Ahora le toca a Garzón
Lo apuntábamos brevemente ayer, si Bermejo ha dimitido por reunirse con Garzón y el comisario jefe de la policía judicial, en plena operación Gürtel contra la corrupción que salpica al PP, monta tanto, tanto monta, ahora le llega el turno a Garzón, que debe asumir sus responsabilidades y, tampoco hay que olvidarlo, por supuesto el comisario de marras.
Políticamente el PP exige que “Zapatero explique las relaciones de su Gobierno con el Poder Judicial”, pero como bien ha señalado Trillo, “falta por saber cómo va a asumir sus responsabilidades el señor Garzón”. En efecto, si analizamos la cuestión sin condicionamientos partidistas, sin duda debemos concluir que la conducta de Garzón es aún más reprochable que la de Bermejo. No se trata de un episodio más en la habitual búsqueda de protagonismo mediático que ha jalonado la trayectoria como juez de Garzón. La sombra de la sospecha se proyecta sobre una característica o cualidad esencial en un juez: su independencia. Al fin y a la postre Bermejo era un político, un miembro del ejecutivo que debería respetar la independencia del Poder Judicial, pero Garzón es un miembro de ese Poder Judicial. Una cacería y posterior cena entre un juez que investiga al partido de la oposición, su brazo policial y un miembro del gobierno, no nos digan que no apestan a contubernio. No sólo se trata de un comportamiento “inoportuno”, sino impúdico para un ministro, pero especialmente impresentable para un juez. Bermejo ha dimitido y Garzón debería abandonar la carrera judicial.
La credibilidad y prestigio de Garzón están por los suelos. Son ya muchas sus actuaciones partidarias para que en la calle alguien discrepe de lo que afirmaba Trillo, se trata de “un político revestido de toga”. Ayer el “hipermegajuez” volvió a su puesto tras la oportuna indisposición, veremos si el PP presenta su famosa querella por prevaricación en caso de que no se inhiba inmediatamente. Al mismo PSOE le interesa apartarlo del caso, en primer lugar para evitar una causa contaminada que pueda dar al traste con la investigación y lograr que se marchen de rositas los implicados. Llegar hasta el fondo es lo que nos interesa a los ciudadanos, caiga quien caiga, sea Michavila o cualquier otro. Pero en segundo lugar, políticamente, a los socialistas les interesa también deshacerse del cuestionado Garzón, dejando en manos de un juez de independencia intachable la instrucción y cerrando el grifo de las filtraciones interesadas, de manera que el PP no pueda seguir utilizando sus críticas al gobierno y a Garzón para evitar la atención sobre el caso por corrupción.
En todo caso Garzón no sólo es un estorbo para el PSOE, se ha convertido en todo un ejemplo de lo que nunca debería llegar a ser un juez, con lo cual creemos que su permanencia en la Audiencia Nacional se ha convertido en un estorbo para toda la Justicia. El tiempo dirá si acaba en juez estrellado en vez de juez estrella.