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Ernesto Ladrón de Guevara | ETA pro nobis
El título de este artículo es como el del excelente libro de Iñaki Ezkerra de 2002, de necesaria lectura para entender la complicidad de la Iglesia vasca con el nacionalismo, y en muchos casos con ETA hasta el punto de que la Banda surgió en determinados rincones tenebrosos muy ligados al ámbito eclesial.
En su capítulo “El pecado de omisión. El pueblo elegido y la comparación palestina” Iñaki Ezkerra dice: “El pecado de omisión se encuentra tan penalizado en el catecismo como el de comisión y la práctica demuestra que alguna razón había para ello. Si en el discurso de la Iglesia vasca nada es inocente, lo son menos sus omisiones. ¿Por qué esa institución nunca se ha pronunciado sobre ETA de un modo no ligado a la inmediata comisión de un atentado y para condenar a la banda terrorista por sí misma al margen de que lleve meses matando mucho, matando poco o no matando nada? […] ¿No merecía un fenómeno semejante un diagnóstico sosegado y detallado de los representantes de las diócesis vascas?[…] Otra de las omisiones constantes de la Iglesia vasca es la preocupación de carácter social. Perderá el tiempo quien trate de rastrear en los textos de los obispos reivindicaciones que no sean nacionalistas […]” Etc. Etc.
No dejen de leer ese texto si quieren conocer de verdad el papel de la Iglesia en el fortalecimiento del nacionalismo desde hace décadas. Por ello no debe asombrarnos la reacción de la mayoría del clero guipuzcoano, tan entrelazado con el régimen nacionalista como lo estuvo en su día con el franquista, oponiéndose de forma indisciplinada y descarada al nombramiento por la jerarquía eclesiástica de un nuevo obispo que anuncia nuevas formas.
Pero no tendrán ninguna sanción. No sucederá ahora lo que ocurrió cuando un pequeño grupo de curas y fieles católicos lanzó a la opinión pública un manifiesto titulado MANIFIESTO POR LA VERDAD, LA JUSTICIA Y EL PERDÓN EN EUSKADI. FORO DE EL SALVADOR, digno del más exigente requerimiento moral, que terminaba con el siguiente párrafo: “Como cristianos y personas libres, nos sentimos alarmados por la grave hegemonía del nacionalismo en la Iglesia vasca y el uso perverso que hoy se hace de la doctrina de la caridad y del perdón para amparar al fascismo de ETA y a sus cómplices políticos. Lamentamos lo desatendidos que hoy se encuentran por nuestra Iglesia los fieles que no son de ideología nacionalista y las propias víctimas del terrorismo. Y reclamamos con urgencia de esa misma Iglesia, a la que pertenecemos, un discurso que por fin concilie los valores cristianos con los derechos ciudadanos”. Recuerdo perfectamente, porque yo fui uno de los firmantes de aquel manifiesto, las presiones, más bien coacciones, sufridas por algún sacerdote para que retirara su firma de aquella declaración conjunta, hasta el punto de tener que rectificar en público para no ser trasladado a otra diócesis. No puedo dar el dato concreto para no perjudicar al afectado. Ahora me gustaría, como persona convencida de que fuera de la civilización cristiana no hay más que desolación y deshumanización, que se hiciera lo mismo con esos curas díscolos que no respetan a la jerarquía. Al menos así se desagravaría a don Jaime Larrínaga, excura de Maruri, al que se le impidió el ejercicio de sus funciones espirituales en su tierra natal simplemente por condenar el asesinato como práctica política y la persecución a los no nacionalistas.
Sin duda hay mucha gente que, como me ha ocurrido a mí mismo, ha debilitado su fe en la Iglesia institucional, aunque no así sus creencias humanistas de carácter cristiano, ante el testimonio evangélico tan débil de demasiados clérigos vascos que han arruinado los principios más esencialmente sustantivos del mensaje de Jesús.
No se puede sustituir la doctrina evangélica por los postulados ideológicos del credo nacionalista, de la misma forma que Sabino Arana ultrajó el legado apostólico al mezclarlo con una caracterización nítidamente racista y excluyente, con grandes dosis de odio y de impiedad, en su diseño doctrinal bajo el lema “Jaunkoa eta lege zaharrak” (Dios y fueros)
Desconozco al nuevo obispo designado para dirigir la Diócesis guipuzcoana, pero me parece haber percibido una nueva forma de hacer las cosas donde lo políticamente ideológico queda al margen de los muros de las iglesias para centrarse más en el mensaje de Jesús de Nazaret, que no tenía nada de nacionalista pues el objeto de su mensaje de salvación se centra en el amor y en la no diferenciación entre hombres, mujeres, razas, lenguas, orígenes territoriales y creencias políticas. Un cuerpo doctrinal antropocéntrico que nada tiene que ver con una cosmovisión tan cerrada y limitada como es la nacionalista de corte totalitario y excluyente.
Bienvenido Monseñor Munilla. Tiene en mí un cristiano dispuesto a volver a pisar el recinto de mi Parroquia si cambian las formas y se transmite un nuevo catecumenado más abierto y universal. ¿No es por eso por lo que la Iglesia se llama Católica?
Una buena reflexión para estos momentos de Adviento.
Ernesto Ladrón de Guevara | “Exiliados en democracia”. Un libro de imprescindible lectura.
