Pedro Rizo | El aborto, hartazgo de campañas
Redacción | Publicado el 23 Noviembre, 2009 13 Comentarios |
Empiezan a hartar tanta superficialidad en las campañas antiabortistas, más parecidas a mascarón de proa de supuestas y explotadas defensas de la vida… En mi opinión, no aportan nada nuevo a un argumentario sólo naturalista, de conservación de la especie. Como ya se ha protestado varias veces en esta columna, sin referencia a que, para los católicos, las vidas de los hijos son de Dios y destinadas a su reino, las cuales se le roban. Es esto la raíz canónica que aceptamos los católicos respecto a la paternidad y la explicación de que haya madres que prefieran morir antes que impedir la vida de un hijo. Mientras no se acuda a la raíz del mal, las protestas contra el aborto serán como sentarse a la orilla del rio a esperar que pare la corriente para cruzarlo. Poco puede hacerse con reacciones aisladas de catequesis o esporádicas homilías para recuperar aquella moral cristiana que hasta hace medio siglo guiaba a las sociedades católicas. La raíz del fracaso hay que buscarla en la nueva filosofía moral adoptada por la Roma moderna.
Nunca se afronta el error desencadenador, esa odiosa realidad de seudo-doctrinas amparadas en el Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes especialmente –, que en tendenciosa redacción colocaron a la sexualidad en igualdad con el fin primario del matrimonio. Es decir, válida por sí misma y separada del fin obvio de procreación. Fin que justifica su existencia. La Iglesia docente, en lugar de reafirmar la sana doctrina y proteger a su grey, por primera vez dio luz verde a un principio antes siempre rechazado. Veamos aquí el párrafo fundamental de la última condena: « (…) Este nuevo modo de pensar y de hablar es propio para fomentar errores e incertidumbre; mirando de apartarlos, los Emmos. y Rvmos. Padres de esta Suprema Sagrada Congregación encargados de la tutela de las cosas de la fe y costumbres, en sesión plenaria habida el miércoles, día 29 de marzo de 1944, habiéndose propuesto la duda: “Si puede admitirse la sentencia de algunos modernos (modernistas) que niegan que el fin primario del matrimonio sea la procreación y educación de los hijos, o enseñan que los fines secundarios no están esencialmente subordinados al fin primario, sino que son igualmente principales e independientes”, decretaron debía responderse: Negativamente. » [Decreto del Santo Oficio, “De los fines del matrimonio”, AAS 36 (1944) 103]
Si por una endeble pastoral ahora podemos falsificar la naturaleza de la sexualidad humana, no vemos qué será lo que nos proteja del engaño del erotismo, elevado de rango por esta exaltación de la fisiología. Realidades peligrosas que vuelcan a los esposos en imitaciones lujuriosas hasta la destrucción del matrimonio cristiano, tanto por desproveerlo de la gracia divina como por la fácil enajenación de la unión conyugal. Con la sexualidad exaltada como si fuera amor, y no la energía con que Dios estimula y premia la procreación, ya podemos también “autorizarla” en el fuero interno para, por ejemplo, comercio de prostitución heterosexual y homosexual.
Otra mentira es presentar la sexualidad, repito, en sí misma, como expresión suprema de amor. Esto es absolutamente falso; algo que se difunde frecuentemente en sermones y confesiones, pero que no es tal cosa, ni siquiera como vehículo de expresión. De manera parecida a que el hilo del teléfono no es los sentimientos y palabras que transmite, las cuales no dependen en exclusiva de éste para transmitirse. Por el contrario, la sexualidad sobrepasada de “su nivel de competencia” empequeñece y adultera el amor que perdura, incluso puede cegar para siempre la existencia del amor con que Dios dotó el alma humana para trascender de esta vida a la eterna .
Y pasamos ahora a la última consideración. Siendo que la sexualidad puede aislarse de su objeto reproductor, lo más consecuente es que el fruto natural de “practicar el sexo”, como ahora se dice, sea un accidente en el entendido inicial de los amantes. Estos se sentirán defraudados por la respuesta natural de una sexualidad a la que debemos conceder valores independientes y del mismo rango que el primario de la procreación. El adulterio y el aborto son consecuencias forzosas de este empobrecimiento moral.
