Pedro Rizo | El PP y la manifestación del 17-O
Carta en una caja de zapatos
Mi estimado Manuel:
Pues sí, los análisis sobre la manifestación del pasado sábado son de todos los colores. Por eso me atreveré a colorear el mío.
Me comentas con claro disgusto la participación de los peperos porque, dices, han desbaratado el propósito inicial. No entiendo qué me estás diciendo. ¿Tal vez que hubiera sido mejor que no se sumaran? Pues vaya sinrazón, con perdón, amigo mío. La participación de los populares dice varias cosas: una, que probablemente este equipo del PP no será el que gobierne… esperemos a junio, a ver qué pasa. Otra, que lo que el PP ahora parasite moralmente comprometerá al partido de hoy y al de mañana. El PP ve en este acto una mejora de imagen ante sus votantes naturales, tantas veces arrastrados por rastrojos, pero su presencia en la manifestación del sábado les compromete con la vida, y les obliga en conciencia a derogar extremos que son intolerables. La manifestación ha valido para lo que tenía que valer: en la calle un millón de personas, que representan muchos millones más, protestando contra un delito de lesa humanidad. Poor eso me parece poco serio decir que la incorporación de los populares minusvalora su éxito. Todo lo contario, se destaca más.
Si nuestro natural descontento nos pide quejarnos de algo, quejémonos contra los obispos de cuchara. Esos son los que no se han visto acompañando a sus fieles, pobres ovejas sin pastor. ¿Sabes de alguna protesta formal anterior a la convocatoria y en los muchos años de democracia? Formal y contundente yo no la recuerdo. Cuando digo formal me refiero a las que constan en la historia; las que se oyen en las misas dominicales de mediodía martilleando las conciencias; las iniciativas en tiempoy forma, en el ámbito político, que puedan llevar a un Gobierno a su dimisión. Incluso manifestaciones como la que comentamos pero no de un día sino repetidas constantemente por esas organizaciones tan dueñas de muchos activos de la Iglesia. Pero, nada. Ahí tienes, parece que los obispos a los que se supone líderes naturales de una verdadera acción católica, viven en un gueto bajo la consigna de no pisar callos. ¿De qué les servirá ganar el mundo si pierden su alma? ¿Existe, de verdad, amenaza o convenio de crear dificultades a la Iglesia si nos rebelamos contra los abusos del Gobierno? Yo no lo creo. La realidad parece muy otra. Una inhibición ilustrada que es un baldón de ignominia para ellos, a los que se conoce por sus frutos. Creo que mientras no se eche del seno eclesial a ciertos obispos y sus huestes que bien conocemos, esos marxistoides y progres, o laxos, o lábiles, submarinos de logia llenos de ciencia (?) teológica pero sin Evangelio en el alma, seguiremos navegando al pairo, con o sin velas. Porque, y esto hay que entenderlo, una derecha sin la fe es una falsedad total que termina en el materialismo de “al-negocio-por-encima-de-todo” y, por tanto, en la hipocresía. Lo dice el mismo Jesús: “Sin mi nada podéis hacer”. Sin embargo, mientras los sin-Dios y los cómodos agnósticos se alimentan con filosofías redentoras del hombre, pero sin gloria, nosotros hemos abandonado la fe que es el tejido, la trama del orden perdido y que los pueblos de occidente reclaman. Mejor no digamos que la abandonamos sino que nos la quitaron aquellos que tenían que cuidarla. Y cuando nos quitan la fe ya todo está perdido, vamos que ya nada queda por perder, somos la nada con sifón. Me refiero a la fe de siempre, la fe única sobre la roca de origen y no esa otra, la ecuménica, sobre un barrizal de mentiras que vuelve a la Iglesia veleta movida por la rosa de los vientos. El Papa, Benedicto XVI, necesita soldados clásicos, obispos que sean creyentes y capaces de educar en la fe, sacerdotes que atraigan fieles a los templos y no de los que los echen. Ahí está esa magnífica decisión de acoger a los anglicanos que piden la integración en la Iglesia Católica. Muy bien decidido, aunque estén casados. Estos anglicanos son canela fina de la fe, más católicos que bastantes curas rojos sin vergüenza cobrando estipendios. La Iglesia está en quiebra técnica. Los que adulteraron la doctrina y gobernaron con desidia, ahora dan marcha atrás porque ven a la Iglesia en la ruina económica y no saben como salir de ella con óbolos que llevan décadas en caida libre. ¿Y vamos a decirles a los del PP que no se sumen a una manifestación católica…?
Me dices que “los ZP boys” se van a eternizar por la falta de oposición… Pues yo creo que no. Efectivamente, la oposición hasta ahora es de mermelada, pero el PP ganará las elecciones de 2012 porque acaba su turno de los ocho años en el dique seco. Tiene dos y medio para recomponerse y lo hará cuando suene el silbato. Puede que el caso Gúrtel sea ese silbato. Quizás también para una asociación de nuevo cuño, ojalá y Dios lo quiera. Ojalá y Dios lo quiera que no sea una CEDA resucitada para reconducir nuestra adrenalina al río. Esto me trae algunas preguntas. Por ejemplo, si habrá algún partido conservador, entre ellos el PP (¡Uff!) que tenga programas formativos para militantes. Digo convivencias de cuadros, organización de células, aprendizaje y entrenamiento para la captación, jornadas de estudio… Es imperativo conseguir más medios, más lugares de reunión, de encuentro, de cultura, en sedes de provincias, o en barrios populosos y populares de las grandes ciudades. Como en toda empresa, y más en política, estas estructuras son el arado previo a una buena cosecha. La Iglesia podría ofrecer las suyas, que aún le quedan muchas. Y no para que las regale, como en otro tiempo clandestinamente lo hicieron sus curas socialistas dándoselas a los anticristos, amparados, heroismo a la mayonesa, en los concordatos de Franco con la Santa Sede.
Gran cosa protestar contra el aborto. Mi felicitación a Hazteoir y AVT y tantas otras organizaciones. Pero poca raíz la sostiene si carecemos de financiación y medios para programas de educación. Pues la peste social del aborto se favorece por ignorar qué significa una familia cristiana tradicional, si los hijos se dejan manejar por el grupo y las hijas no saben ni quieren saber qué es el pudor. El mal del aborto está en el abandono de la juventud sin norte ni criterio, sin carácter para negarse lo que le atrae y preferir lo que le conviene. Está en echar de la familia a la mujer para explotarla en pagar hipotecas. Y en particular, y de atención urgente, en que el control de los medios de comunicación está en manos de la Revolución, que ya no necesita poner en la calle un millón de voces. Tiene el monopolio de miles de horas simultáneas sobre la conciencia de millones de españoles a los que diseñar a su antojo a través de la prensa y la TV.
Y los obispos no fueron. Ni siquiera los que luego se lamentaron de que hubieran querido ir… Qué cosas. ¿Cuál es la trampa que en la Conferencia Episcopal obliga a sus componentes a un corporativismo tan bovino?
Ya ves, en esto me dio por pensar la manifestación contra el aborto del 17-O.
Un abrazo y hasta otra.