“Exiliados en democracia” es un oximorón. No son compatibles democracia y exilio. Si hay exilio, y vaya si lo ha habido en el País Vasco, no puede haber democracia. A tal efecto recuerdo el informe que el Comisario de Derechos Humanos emitió al Parlamento Europeo tras su supervisión de la situación vasca allá por el año 2003. No supimos nada después de ello, aunque, sin duda, la percepción de los europarlamentarios y de las instancias internacionales oficiales cambió tras décadas en las que había una relativa comprensión hacia algo, que siendo terrorismo puro y duro, era entendido como lucha por una liberación del Pueblo Vasco, como si éste fuera una colonia y España un Estado opresor. Pero ello no sucedió por generación espontánea. Si un grupo de personas inspiradas por un manifiesto redactado por Iñaki Ezkerra no hubiera ido primero a denunciar la situación vasca a Europa, Gil Robles, Comisario europeo de Derechos Humanos, no habría venido a inspeccionar la sojuzgada situación de los derechos civiles vascos. Para recoger hay que sembrar, y aquella embajada a las instituciones europeas, en la que participé yo mismo, tan criticada por todo los protagonistas de todos los bandos políticos a las pocas horas de producirse fue el punto de inflexión para el cambio de percepción y para la modificación de actitudes respecto al problema vasco, que no era otro que el problema de las libertades. Y en ello Iñaki Ezkerra no sólo fue inspirador sino autor intelectual.
Tampoco el movimiento cívico vasco experimentó un salto cualitativo enorme de forma espontánea. Iñaki Ezkerra fue artífice en 1998 de lo que luego sería la resistencia de Ermua personalizada por unos profesores, artistas e intelectuales que se unieron para constituir un Foro que al decir de Arzallus fue un faro, y que Ibarrola, con su genialidad creativa tradujo en forma de logotipo. Sin la iniciativa de Ezkerra reuniendo a unos pocos pensadores que luego aglutinaron a otros cuantos personajes de relieve moral e intelectual, probablemente aquel movimiento cívico no hubiera aparecido; y la respuesta a ETA y sus cómplices necesarios no hubiera sido igual. Hubiera seguido prevaleciendo aquel eslogan gandiano de perfiles planos con olor a sacristía: “necesitamos la paz”; a la que con tanto énfasis y como plataforma de salvación se agarraron los nacionalistas.
Digo esto porque el libro de Iñaki está fundamentado básicamente en una experiencia personal de la que soy testigo porque yo mismo la he compartido en varias de sus fases y certifico su veracidad. Iñaki Ezkerra es un buen conocedor de la realidad vasca por haberla sufrido en persona, y sobre todo por haber sido un protagonista necesario de lo que hemos venido a llamar “resistencia cívica” y de sus circunstancias.
El libro “Exiliados en democracia” es una plasmación del permanente esfuerzo que su autor ha desarrollado para describir la verdad con toda su crudeza, sin paliativos ni eufemismos. Y ello, por su propia naturaleza, constituye un hecho extraordinario. No es común este tipo de actitudes y producciones en un contexto en el que prima la frivolidad sobre las cuestiones trascendentes.
Doscientos mil vascos obligados a abandonar su tierra para huir, muchas veces dejando precipitadamente trabajos, empresas, familias, alegrías, éxitos y fracasos, vidas en definitiva. Ni tras la noche de los cristales rotos en la Alemania Nazi se produjo una diáspora de ese calibre (sólo fueron 30.000, que ya es bastante). Doscientos mil votos menos para las fuerzas constitucionalistas. Doscientas mil voces críticas privadas de emitir su criterio y de expresar su disidencia. Doscientos mil que tenían un efecto multiplicador en los silencios para los que nos quedábamos. Por si acaso…, para no quedar estigmatizados y en el ostracismo en el mejor de los casos. Por eso Ezkerra critica en su libro a algunos que abogaban por frentes constitucionalistas desde posiciones muy poco liberales, desprestigiando el propósito, en lugar de propugnar la regeneración democrática y ética de la política asumiendo los gestos como fines en sí mismos sin creerse en el fondo lo del cambio. Algo así como una prolongación de aquello que se decía cuando llegó la democracia: “contra Franco vivíamos mejor”, lo que equivaldría a “contra Arzallus estábamos mejor” Porque hay gentes que se conforman con vivir del testimonialismo.
Por eso Ezkerra alaba en su libro a quien realmente ha gestionado con eficacia el desplazamiento democrático del nacionalismo del poder, visualizando la alternancia y posibilitando un cambio de régimen sin alharacas ni gesticulaciones innecesarias, de forma natural, con inteligencia, el señor Basagoiti.
El libro de Iñaki Ezkerra no sólo es una descripción de la bancarrota de los valores morales y democráticos durante estos treinta últimos años en eso que llaman Euskadi o Euskalherria, y por contagio en el resto de España. El libro es algo más. Es un tratado de sociología política, de antropología cultural de la violencia. Es una taxonomía de los diferentes tipos que coinciden en eso que llamamos diáspora vasca. Trata un tema tan espinoso con una ironía sarcástica, inteligente, que hace de su lectura un placer, pues nada mejor que el humor, aunque esté repleto de espinas, para provocar con la hilaridad la reflexión ética, para llevarnos a conclusiones válidas, próximas al tratamiento científico de la realidad sociopolítica, sin contemplaciones ni contemporizaciones.
