El Partido Popular acorralado
Al PP le llueven de todos los lados. Tras el escándalo del espionaje en Madrid, ahora se destapa una presunta trama de corrupción en Boadilla del Monte, cuando apenas se había cerrado el episodio del paraíso fiscal del “number one” de las listas populares en Orense. A nadie se le puede escapar que estos episodios están siendo usados como dardos envenenados en la guerra interna del PP, pero que, – miel sobre hojuelas para Zapatero - a pocas semanas de las citas electorales en Vascongadas y Galicia, pueden hacer mucho daño a las expectativas electorales populares.
Sin duda el PP sufre la peor crisis de su breve historia política. Tiene en contra todo el habitual aparato propagandístico de la izquierda, al que se le ha unido la COPE y El Mundo, empeñados en defenestrar a Rajoy cuanto antes. Y el modo más rápido parece que es, que el PP se la pegue en las próximas citas electorales. Lo que probablemente sucederá porque desde el PP tampoco es que estén muy acertados en nada.
El problema es que, por ejemplo, un triunfo del bipartito nacional-socialista en Galicia, abriría definitivamente otra costura en la ya de por sí raída unidad de España, además de arrojar a los leones a miles de ciudadanos gallegos, -lo sucedido en la manifestación de Galicia Bilingüe ya lo anuncia- que no deben ser peones sacrificables en esta lucha entre Losantos, Pedro J. y Esperanza Aguirre contra Rajoy y Gallardón. Tampoco sabemos qué ocurrirá si el PP se derrumba definitivamente y como muchos ya anuncian, empieza un proceso de desintegración parecido al que sufrió la UCD, pero lo que sí sabemos es que la izquierda sin duda sería la gran beneficiada. El caso es que el desconcierto, la desilusión y el hartazgo comienzan a reinar entre las bases de la derecha española.
Ahora bien, estas reflexiones tampoco quitan un ápice de responsabilidad en la actual dirección del PP, que aparece totalmente superada por los acontecimientos. El déficit de liderazgo de Rajoy es innegable y las continuas ambigüedades ideológicas en el PP, hacen que muchos militantes y simpatizantes se pregunten si los principios que defiende Génova van más allá de obtener y mantener cargos. Y como es natural, siempre de fondo aparece la proverbial falta de atención en el PP al ámbito del tejido social, la cultura y los medios de comunicación, cuestiones en las que siguen tan torpes y poco espabilados como siempre.
Y todo sucede con la peor crisis económica desde el 29 –al menos lo es desde la crisis de 1973-, con el gobierno más inepto del último siglo en España, con la cohesión nacional en las horas más bajas de su historia y con una descomposición moral galopante, que hace que muchos españoles crean que la única solución sea tocar fondo de una vez. El problema es que no se ve apenas movimiento que anuncie una reacción.