Pues de esto no se habla, pero debería hablarse. Y con urgencia. Señalando honradamente dónde se dio tan perverso resbalón que ha vuelto papel mojado la guía moral, secular e invariable de los católicos. Este cambio es muy grave. Y más aún lo es que el mal se oculte y sea analizado finalmente por la Iglesia enseñada. Lo deseable es que ‘Papa corrija a papas’, y no que tengamos que hacerlo los fieles en el uso del espíritu crítico que Cristo dio a su Iglesia. (Lc 19, 39) Porque con este vicio moderno de protegerles como si la infalibilidad adornase todos sus dichos y actos, terminaremos por arruinar el cuerpo mismo del Magisterio de la Iglesia, afortunadamente siempre asistida por el Espíritu Santo, “que sopla donde quiere” (Jn 3, 8). Lo que no disimulará ese artificio de que “lo que ayer se hablaba a reyes y súbditos hoy no tiene por qué valer para hablar a las democracias”. Una forma de negar la Verdad de la fe católica y enseñar que es el siglo el que supera a los Mandamientos y no, al revés, que son los Mandamientos los que cristianizan el siglo. La Iglesia educó lo mismo a césares que a imperios, a teocracias que a repúblicas, a dictaduras que a coronas ungidas… Acudir al acomodo de los tiempos es craso error del confuso “aggiornamento” conciliar; es suponer que la Verdad sea multiforme, como las modas.
Nos encomendamos, pues, a San Gregorio Magno cuando enseñó: “Es mejor dar a conocer un escándalo que meter en prisión a la Verdad”. Y a Santo Tomás de Aquino, que decía: “Cuando haya un peligro para la fe, los súbditos tienen el deber de corregir a sus prelados, incluso públicamente”.
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13 Comentarios a “Pedro Rizo | El aborto, hartazgo de campañas”
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el perjurio, el aborto,la libertad religiosa, la Comunión a los políticos, las dudas que siembran muchos malos curas acerca del infierno… hay mucho soibre lo que el Papa debería hablar y poner orden. ¿Lo hará ohabrá que esperar a otro?
Silva
Habrá que esperar y esperar. Pero la cosa económica está tan mal que podria precipitarse un cambio espectacular, con expulsion incluida de maulas. Y que los caras de la Asociacion Juan XXIII se vayan a freir espárragos y funden la Iglesia humanitaria de los progres, de los gays, los pedes y las lésbicas. La Iglesia islamo-taoista ecuménica con Carrillo de papa.
No se si el concilio dice tal cosa o la gaudiun spes pero yo puedo confirmar que los curas modernos te dicen que la sexualidad es tan importante como el amor no sexual. y creo que no puede ser verdad porque cualquiera que no sea un mono rijoso lo puede ver. la verdad es que el enfoque de la sexualidad reconocida más que para tener hijos, puede explicar el aborto.
Por favor, el tema es serio y no merece ironías chistosas. Más quisiera infundir en nuestros sacerdotes y religiosos, y en todos los fieles, conciencia colectiva de oposición a la religión sin Dios; es decir, de amor a la Iglesia, muy bien representada en aquellos buenos pastores que sufrieron el desprecio y vocerío de un clero engañado, obispos incluidos. Muchos de ellos mártires de sus propios hermanos de orden. Los lobos que el Papa Benedicto XVI ya en su primer misa pontificia anunció habría de enfrentar.
Lo suscribo, y otro sí digo:
A esos MARCHISMOS se agregan velas y minutos de silencio MASÓNICOS.
Y el mundo etá lleno de estultos.
In Te Dómine speravi.
El articulista parece olvidar que las campañas antiaborto no van dirigidas a los católicos ya que “quien provoca el aborto, si este se produce, incurre en excomunión latae sententiae”.
Hay más maldad que escribir “beberéis la sangre de nuestros abortos”, como han escrito ayer en las paredes de Red madre los pro-abortistas?
Sí que creo que todo esté relaccionado. La sexualidad hoy por hoy no tiene nada espiritual, se promueve sólo lo animal del hombre y al final, en animal se convierte.
Hay más maldad que escribir “beberéis la sangre de nuestros abortos”, como han escrito ayer en las paredes de Red madre los pro-abortistas?
Sí que creo que todo esté relaccionado. La sexualidad hoy por hoy no tiene nada espiritual, se promueve sólo lo animal del hombre y al final, en animal se convierte.
me parece un poco dualista su artículo.