Entre esa variedad de represaliados, unos responden al perfil de exiliado auténtico, forzado por la necesidad y que hace abstracción o sublimación de su condición. Otros usurpan de una forma u otra el rol de resistente vasco obligado a irse, para presentarse como víctimas o rentabilizar dicho rol para atraer de forma narcisista la atención y ponerse al frente de la movida cuando el olor a pólvora ya se ha disipado. Son los dos polos en los que podríamos sintetizar la tipología.
Quizás, con cierta sorna, yo diría que Ezkerra se ha olvidado de alguna modalidad de exiliado, como el de “fin de semana”, entre los que yo me encuentro, constatable con sólo comparar a las siete de la tarde de los domingos, sobre todo si hace buen tiempo, la longitud de las caravanas de coches en dirección a Bilbao, procedentes de Cantabria, y ver los que vuelven de una ciudad tan preciosa como San Sebastián. Verán que el fenómeno no sólo es constatable, sino mensurable. Digno de una tesis doctoral de análisis psico-social. Todos sabemos el por qué.
El libro menciona, entre otras, una diáspora interior digna de periodismo de investigación, como es la de los cientos de ertzainas que tienen domicilio fuera de la Comunidad en la que sirven como policías. Algún día este fenómeno, entre otros, dará lugar a ímprobos y extensísimos trabajos que servirán para estudiar esta etapa histórica vasca, que esperemos sea un episodio pasajero tras el gobierno de Patxi López.
Como si fuera un caleidoscopio el autor hace un repaso del tipo de personajes que se han producido. Pero yo me quedo, a modo de necesaria síntesis del eje nuclear del libro con esta cita de una carta a modo de epílogo dirigida a Calleja, el periodista y autor del libro “La diáspora vasca”: “Me refiero a los fanáticos que siempre tienen en la boca la palabra ‘traidor’, que no saben de matices, que están esperando a que Ingrid Betancourt haga unas declaraciones polémicas y de corte buenista a favor del diálogo para lanzarse contra ella en lugar de rebatirle, para descalificarla y exigirle que devuelva el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia que le habían concedido, por ejemplo. Son seres que no distinguen entre una víctima y un cómplice de los verdugos, entre Ingrid Betancourt y Hugo Chávez, entre un político del régimen nacionalista y un periodista castigado por ese régimen.”
Mencionando al movimiento cívico, actualmente en descomposición, Ezkerra se pregunta “¿Por qué duerme el Movimiento Cívico? En mi opinión duerme porque las dos personas del mundo político, Rosa Díez y Jaime Mayor Oreja, que se acercaron y se pegaron a él como lapas para controlarlo, han decidido usarlo para su propio interés, convirtiendo los ‘principios’ en una estrategia personal. Porque los ‘principios sectarios’ han reemplazado a los principios compartidos’, sobre los que se fundó ese movimiento.”
Este libro tiene el valor de ser una buena taxonomía para distinguir lo que de bueno ha tenido este proceso de aquello que simplemente ha sido como la basurilla que queda tras todo hecho heroico. Ocurre en todas las situaciones sociales. Es necesario tenerlo en cuenta para distinguir la mena de la ganga. Y si algo ha tenido de bueno este proceso histórico vasco, de los treinta años de nacionalismo acompasado con el árbol de Arzallus y sus nueces, ha sido el que se han generado actos valiosos, actitudes nobles, conductas dignas de premio Nóbel, valores que no hubiesen aflorado en una situación normalizada, personajes irrepetibles repletos de honestidad y de coraje. Sólo por eso, quizás, ha podido merecer la pena. Pero, igualmente afirmo que, como dice Iñaki en su libro: “Una sociedad que esconde como un delito a sus héroes se está autodestruyendo en sus propios cimientos”. Como esos 241 guardias civiles asesinados por ETA, por no hacer recuento de los policías nacionales, ertzaintzas y miembros de las fuerzas armadas. Su supuesto delito fue haber defendido la idea de España, y servir en la defensa colectiva o en el cumplimiento de la ley y la persecución del delito.
Es de desear que el libro de Iñaki sirva para la reflexión, para revitalizar las iniciativas que permitan posibilitar la vuelta al País Vasco de los exiliados. De quienes vuelvan a tomar contacto con sus recuerdos y añoranzas. De quienes vean restituidos sus derechos civiles, su carta de ciudadanía vasca.
Ernesto Ladrón de Guevara | La (de)generación de las ikastolas
Les aseguro que mis brazos subían en un gesto reflejo a la cabeza cuando los consejeros ikastoleros de Eusko Alkartasuna que rigieron durante más de una década la cartera de Educación en el País Vasco decían aquello de “en el modelo D (todo en euskera) los alumnos aprenden mejor el castellano –se debería decir español- que en el A”. Mis ojos se salían de las órbitas al oír tamaña insensatez que se pega de bruces con el sentido común. ¿Cómo es posible que un alumno infante, prepúber, o adolescente vaya a aprender correctamente un idioma en el que no habla ni escribe en ningún momento de su jornada escolar durante todo el curso académico año tras año? Parece imposible que hubiera gente que se creyera la trola, pero, les aseguro que había cantidad de paisanaje que asumía esa mentira como verdad universal. Al fin y al cabo lo decía un Consejero. Palabra nacionalista, y por tanto, prevalencia de ese elemento intangible que en las Vascongadas ha primado sobre la razón durante tanto tiempo: el sentimiento. ¡Ah!. Poderosa cuestión, sucedánea de una escatológica religión. Ser o no ser, esa es la cuestión. Y si se es, hay que asumir las mentiras como verdades, sobre todo si se repiten mil y una veces. Por ridículas que parezcan.
