; y a ellos los primeros. La lucha contra el aborto no vale como bandera si no hay también un plan estratégico de catequesis y formación. Unirse a las protestas antiabortistas puede satisfacer muchas conciencias pero sirve para muy poco pues no ataca a las causas. Y, además, es naturalista y sin mención − al menos yo no la veo − a quien está detrás «de todo hombre que viene a este mundo», Dios.
Con mis mejores deseos para ti y tus compañeros.
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3 Comentarios a “Pedro Rizo | Cartas en una caja de zapatos (ii)”
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Plenamente de acuerdo con el fondo del asunto: el paganismo y el imperio romano no cambió por campañas de concienciación (aunque hoy se puedan hacer) si no por que hubo unos hombres dispuestos a vivir como Dios quería y a predicar lo que Dios quería.
Y lo que Dios quiere pasa, lo primero , por el cumplimiento de los MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS. No es sociología, ni alianzas es, simplemente la Verdad. “Si alguno me ama guardará mis mandamientos”. “Id y enseñad a todas las gentes a guardar lo que os he mandado”.
Hemos cambiado la confesión por nada y los exámenes de conciencia que preguntaban y hacían explícita la moral en todos los campos, por algo etéreo: “amar a Dios” pero ¿en qué?.
Tengo unos ex amigos que decían serlo pero cuando iba con ellos me vejaban, nunca valían mis iniciativas, siempre era lo que ellos querían, lo mío no era nada para ellos. Y si les invitaba a mi casa, no guardaban ninguna norma de educación, me estropeaban el mobiliario, se comían lo mío sin permiso y molestaban al vencindario (que luego reclamaba, lógicamente , a mí). Por eso hablo de ex-amigos.
Sin obras no hay amor, solo una palabra hueca y tontiromántica , tan de moda hoy.
Como muy bien dice el filósofo Robert Sapemann, comentando esa frase mal entendia y tan de moda de que “Dios nos acepta tal como somos” , “El mensaje de Jesús no comienza con Jesús diciendo que Dios nos acepta tal como somos, sino advirtiéndonos que seamos distintos”. Sin vida moral no hay vida de Dios.
Nada de Alianzas de Civilizaciones y de otras religiones “baratas” para hacer lo que quiero y no lo que debo en razón y en sometimiento a Dios creador, que ha puesto un orden en todas las cosas.
Sí señor. Ahi está el problema, ser buenos protestadores por los abortos pero muy seguramente desobedecer a los padres en muchas cosas que son finalmente de perores consecuencias. Cuando mis sobrinas se van de casa porque sí, porque es su vida y su libertad y su derecho ¿humano? y no hacen caso a lo que su madre dice de que sepan decir no, entonces ahi hay parte de aborto. El aborto empieza en romper la buena disciplina y solamente pensar en nuestro gusto del momento sin plan de mejora. Yo creo que hoy se ha roto toda moral y como dice el señor Rizo gracias en mucho a una pandilla de obispos marxistas y sin fe. Lean el uevo libro de Ricardo de la Cierva. Para leer con una taza de tila. Bien dicho y bien señalada la hipocresía revestida de bondad que hay en muchas protestas antiborto sin reflexion sobre la vida de cada cual y del origen del problema.
Lo que dices en el artículo de crear unos grupos de laicos que puedan aconsejar sobre problemas morales, es acertado pero, la Iglesia todavía prefiere que estos trabajos los hagan los curas. Los laicos siempre seremos cristianos de la clase de tropa (libro Camino). Referente a los problemas morales ja bien existen los “púlpitos” hoy dia los “micrófonos” para instruir al pueblo sobre problemas morales, solo que, los predicadores se abstienen de introducir el término “pecado” en las homilias. Deberían hablar de los pecados en las homilias, seria la manera de que muchos de los que acuden a los confesionarios se ahorraran de hacer perder tiempo a los sacerdotes contando tonterias, pues estas “tonterias” se pueden bien aclarar con una homilia dirigida a la iglesia llena de fieles, en lugar de dirigirla a un solo feligrés que se arrodilla delante de la rejilla. !!!!Y dale con la “confesion” este rollo de nunca acabar¡¡¡¡