El hombre es un ser unitario, somos espíritu y cuerpo, pero entéramente uno y lo otro. De tal modo que no se puede separar lo uno de lo otro. Por eso no es lo mismo rezar en la cama que de rodillas y los brazos en cruz, por ejemplo. Por eso Cristo resucitado podía comer, o se le pudieron tocar las yagas. Y por eso la sexualidad es la expresión de la unión del matrimonio, es la expresión física y espiritual de que dos se hacen uno (eso es el matrimonio). Por eso “quien se acuesta con una prostituta se hace una sóla carne con ella” como dice San Pablo.
Te recomiendo un poco de análisis del Cantar de los cantares. Un matrimonio que no se entregue también en la sexualidad es muy endeble. Efectivamente hay amor fuera de la sexualidad, y la expresión máxima del Amor es la Cruz (o la Creación, no sabría decir cual), pero el amor conyugal exige entrega COMPLETA. Y precisamente por eso, NO puede aislarse de su función reproductora, porque Dios así lo ha querido, expresando que del Amor nace la vida. Una entrega no es completa cuando se le ponen trabas a la vida.
La raíz del aborto, por lo tanto, no está en el error de la Iglesia. Está en el EGOÍSMO humano, y, políticamente, en mayo del 68 (o todo lo que nos queramos remontar, con la escuela de Franckfurt, etc…). El error de la Iglesia es que en buena parte se ha difuminado su misión: la predicación. Pero la predicación, no del no al aborto (cosa que tmb), sino la del evangelio, que es lo único que puede salvar el corazón del hombre.
Es mi opinión.
@alexander:
Es su opinión y una buena opinión. No veo bien en qué mi artículo se opone a ella. Por si acaso recalcaré que el amor ‘conyugal’ incluye la ‘coyunda’ como acto de unión corporal y espiritual de los ‘cónyuges’. (Dos en un mismo yugo). Pero eso no puede dar a la sexualidad un relieve de origen superior al que tiene. Dicho de otro modo, el sexo separado de su función procreadora no garantiza el amor, sino que más fomenta el egoísmo. Es mi opinión.
“Dicho de otro modo, el sexo separado de su función procreadora no garantiza el amor, sino que más fomenta el egoísmo.”
Muchos “amenes” a eso.
Quizá le había leído mal, jeje
Muy interesante, Don Pedro. Yo, si me permite, añadiría la desvergüenza actual de los hombres de Iglesia de quitar de en medio el limbo (una bomba de relojería ya estallada), con lo que más de uno se sacude la conciencia de esas almas inocentes que son asesinadas sin poder lavar de ellas la pena por el pecado original. Los envían todos al cielo y se acabó, dejando en el aborto sólo la conculcación del derecho a la vida terrena y no el de la vida eterna.
Saludos.
Don Pedro,a pesar de que yo soy un cristiano un tanto “hereje”,creo que su artículo tiene muchísima razón.
El sexo tiene una gran importancia dentro del matrimonio,pero está claro que su finalidad principal es la de engendrar vida.Una sexualidad desmesurada,al igual que sucede con otras cosas en esta vida,crea problemas,incluso dentro del matrimonio,puesto que puede convertirse en una adicción,que lleve a uno de los cónyuges por caminos sinuosos.(Curiosamente,un caso así,se narraba en la hiperprogre serie “Amar en tiempos revueltos”.
Los antiguos pueblos germanos,muy alabados por Tácito en este punto,así como los antiguos helenos y romanos,(cuando todavía no se habían sumergido en la decadencia),tenían una concepción muy sana de la sexualidad,no aborreciendo el sexo,y amando los cuerpos bellos,pero a la vez detestando males como la promiscuidad y la lujuria.
Ese es el modelo a seguir;y por ello es tan interesante la encíclica del Papa Benedico sobre este tema.
Hay que decir también,que ciertas vertientes semítico-cristianas,que se remontan ya a ciertos padres de la iglesia,como el autocastrado Orígenes,o Tertuliano entre otros,,tienen una concepción negativísima y enfermiza de la sexualidad,incluso de la conyugal.(No recuerdo cual de ellos,llega a asimilar el matrimonio con la prostitución).
El Opus JuDEI,que es una asquerosa infiltración judaica en la Iglesia,como han denunciado tanto los “siristas” como los “lefebrrianos”,tienen también una concepción muy tarada de la sexualidad,lo cual es muy dañoso para la Iglesia.
Así que,compartiendo su tesis,hago tb esas matizaciones que estimo pertinentes.
Un saludo,y enhorabuena por sus artículos