Sin embargo, los hechos dejan esa mentira como lo que es: una vulgar patraña que ha ocasionado demasiadas víctimas en sucesivas promociones escolares. Por mera coincidencia ha saltado a los medios de comunicación, con sorna generalizada, esa enmienda a los presupuestos del Grupo de nacionalistas vascos y los de Ezker Batua en la que aparece la prueba del delito: “aprovar” en lugar de su forma correcta “aprobar” e “hinundaciones” en vez de “inundaciones”. Ambas faltas, homenaje a la ignorancia supina, pasaron todos los filtros sin corrección alguna, hasta que alguien, de otro grupo parlamentario levantó su voz con cínica alusión a la disgrafía. Al final la verdad reluce. Ni tan siquiera en sede institucional donde se presume está la crema de la crema se superan los mínimos de corrección ortográfica. Y es que con esos mimbres educativos, con tanta ikastola y modelos de inmersión, los resultados dan para lo que dan…
Los ágrafos han echado la culpa al corrector ortográfico del procesador de texto de sus ordenadores, con lo que en lugar de arreglar el desaguisado recuperando la compostura, lo han estropeado aún más. El corrector ortográfico no exime la obligación constitucional de conocer la lengua oficial del Estado.
Lo lamentable de todo esto es que algunos –muy pocos- hemos estado denunciando el desastre educativo vasco de la inmersión lingüística, clamando al desierto. Nadie. Y, cuando digo nadie es nadie el que ha hecho caso de verdad a las reiteradas denuncias de genocidio cultural. La prueba es que nada ha cambiado en treinta años si no es para empeorar en la dirección del fanatismo lingüístico y del adoctrinamiento. Ahora parece que las cosas podrían cambiar, pero perdonen que sea escéptico conociendo a los protagonistas de la cosa por la parte socialista. No pienso verlo mientras mis piernas me sostengan sin ayuda de bastón.
Algunos dirán que, ¿qué más da conocer la lengua de Cervantes o no, si hay un código de comunicación autóctono? –cosa falsa, por otra parte, pues el castellano es tan genuinamente vasco como el euskera-. Sin embargo el daño ha penetrado, incluso, entre los propios entramados de gobierno de la Comunidad Autónoma, según parece. Está a la vista que es un drama que unas personas que viven en un mundo globalizado se conformen con conocer una lengua que hablan trescientos mil personas desconociendo los usos en puridad ortográfica y gramatical de otro idioma en el que se comunican cuatrocientos millones de habitantes del mundo.
A mí nunca me podrán persuadir de que esta situación a la que nos han llevado por causa de la cerrazón nacionalista de unos y la ceguera intelectual de otros no es una tragedia.
Ernesto Ladrón de Guevara | Consecuencias de una gestión ruinosa
Lamentablemente hay muchos ciudadanos que se dejan guiar por consignas fáciles y frívolas en el campo político.
Antaño se compraban votos con regalos de colchones (en Álava fue famoso un político-cacique en el periodo republicano que los ofrecía a cambio de votos), hoy hay quien que lo hace a cambio de dinero para el PER que es una forma de clientelizar el voto, o simplemente con señuelos simplistas como los cuatrocientos euros famosos de los últimos comicios nacionales. Por otra parte nuestro Gobierno pseudo-socialista se empeña de forma ridícula, demagógica y populista de marcar el punto sindicalista de la defensa de los trabajadores, mientras se vacían las arcas del Estado y se dejan los fondos de la Seguridad Social en riesgo futuro por falta de cotizaciones, bloqueando la posibilidad de un pacto como el que Felipe González facilitó durante su primer Gobierno, que tan buenos frutos dio en su día para resolver un problema endémico de nuestra economía. Claro, que para eso se necesita tener una visión de Estado, que siempre va más allá de los intereses cortoplacistas y oportunistas de la política. Y para ello hay que tener generosidad, cuestión que da carta de naturaleza al buen político y define al auténtico socialista con visión humanista. Nada más ajeno a nuestro presidente que toma como modelo a Chávez. Llegar a acuerdos significa flexibilidad y altura de miras. En definitiva, se trata de buscar el bien común, de ponerse de acuerdo en lo fundamental, dejando en el trastero cualquier tentación sectaria, abandonando la demagogia.
Nunca ha habido un gobierno tan nefasto.
En España, como en cualquier sociedad libre, quienes crean riqueza, quienes producen las condiciones para que haya masa tributaria, quienes crean empleo, son los empresarios. Lo demás es un bagaje baldío de proclamas vacías, de tambores lejanos de izquierdismo de campanario. Los sindicatos tienen su función, que no coincide con la de la patronal, por eso se puede entender su posición, aunque no sea siempre admisible si se pierden las perspectivas generales. La función del Gobierno es representar el interés general, y no bajar al ruedo de la demagogia para mantener unos votos. Por ahí se equivocan, pues la ciudadanía no es tonta, y pronto o tarde se percata de quién defiende realmente el bien común. Trabajadores sin empresarios son carne de paro, como ocurre en la realidad presente. Ambos se necesitan mutuamente, y están obligados a entenderse, y el Gobierno debe ser el catalizador de ello; y, debe gobernar para todos, olvidándose de colores o de tópicos desgastados y caducos.
