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Jesús Salamanca | Crucifijo en las aulas

Redacción | Publicado el 27 Noviembre, 2008 |

El cardenal arzobispo de Toledo, monseñor Antonio Cañizares, en su homilía con motivo de la festividad de la Virgen del Sagrario, propuso “que Dios esté presente, por ejemplo, mediante la cruz en los edificios públicos…”. En una palabra: que se vuelvan a colgar los crucifijos. Aun entendiendo el planteamiento del cardenal, hay que reconocer que “no está el horno para bollos”. 

En algunas provincias se viene debatiendo este tema desde hace algún tiempo, mientras que las Consejerías de Educación correspondientes –asustadas por la opinión pública y publicada — lo dejan en manos de los Consejos Escolares de cada centro de enseñanza, “echando balones fuera” siempre que pueden. No es de extrañar que la ciudadanía acabe pidiendo la dimisión de los irresponsables de las Consejerías que hacen de la política y de sus prebendas lo mismo que el avestruz.

Es un tema en el que se impone el respeto a las partes, sin olvidar el precepto constitucional. Durante el año 2008 se cumplen setenta y seis años de un amplio debate en la prensa nacional: el tema religioso. Los diarios iniciaron el año 1932 con titulares sobre los sucesos políticos más llamativos del momento. Algunos periódicos, además, dedicaron un amplio espacio a la Carta Pastoral Colectiva que el Episcopado español dirigió a los fieles, consignando las normas que debían regular la conducta de los mismos respecto al nuevo Estado laico.

Los gobernantes entendían que debía aplicarse, sin dilación, el contenido de los programas. En algunos consistorios se propusieron mociones consistentes en enviar un escrito al Presidente del Gobierno para que no se demorase más el cumplimiento de la Constitución y de las leyes votadas en el Parlamento. Las soluciones que la República pretendía dar al tema religioso tenían claras repercusiones educativas. La polémica que subyacía albergaba una doble vertiente: la de quienes defendían una enseñanza laica y la de quienes pretendían continuar con una enseñanza confesional.

Sin duda, la enseñanza era un importante “caballo de batalla”. Más de un diario se hizo eco de las manifestaciones de Manuel Azaña en el teatro Pereda de Santander, respecto a la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas que se aprobaría en junio de 1933: “Ya sé que promoverá ruido y que se dirá de ella que es un ataque a la convivencia religiosa, pero el artículo veintiséis de la Constitución nos habla de la República laica…”.

Manuel Azaña no estaba dispuesto a ceder un ápice en el cumplimiento de la constitución.  La misma decisión mostró Rodolfo Llopis, desde la Dirección General de Primera enseñanza, al incidir en que la escuela - por imperativo constitucional - debía de ser laica y “…por tanto, no ostentará signo alguno que implique confesionalidad”. Los gobernadores civiles ratificaron ese mismo pensamiento, a la vez que recomendaban a todos los alcaldes que se abstuvieran de dirigir requerimientos a los maestros públicos para que en sus escuelas pusieran signo religioso de cualquier clase.

Consecuencia de ello fue la retirada del crucifijo de las aulas. Muchas localidades fueron testigos de numerosas alteraciones en demanda de la reposición del crucifijo y de la enseñanza religiosa en las escuelas nacionales, tanto en la capital como en los pueblos de la provincia. 

En mi abundante correspondencia personal con un maestro nacional, que permaneció oculto durante veintidós años tras los sucesos de 1936, consta que los maestros, unos y otros, tanto los de izquierdas como los de derechas, no podían negarse a cumplir las órdenes que recibían del Ministerio. Es más, la mayoría de los maestros conocían perfectamente los pueblos cuyas escuelas regentaban y, a pesar de verse muchas veces “entre la espada y la pared”, supieron conducirse con mucha cautela y los máximos respetos para evitar situaciones desagradables con el vecindario. Sin embargo, no faltaron situaciones llamativas. En muchos pueblos, mientras nadie osara tocar el crucifijo todo marchaba bien: en cada escuela un crucifijo, una paz sin hendiduras y todos tan conformes; pero si el mismo era retirado, al día siguiente irrumpían en la escuela cuarenta, cincuenta, sesenta crucifijos,… tantos como niños asistieran a las clases.

