La dictadura de los partidos
La disciplina de voto que imponen los partidos anula en gran medida la conciencia de nuestros representantes, que ante el miedo a perder el cargo, ceden en sus postulados éticos para decir “amén” a lo que manda la dirección del partido. Un 33,8 por ciento de los diputados y senadores españoles admite haber defendido en alguna ocasión en las Cortes una postura con la que no estaba de acuerdo, según una encuesta elaborada por la revista ‘Nuestro Tiempo’, editada por la Universidad de Navarra.
Pero si la ética está por debajo de los intereses partidarios, también el sentido común y la racionalidad acaban mal parados cuando se enfrentan al beneficio del partido. Casi la mitad de los parlamentarios encuestados (un 43,4%) reconoce haber cambiado alguna vez de opinión tras escuchar los argumentos de portavoces de otro partido, aunque después no modificase el sentido de su voto. Para elaborar la encuesta, se envió por correo electrónico un cuestionario a los 350 diputados y 264 senadores. Entre los 83 parlamentarios que lo respondieron (un 13,5%) figuran 43 del PSOE, 24 del PP, seis de CiU, tres del PNV, tres de IU/ERC, dos del Grupo Mixto, y dos del BNG. Además, un diputado del PP explica que una vez se sintió inclinado a “premiar” con su voto a un compañero de otro grupo, “fuera por razones argumentales o a causa de la brillantez verbal esgrimida”. Un 43,4% de los parlamentarios se ha visto en esa misma tesitura. Una diputada del PSOE en el Congreso señala que no ha cambiado de postura oyendo a su rival política, pero sí ha estado en desacuerdo escuchando a su propio portavoz.
Por otra parte, un 13,3% de los encuestados no está de acuerdo con la disciplina de voto que decretan los partidos. El 86,7% restante la considera “coherente”, “necesaria” e “imprescindible”. Creen que es una medida lógica en un sistema de listas cerradas y afirman que garantiza el cumplimiento de los programas y evita las disidencias y los oportunismos.
Pero el hueco para la integridad y la honestidad, ¿dónde queda en este sistema? Naturalmente la reforma electoral de las listas abiertas daría lugar a que nuestros representantes respondiesen ante nosotros, el pueblo, y no ante la casta política que a dedo los pone y quita de las listas en este sistema más partitocratico que democrático.