El populismo característico de encefalograma plano al que ya nos tiene acostumbrados Zapatero nos está llevando no sólo a un desempleo sin precedentes y a la pobreza, sino también a un panorama tan grave como el que se manifiesta en los hospitales, que ya tienen un déficit escalofriante de profesionales de la sanidad, fruto del déficit presupuestario. Pronto veremos otras consecuencias igual de nefastas en el afrontamiento de las necesidades básicas que protege nuestra Carta Magna, que hoy es papel mojado en casi todo su articulado. En definitiva, ¿será capaz el electorado socialista de ver el problema que conlleva el votar a un irresponsable que diluye en la nada los propios elementos programáticos que han sido signo y seña de los ideales socialistas?
Yo diría al elector socialista que piense, y que tome conciencia de que el peor enemigo lo tiene en su propia casa. O cambian al rector de sus políticas o cambian el voto. No hay salida.
Ernesto Ladrón de Guevara | Me reafirmo: soy un reaccionario
Una de las expresiones más al uso de los seguidores de esa imagen de marca que acuñó Rodríguez es la de que ellos representan la progresía del País, y los demás somos unos reaccionarios. Por tanto, yo me considero un reaccionario que busca el progreso de España pero sin ser progresista. ¿Es posible esto? Evidentemente sí.
Ser progresista, según ZP, es mentir como un bellaco. Desde lo del 11M no ha habido más que trolas encadenadas y sin interrupción. Por ejemplo, antes de las Elecciones Generales últimas nos insistían de forma compulsiva que no estábamos ante una crisis sino ante una deceleración de la espléndida situación económica que según él se encontraba la España de la asimetría asimétrica. A la vista de los resultados, menos mal que no estábamos en crisis, porque si no… Tras las Elecciones Europeas nos vienen con la historia de que van a subir los impuestos porque el paro no bajará hasta el 2011. Lo que no nos dicen es a qué ritmo se va a destruir el empleo y si vamos a tener que emigrar con lo que así se reducirían drásticamente las cifras del desempleo; y si mientras tanto vamos pagando con los ahorros de todos los españoles el regreso a sus respectivos países de los que vinieron de forma ilegal y fueron regularizados de forma irresponsable habremos bajado las cifras del paro, aunque no se hayan creado nuevos puestos de trabajo. Y yo me pregunto sobre la razón de que no nos dijeran ésto antes de las últimas Elecciones. Aunque me atrevo a dar una justificación: la política del gobierno es la del engaño sistemático, la ocultación de las realidades, la mentira sistemática, etc. ¿Es eso ser progresista? Pues yo no lo soy. Es más me da asco el progresismo de Zapatero. Sencillamente porque no es social ni socialista. Es antisocial: genera desasosiego, incertidumbre, temor a un futuro incierto ante la falta de políticas efectivas y coherentes para crear riqueza y estructura económica. Carga sobre las espaldas de los trabajadores más impuestos, menos poder adquisitivo, más precariedad. ¿Eso es progresismo? Pues yo soy profundamente reaccionario.
Si ser progresista es liquidar los chiringuitos de playa por un falso ecologismo barato de escaparate, yo soy reaccionario. ¿Así se promueve el turismo? ¿Qué pretenden? ¿Es su propósito que sólo se enriquezcan los ricos?; es decir los que tienen los mejores establecimientos con grandes superficies. ¿Qué es la política según ZP? ¿Joder al personal? ¿Quitar a la gente los pequeños placeres? ¿O acaso pretende que no vayamos a la playa? Porque al ritmo que llevamos con la subida de la gasolina por los impuestos, la persecución a los conductores para recaudar más multas, la retirada de los chiringuitos a píe de playa, y los “Eres” masivos, a lo mejor pretende que nos “autoeutanasiemos” todos los proletarios y las pequeñas y medianas empresas para así reducir el problema de la seguridad social quedando el “País” a disposición de los grandes capitales y de las multinacionales. Definitivamente no soy progresista, aunque sí busco el progreso.
¿Es progresista perseguir a los que hablen en la lengua de todos los españoles? ¿Es progresista liquidar la libertad individual? ¿Es progresista abolir los derechos individuales? ¿Son progesistas las listas de espera en los hospitales por el caos tras la regularización masiva de inmigrantes? ¿Es progresista cerrar centrales nucleares mientras compramos energía a Francia que está llena de ellas? ¿Es progresista llenar zonas protegidas y de especial valor paisajístico con cacharros con hélices? ¿Es progresista dejar a nuestros hijos la herencia de un territorio lleno de futura chatarra que no genera más de un 15 % de la energía eléctrica que consumimos mientras cerramos instalaciones que quienes saben dicen que son seguras? Pues me defeco en la progresía. Así de claro.
Yo quiero el progreso para mi País, no el progreso de los progresistas.
Ernesto Ladrón de Guevara | ¡De vergüenza!
