Se vende mansión por 150 millones de dólares
5.500 metros construidos, 123 habitaciones, 10 cuartos de baño, aparcamiento con capacidad para 100 coches, cuatro bares… Estas son algunas de las exclusivas características con las que cuenta la que se ha convertido en la mansión más cara de Estados Unidos gracias a más de 150 millones de dólares que piden por ella.
The Manor –que así se llama este exclusivo palacete con reminiscencias versallescas- está situado en la exclusiva zona de Holmby Hills, de los Angeles y pertenece a la viuda del multimillonario Aaron Spelling, productor de, entre otras series de éxito, Bevery Hills 90210.
Además, el magnante, fallecido hace dos años y medio, es el padre de Tori Spelling. Retando los peores augurios de crisis y recesión económica, Candy Mayer ha decidido poner a la venta esta mega propiedad, donde vivió junto al rico magnate y sus hijos desde 1991.
A todas las comodidades anteriormente nombradas, hay que unir una serie de excentricidades como son dos salas dedicadas a envolver regalos, una sala de proyección con capacidad para 300 personas, un ala dedicada únicamente al almacenaje de ropa y un habitáculo para mantener las condiciones óptimas de humedad de las cuberterías.
La propietaria, de 63 años, confía en poder hacer negocio con esta astronómica venta. Cuando el nuevo propietario ocupe The Manor, Candy se marchará a un lujoso apartamento en Nueva York, donde aunque no contará con algunas de las excentricidades de The Manor, sí le acompañará la mitda del personal de servicio que ha velado hasta ahora por su descanso y su cuidado.
La venta, que ha generado bastantes críticas en la sociedad americana por tratarse de un momento económico muy delicado para un gran número de familias, tiene como fin evitar el excesivo gasto de mantenimiento de una propiedad de estas características.
Pero hay otros motivos tras esta venta que, desde luego, entristecen mucho a Candy. Y es que según ha confesado la viuda del productor de ‘Los Angeles de Charlie’ la decisión la ha tomado porque sabe que es imposible una reconciliación con su hija, Tori, con quien no se habla desde la muerte del director y productor en junio de 2006.
Y es que Tori creyó entonces que su madre era la culpable de que su padre –enfermo de alzheimer en los últimos años de vida- la hubiera desheredado.
La fortuna del director y productor ascendía a 400 millones de euros -aunque luego se habló de menos-, sin contar por supuesto con los más de 113 que recaudará la viuda cuando haga efectiva la venta de la mansión donde vivían desde la década de los 90.
Según aseguró en aquel momento la joven actriz –que desde hacía algunos años se había distanciado de sus padres por unas declaraciones algo ofensivas hacia su progenitora-, su madre habría estado metiendo mano a las cuentas de su padre en los últimos años de vida del director, que falleció víctima de de una embolia cerebral.
Candy tiene otro hijo, Randy, muhco menos conocido que Tori aunque también hizo sus pinitos en alguna de las series de Aaron.
La millonaria estadounidense ha reconocido a la revista People que si tuviera la mínima confianza en que la relación entre madre e hija podría mejorar, no hubiera colgado el cartel de se vende. ‘No veo ni a Tori ni a su marido Dean. Solía ver a mi nieto Liam, pero ahora tampoco. Ni siquiera conozco a Stella (la hija pequeña del matrimonio-’, ha asegurado Candy.
‘Si tuviera la minima esperanza de que pudiera tener relación con mis nietos, nunca vendería la casa. Siempre he soñado con un campo de juegos enorme con niños alrededor’.
Sobre los motivos del enfado entre madre e hija, la señora de Spelling asegura que no los tiene claros. ‘He intentado hablar con ella, pero no ha funcionado. Quizá no sepa ni ella misma por qué está enfadada’.
Aunque sabe que las cosas están difíciles con Tori –que participa en el remake de la serie que producía su padre-, la esperanza es lo último que se pierde. Por eso en su nueva casa ha mandado construir una sala de juegos. ‘Algún día mis nietos sabrán quién soy por la fundación que he creado, pero me gustaría ser parte de sus vidas ahora. Me encantaría que en la sala de juegos fuera para ellos’. Aunque no lo consiga, la gran pregunta está ahora en quién disfrutará tras su muerte de esos casi 114 millones de euros que espera conseguir con su venta.