“Se está pasando a un nuevo monolingüismo, del que son víctimas los que hablan español”
La crisis de cohesión nacional que padecemos tiene perplejos a los italianos, que no acaban de comprender como una nación con el pasado histórico de España puede poner en duda si es una patria o varias patrias. El analista Guido De Franceschi se pregunta en Il Foglio“¿Una España o muchas Españas? y critica la ambigüedad del sistema de las autonomías y el constante cuestionamiento de nuestro sistema de organización territorial. “El problema territorial está abierto desde hace decenios. Porque España no es ni un país centralizado, ni un país federal. El sistema elegido durante la transición a la democracia es más bien vago y ambiguo. Y es en cierto modo un proceso abierto, en el que mucho está encomendado a la periódica confección de estatutos de autonomía en las diversas Comunidades. A las Comunidades autónomas han sido atribuidas muchas competencias, pero algunas tienen más poderes que otras, como Cataluña, País Vasco y Galicia, cada una de las cuales tiene una lengua propia reconocida oficialmente junto con el castellano (es decir, junto con el español). Precisamente sobre la lengua se juega, desde hace años, uno de los partidos político-ideológicos más viscerales y no resueltos”.
El diario italiano se hace eco del conflicto que provoca la política de inmersión lingüística.
“Los partidos nacionalistas tratan de desarrollar las lenguas minoritarias de referencia insistiendo en su inyección en la escuela, en la vida pública y en los ambientes de trabajo. El problema consiste en que en Cataluña, País Vasco y Galicia sigue habiendo una mayoría de castellano hablantes ya sean autóctonos o nacidos en otras regiones “que defienden su derecho a seguir hablando español, y denuncian un problema: del bilingüismo, que nadie quiere poner en duda, se está pasando a un nuevo monolingüismo, del que son víctimas los que hablan español”.
La causa del problema está en el excesivo peso político que tienen en España los partidos nacionalistas.
“El debate se ha ideologizado mucho y el buen sentido parece haber abandonado el campo en el enfrentamiento entre el derecho de las lenguas minoritarias a sobrevivir gracias a las políticas de apoyo y desarrollo, y el derecho de quienes hablan castellano a no sentirse ciudadanos de segunda en ningún lugar del país. Pero el problema es también político y pasa por las alianzas a menudo necesarias con los partidos nacionalistas y regionales. Como ya hizo Aznar en el primero de sus gobiernos, también Zapatero se ha apoyado en el voto de esos partidos…”