Cuando yo me impliqué en política tenía una fe ciega en el altruismo generoso que creía que era el servicio a los demás. Yo tenía una convicción casi religiosa en que la política era una actividad humana que tenía como objeto hacer felices a los demás. Algo así como hacer misiones sin ir al Sahel africano. Una forma de servir a los demás con el prestigio de hacerlo. Mi padre me repetía –influido por las cicatrices que deja en el alma la vida azarosa de la “pre” y la “post” guerra, esta incluida- aquello de que “la política es para los políticos”. No había manera de convencerle de que políticos somos todos, pues el hecho de ser ciudadano en un Estado Constitucional hace que seamos políticos por naturaleza, es decir gente de la polis, con lo que implica que nos concierna a todos su gobierno. Pero no, el pobre hombre había sufrido profundos desgarros derivados de las contingencias que ahora queremos rememorar en eso que llaman “memoria” y prefería seguir con el sometimiento de las personas no libres antes que volver a repetir determinadas experiencias nada edificantes desde el lado humano.
Esto viene a cuento del punto al que ha llegado la política. Ya no es una actividad para hacernos más libres, más felices, con más bienestar. ¡Qué va…! Eso es lo que nos cuentan en una tonadilla que ya suena a vacía, a baldía, a inane. La política hoy ha devenido en una forma de jodernos más y mejor, -con perdón de la expresión-. Es una eficaz forma de entrometerse en nuestra vida, en nuestra intimidad, en nuestra libertad, a hacer intervencionismo asfixiante en las decisiones individuales para condicionarlas y alienarlas.
Voy a poner dos ejemplos para que se me entienda, aunque habría tantas muestras de ello como para confeccionar un diccionario de términos:
Isabel Celáa, consejera de Educación recién estrenada, ya ha dejado a la luz su naturaleza metementódica. Quienes creían que iba a cumplir la literalidad del compromiso político firmado con los pardillos populares se equivocan y lo peor de todo es que las ganas de que gobierne alguien después de treinta años de nacionalismo peneuvero podría hacernos perder la perspectiva de las cosas. Por eso nos engaña. Ha anunciado que el modelo A de la enseñanza –todo en castellano hasta ahora- será mejorado. ¿En qué consiste la mejora? Pues consiste en que algunas asignaturas serán impartidas en euskera. En que el euskera será vehículo de enseñanza-aprendizaje. Y alguien, sin entrar muy en el fondo de la cuestión podría decir que este servidor es un exagerado en la queja, pues qué tiene de malo ello. Pues bien…, sin entrar en las razones pedagógicas –abundantes desde la literatura de los especialistas internacionales- de la inconveniencia de generalizar la inmersión lingüística en la enseñanza en un contexto diglósico, Celáa nos engaña, pues lo que propugna dejaría de ser modelo A para pasar a ser modelo B (parte de la enseñanza en euskera y la otra parte en castellano. Es decir, se vulnera así, por las bravas, la voluntad de los padres, que eligen, haciendo uso de su constitucional derecho a elegir el tipo de educación para sus hijos, la lengua de aprendizaje que quieren para sus hijos, es decir la lengua materna. Claro está que, al decir de significativos representantes del partido socialista, no existe el derecho a la lengua materna en la enseñanza, y así estamos… Pero, ¿con qué legitimidad intervienen de forma despótica en la libertad de los padres? ¿Quién es Celáa o el sunsuncorda para decidir lo que queremos respecto a nuestros hijos?
Pasemos en parecido orden a otra cuestión de notable paradoja: resulta que nada menos que el ochenta y siete por ciento (87 %) de los profesores que pasan por los programas de euskaldunización suspenden el perfil lingüistico en el que se examinan. Eso tras tres años de liberación con lo que ello nos cuesta a todos los contribuyentes que tenemos que pagarles el sueldo mientras aprenden la lengua de Túbal. ¿Pero es culpa de los profesores? Evidentemente no. Bastante suplicio tienen ellos en tener que abandonar durante tres cursos académicos las aulas, en muchos casos, para verse obligados a la tortura de jugarse su futuro profesional a una sola carta tras cientos de horas de aprendizaje, en un examen que más parece la comparecencia ante el Tribunal de la Inquisición que un acto académico. La culpa es del comisariado político y de quien está empeñado en dejar en el arcén a cientos de profesores que desesperados se han visto obligados a emigrar en una diáspora que sólo se puede calificar como política. Es un verdadero filtro o purga de carácter político. Me explico mejor aún: es una forma de sustituir a unos profesores por otros. A unos profesores que siendo vascos de origen o habiendo llegado en su momento de otras regiones españolas por el concurso de traslados sin conocer el euskera, en zonas donde no más del cinco por ciento de los ciudadanos lo conocían hace treinta años, se les obliga, por agotamiento psíquico, a irse y así poner a otros en su lugar que son seleccionados por el dedo del comisariado político. ¿Hablamos de sindicatos en la enseñanza en Euskadi? Sabemos que se filtra al profesorado y que la modificación exponencial en la componente ideológica, tendente al abertzalismo, de los trabajadores de la tiza no es una mera casualidad. ¿No es eso una vergüenza? ¿Quién suspende: el profesorado o la clase política que permite este desafuero con atropello a nuestro bolsillo y a los derechos de padres, profesores y alumnos?
Por favor…, con nuestros hijos no.
Ernesto Ladrón de Guevara | Han matado a un ángel….
de la guarda de la gente decente que quiere vivir en paz y libertad, y que practica el respeto a la ley y la convivencia democrática.
ETA es lo que ya sabemos: una pandilla de gentuza mal nacida que no tiene ni idea de lo que es la dignidad humana. ETA es eso: basura.
