La razón política del movimiento antinuclear fue servir los intereses de la Unión Soviética
Algunos zoquetes no se enteran, y otros se lo callan, pero no hay más que acudir a los archivos del KGB para comprobar que los soviéticos favorecían al movimiento antinuclear de los años 70 como una muy conveniente manera de ayudar a debilitar a Occidente. Todos los partidos comunistas europeos incorporaron a su agenda la causa antinuclear por aquellos años siguiendo las consignas de Moscú. Los “idiotas útiles” de la social democracia alemana no tardaron en sumarse, arrastrando a toda la izquierda europea, por supuesto el PSOE, que tanto debe a la socialdemocracia alemana, asumió con entusiasmo la nueva moda. El naciente ecologismo hizo suya la lucha contra la energía nuclear, en muchos casos de buena fe, pero el movimiento estaba lleno de agentes infiltrados o al servicio del Bloque del Este. Activistas, periodistas y políticos fueron financiados por el KGB u otros servicios secretos del bloque comunista. Un ejemplo de ello es la canalización de fondos soviéticos durante aquellos años al antinuclear Partido Verde alemán.
Tecnológicamente la URSS se empezaba a dar cuenta que nunca podría superar a Occidente, que amenazaba, con la bomba de neutrones, eliminar la ventaja que el ejercito de tierra comunista tenía sobre Europa. Después vendría el escudo antimisiles y el fin de la guerra fría tras la victoria de la estrategia de Ronald Reagan, bestia parda de la rojería. El caso es que la URSS apostó por generar un conflicto interno en el seno de las sociedades occidentales, de ahí que el movimiento antinuclear impulsado desde la izquierda, con la disculpa del ecologismo, se opusiese frontalmente a la energía nuclear, presentada como apocalíptica amenaza contra la supervivencia de la humanidad. Curiosamente las campañas de todos estos movimientos sandia (verdes por fuera, rojos por dentro) se encaminaban a provocar un cierre unilateral (sólo en Estados Unidos) de la producción de plutonio y a erradicar, también sólo del mundo fuera del Telón de Acero, las centrales nucleares. El accidente de Harrisburg dio alas al “¿Nuclear? no gracias”, que amedrentó a medio mundo con los peligros radiactivos de la energía nuclear. Luego vino la catástrofe de Chernobyl, precisamente de donde jamás los ecologistas se habían preocupado de denunciar la temeraria inseguridad y el total desprecio por el medio ambiente: la marxista URSS.
Dice ahora Caldera que los parques nucleares de todos los países fueron creados “sólo” y “exclusivamente” por razones políticas y militares. Lo cierto es que las centrales nucleares que se construyeron en los 70 tenían como razón de ser el coste económico de la energía tras la crisis del petróleo. Pero lo que sí tenía una razón exclusivamente militar y política fue el movimiento antinuclear patrocinado por la izquierda, razón que no era no era otra que servir, consciente o inconscientemente, a los intereses de la Unión Soviética.
Sin embargo Caldera y Zapatero deben añorar aquellos tiempos de las protestas antinucleares. Por supuesto son incapaces de reconocer que en su juventud se dejaron engañar como imbeciles, así que tiran de deshonestidad intelectual. Mentir para engañar siempre se les ha dado bien. Así que acuden a lo fácil, si en España hay centrales nucleares es porque el pérfido dictador Francisco Franco “obligó” a que se instauraran. Con un par. Y esto lo dicen mientras compramos la energía que producen las centrales nucleares francesas que Charles de Gaulle mandó construir un poco antes de que Franco hiciera lo propio en España.