El BNG se echa al monte

Lo peligroso del nacionalismo, no ya para la unidad y cohesión nacional, sino para la estabilidad misma de la sociedad democrática ha quedado patente con el mal perder del nacionalismo vasco, que monta una huelga general política contra el nuevo gobierno vasco aún antes de tomar posesión siquiera Pachi López.
Pero es que en Galicia la lectura que hace el BNG de su derrota no pude ser más ejemplificante. En vez de aceptar que la sociedad gallega no se cree sus historietas sobre naciones de Breogan y demás fantasías, ni acepta la inmersión lingüística, moderando su posición hacía un regionalismo viable, el BNG se alía con lo más “friki” del nacionalismo patrio. El Bloque quiere ir a las elecciones europeas coaligado con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Aralar y Eusko Alkartasuna, es decir con los grupos más radicales y extremistas. Paralelamente, la asociación Mesa por la Normalización Lingüstica, el brazo del BNG para la imposición lingüística, igual que sucede en el País Vasco, antes de que el nuevo gobierno tome posesión ya monta tangana. Ayer acudió a la sesión constitutiva del Parlamento gallego para protestar contra la presunta política lingüística que Feijjo pueda adoptar.
Los nacionalistas desarrollaran una agresiva campaña en pro de la imposición del gallego y en contra de la libertad de uso del español en la enseñanza, que culminará con una manifestación el día 17 de mayo con ocasión de la festividad de las Letras gallegas. Carlos Callón, presidente de la Mesa por la Normalización Lingüstica, aboga por mantener el modelo de inmersión lingüística “importado” de Cataluña, y para ello no duda en descalificar a Núñez Feijoo acusándolo de estar en contra del gallego. La copia de las maneras del catalanismo más radical por parte de asociación vinculada al BNG llega al extremo de reclamar, como análogamente se hace con la idea de los Països Catalans, la promoción para el gallego en Asturias, León y Extremadura.
La intención del BNG es intentar reeditar una plataforma como “Nunca Mais” para acosar desde la calle al PP, haciendo de la lengua su principal bandera reivindicativa. El problema es que en esta ocasión la población sabe quien está detrás de la operación y no parece que la mayoría silenciosa, vistos los resultados electorales, tenga intención de seguir a una minoría vociferante y hasta ahora espléndidamente subvencionada.