Ángel Boya | La dignidad de la prensa catalana
Con pena, que no con sorpresa, he leído el llamado manifiesto por “LA DIGNIDAD DE CATALUÑA”.
Digo con pena porque es el sentimiento que me produce observar hasta donde llega el nacionalismo en su ciego irracionalismo.
Hablar de Dignidad en una región donde no existe libertad de prensa y que sea la propia prensa la que hable de dignidad no deja de ser paradójico, irrisorio y desvergonzado.
Que se hable de dignidad de Cataluña, cuando a sus escolares se les engaña miserablemente sobre Cataluña su historia y su cultura no deja de ser irrisorio y pesumbroso.
Y que hable de dignidad una prensa, la prensa catalana, que sobrevive a base de subvenciones emanadas de la Generalitat para que sea una prensa, dócil y amarilla, no deja de ser asombroso, o mejor dicho triste.
Hablar de dignidad de Cataluña, cuando todos los medios de comunicación públicos y privados de Cataluña siguen obedientes la melodía que se emite, no desde el Palau de la Música Catalana, símbolo de la corrupción catalana, sino desde la Generalitat, es un insulto a la razón.
Que hablen de dignidad unos pesebreros es parecido a buscarle tres pies al gato.
Mientras no haya libertad en Cataluña, Cataluña no será Cataluña.
Para concluir, mientras la Generalitat controle con subvenciones de uno u otro estilo a la prensa (Más de 90 millones de euros a repartir entre menos de diez destinatarios para el año 2010), esa prensa amarilla, la prensa catalana, no tiene autoridad moral para dar lecciones de ética a nadie.
¡Pobre Cataluña!
Quienes te humillan, te raptan y empobrecen son los que dicen “defenderte”