Siempre será una incógnita conocer lo acontecido si la Dirección General de Primera enseñanza, en vez de ordenar la supresión de los símbolos religiosos de la escuela, lo hubiera dejado a criterio del pueblo y retirarlos allí donde lo solicitaran. Seguramente se hubiera respetado la voluntad popular y, a la vez, evitado enconadas protestas. Pero ello no era posible: la supresión del crucifijo únicamente era el signo externo de una actuación, una filosofía y un pensamiento que ya recogía la Constitución.

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  • 6 Comentarios a “Jesús Salamanca | Crucifijo en las aulas”

    1. Silveri Garrell 1st Diciembre, 2008 12:15

      En una democracia todo debe resolverse por la mayoria, pues que hagan una encuesta en cada centro educativo preguntando a los padres y a los alumnos y que se decida segun la mayoria. En cuanto al “decreto” salido del Gobierno ya se ve claramente que ponen la nariz donde no deben, y es un adoctrinamiento lo que pretenden.

    2. Silveri Garrell 3rd Diciembre, 2008 19:03

      De todos modos, no entiendo la actitud silenciosa de la mayoría de cristianos, -ya no hace falta ni decir católicos-, de cristianos de buena pluma me refiero, los que saben escribir en los periodicos, pero ya la tenemos liada, los periòdicos publican lo que place. En este caso el “silencio” de los cristianos solo tiene una salida: manifestaciones callejeras pidiendo restablecer el Crucifijo.

    3. danigp 5th Diciembre, 2008 12:14

      y pork un crucifijo si y no una hoz y un martillo en los colegios, o un puño y una rosa, o la media luna del islam, o la estrella de david. Un crucifijo en una escuela es una total falta de respeto a los que no son cristianos, incluso aunque en una clase sea todo el mundo cristiana o catolica un crucifijo no puede estar en un sitio publico tan importante como una escuela.

    4. Rosa 7th Diciembre, 2008 1:57

      Comprobamos en el blog del autor de este artículo que la persona que denunció el tema de los crucifijos en el colegio Macías Picavea de Valladolid es un antiguo trabajador del diario etarra EGIN. Éste es el enlace donde lo podéis comprobar:

      http://jesaal.wordpress.com/2008/12/06/trabajador-del-diario-egin-la-emprende-contra-los-crucifijos/

    5. Jose Extremera Montes 10th Diciembre, 2008 15:51

      La Constitucion aparte de ser laica,reconoce lugar
      preferente al cristianismo.De otra parte,somos y
      seguiremos siendo mayoria.Retirar crucifijos,darle
      medallas al criminal no os quitará el veneno que
      llevais por haber perdido la Guerra así es que mala
      propaganda haceis los PSOE de vuestra dignidad si
      es que la habeis tenido alguna vez.

    6. pepe 11th Diciembre, 2008 3:51

      El autor parece poco demócrta y demasiado contemporizador cuando no defiende claramente el derecho DEMOCRÁTICO a que se establezca lo que quiere la mayoría.

      Y la mayoría no es el APA, a cuyas reuniones no asiste nadie y sus cargos están previamente copados por rojos. La mayoría es la que haya en cada clase.

      Si hay divergencias, se propone el tema, se dan dos días para que lo hablen en casa y luego se hace una votacion y listo. Y si un año hay mayoría musulmana que quiere imponer la media luna pues se pone. Pero lo que no puede ser es que porque dos padres lo pidan, hagan callar a la mayoría que desea ver el cricifijo y lo quiten. Eso es antidemocrático.

      Las minorías deben acostumbrarse a adaptarse a las costumbres mayoritarias. Y las mayorías deben saber exigir sus derechos y no dejarse vencer por las minorías. A cada cual lo suyo. Porque lo contrario no es democracia SINO TIMOCRACIA.

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