La antítesis de ETA es Eduardo Puelles. Un héroe que vivía su profesión como una misión sagrada: la de protegernos a todos y espiar a la gente mala para evitar que destrocen nuestras vidas. Él ha pagado con su vida el tributo por defendernos a los ciudadanos de bien. Tiene razón su viuda al decir con palabras vibrantes que ETA no va a poder jamás con los muchos “eduardos” que resisten y combaten a los asesinos, si es necesario con su vida. Yo quisiera ser uno de ellos. No sé si hago lo suficiente, pero lo proclamo en voz alta y clara: soy enemigo de ETA y también de aquellos que actúan de camuflaje del brazo político de ETA que impunemente nos amenazan diciendo que si no se negocia van a caer más ciudadanos de bien como el héroe D. Eduardo Puelles. ¿Dónde está la Fiscalía que no interviene de inmediato sobre el cabeza de lista en la que los proetarras se disfrazaron en las últimas elecciones para burlar la ley? ¿Y el Tribunal Constitucional qué dice ahora?
Para que nos hagamos una idea: un poder detentado por los proetarras sería como el de los “guardas ultraislamistas de la revolución” que masacran al pueblo iraní e impiden los más básicos derechos democráticos. Atacan a los medios de comunicación que ponen luz y taquígrafos sobre lo que está sucediendo en Irán y persiguen a la masa de población que lucha por clarificar lo que ha ocurrido en el fraude electoral que modifica la voluntad del pueblo, y defender una elemental lógica democrática.
Hoy es un deber cívico de la comunidad internacional implicarse en la exigencia de respeto a los derechos humanos en Irán y no mirar para otro lado.
Y, de la misma manera, es obligación de todos los ciudadanos españoles y europeos, y de la comunidad internacional en su conjunto, defender la civilización occidental con uñas y dientes, exigiendo el imperio de la ley y la acción de la justicia, para que caiga sobre aquellos que subvierten los más elementales principios del respeto a la vida, los derechos humanos y las más primarias reglas de funcionamiento de las sociedades libres.
Quienes con su silencio o con su complicidad amparan a estos fanáticos asesinos deben ser excluidos del juego democrático y apartados a un ostracismo depuratorio.
Ernesto Ladrón de Guevara | Crisis global de valores
No es verdad que el principal problema que tiene España sea el económico. El paro y otras pandemias que afectan a la sociedad española son el síntoma, de la misma manera que la fiebre no es la enfermedad, y tampoco se puede afirmar que la infección sea el problema. La afectación de nuestro organismo está en la debilidad de las defensas, en el envilecimiento de las costumbres hasta dejar al cuerpo sin mecanismos para oponerse a la contaminación vírica. La crisis es de valores. Es más profunda de lo que parece.
Donde hay valores, donde hay capacidad para separar lo principal de lo accesorio, donde hay resistencia a la fatiga y capacidad de sacrificio para conquistar baluartes con principios inmutables de carácter universal, donde hay creencias en cuestiones ineludibles sin las que la vida se convierte en mera existencia próxima a la de la ameba no hay crisis económica que dure. Se sale adelante siempre. Lo malo, lo fatal, lo catastrófico es que a una crisis de valores de etiología estructural se añada otra de más calado en los valores que nos humanizan, sin los cuales nos convertimos en meros entes errantes cuya existencia pende de un hilo, por frágil y por estar desprotegida.
Nos encontramos bajo el signo del nihilismo nietzscheriano, y bajo la sombra de los Illuminati que nos engulle llevándonos como rebaño de borregos hacia el Nuevo Orden Mundial. El nihilismo es un estado del espíritu obsesionado por la Nada, cuyo auge y difusión plantea el problema del destino de la civilización. Aboga por la muerte de Dios. Y, como Dostoievski dijo “si Dios no existe todo está permitido”. El nihilismo está íntimamente relacionado con la pérdida de la realidad, del sentido de la vida y de las cosas y nos aboca a un objetivo donde las fronteras entre el bien y el mal no existen y donde se pierde el sentido de la conciencia que consiste en el comportamiento ético bajo el paradigma moral.
Esto es lo que impregna este desastre para nuestra tradición cultural y para las costumbres generadoras de una sana convivencia, con el impulso hacia el aborto libre, hacia el asesinato consentido, hacia la liquidación de la especie que proyecta ese ideario liquidacionista. No se puede entender que se deje en manos de personas inmaduras la decisión de abortar, el drama para su naturaleza de mujeres y madres que supone el acto traumático de interrumpir un embarazo, de cercenar una vida en proceso de crecimiento que es lo que está en el vientre de una mujer cuando el embrión transita hacia el estado de feto. Es una agresión salvaje al acto más maravilloso que está intrínseco en la naturaleza humana cual es el de gestar un nuevo ser humano. El milagro de la creación por antonomasia que es el alumbramiento de nuevos entes irrepetibles con forma humana tiene un valor infinito en sí mismo. El cambiar la naturaleza del devenir de la humanidad es retrotraernos más allá de la época de las cavernas, con el agravante del deterioro de esos valores que están intrínsecamente unidos a la etimología del término educación. ¡Qué generaciones vamos a traer en el futuro con estos mimbres! Vamos literalmente a la autodestrucción como sociedad y como fenómeno cultural germinado por el legado de los siglos.
El poner en las manos de adolescentes la píldora postcoital sin receta médica ni control es otro atentado a la lógica más elemental. Estamos gobernados por irresponsables que nos llevan a la disolución en el terreno de la moral, de lo social, de lo político y de lo económico. Nunca ha habido en España un gobierno tan nefasto. No es posible mayor insensatez.
Y lamentablemente en lo que llamamos centro-derecha no vemos la determinación suficiente para erradicar la barbarie de la política. Mal vamos por este camino.
Ernesto Ladrón de Guevara | Al árbol caído
No se trata de hacer leña del árbol caído. Ibarretxe ya ha anunciado su retirada de la política vasca, lo cual es una buena noticia para los españoles en general y para los vascos como españoles en particular. En la historia reciente no ha habido periplo político tan negativo para la tranquilidad de los ciudadanos, para la convivencia pacífica y para la estabilidad política que el tránsito de Ibarretxe como lehendakari. Conocí a Ibarretxe cuando fue portavoz del Grupo Juntero Nacionalista en las Juntas Generales de Álava, allá por comienzos de la década de los noventa. Yo era en aquel tiempo portavoz del Grupo Socialista en la misma institución y había un pacto de gobernabilidad PNV-PSE/EE que en líneas generales no fue negativo, porque hicimos primar el sentido común y el servicio a los intereses generales a las legítimas aspiraciones de los respectivos partidos. Me tocó llegar a acuerdos con Ibarretxe y he de decir a su favor y para no faltar a la verdad que era una persona muy cordial y negociadora, con bastante sentido de la lealtad. Pero eran otros tiempos. Su llegada a la lehendakaritza, y sobre todo las nuevas percepciones que se abrieron en la sociedad vasca tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hicieron replegarse a los nacionalistas en una actitud agresivo-defensiva, mediante un pacto con ETA en el Acuerdo de Estella para el arrinconamiento y expulsión de la vida pública de los no nacionalistas. Y se abrió un nuevo tiempo de radicalidad nacionalista y de posiciones excluyentes. El paradigma más notable de ese síndrome fue la reacción del PNV, pero en especial de Ibarretxe, ante el asesinato de Fernando Buesa por ETA, vergonzosa e indignante, ofendiendo la sensibilidad de los que lloramos la desaparición del líder socialista. Perdida la dignidad y el pundonor ya todo era posible. El que fuera dialogante y cordial se convirtió en un mesías paranoico de la política vasca, alejándose de toda realidad. Es así de triste. Por eso, la despedida de Juan José Ibarretxe me produce un doble sentimiento. Por una parte de satisfacción porque puede abrirse un nuevo tiempo de cordura en las filas nacionalistas, pero por otra parte de conmiseración con el personaje.
Pero puede suceder que la reacción del PNV sea la de irse al monte. El que fuera presidente del EBB, Sr. Arzallus, ha declarado, según refiere Libertad Digital, que si PP y PSOE siguen así “habrá una rebelión” y “será lo más grave que ha pasado desde la Transición”. Yo espero que la gravedad de estas palabras con tintes de amenaza se ciña a algo personal y no representativo del sentir de los nacionalistas; que sea una reiteración de las barbaridades típicas contenidas en los exabruptos de este señor; y que no corresponda con el pensamiento de la mayoría del mundo nacionalista.
Yo particularmente no creo en la naturaleza intrínsecamente democrática del partido de Sabino Arana. Si tuvieran una cosmovisión realmente humanista y democrática habrían hecho ya renuncia al ideario genuinamente totalitario y xenófobo del fundador del nacionalismo vasco. Pero me consta que hay muchos afiliados nacionalistas con cultura democrática. Por ello tengo la esperanza de que la mayoría del partido de Arzallus no comparta sus palabras y vaya por la senda del pragmatismo y del sometimiento a las reglas de juego. Sé que soy algo ingenuo, e igual confundo deseos con realidad, pero para el bien de todos espero que sea así. Si no…, épocas convulsas nos esperan y la autoridad del Estado de Derecho tendrá que aplicar la razón del poder de Estado.
Ernesto Ladrón de Guevara | Sectacracia
La forma de resolver la crisis por Zapatero es la dimensión más sectaria y endogámica de las posibles. Ha optado por un Gobierno partidario y ha desechado su, probablemente, última oportunidad de rectificar y ponerse a trabajar al servicio de los intereses generales.
La incorporación al Gobierno del Presidente del Partido y del Vicesecretario General da la talla de lo que entiende ZP y su caterva partidaria por socialismo. Su concepción de la idea social no se distancia en exceso de otras experiencias del quehacer político, como la del PNV, donde se confunde sociedad con partido, ciudadanía con pertenencia a un grupo que más que una concepción ideológica es, simplemente, un instrumento para el ejercicio del poder y el reparto de las prebendas. Desgraciadamente nuestra democracia camina hacia la descomposición con este tipo de prácticas que se caracterizan por el ensimismamiento partidocrático.
Cualquier fórmula de gobierno que tenga como misión el servicio a la causa común de un pueblo, de una nación, de un Estado, debe enfocarse como selección de los más capaces, de los más entendidos en las áreas de gestión que desarrollen, de los más cualificados y prestigiosos, para dar como resultado un buen servicio a la prosperidad colectiva. El paradigma de lo chapucero en política, de la falta de autoestima gobernante, de la cortedad de miras, es nombrar ministra de economía a alguien que no se caracteriza por ser una autoridad en el campo, que vale lo mismo para un roto que para un descosido, que transita por diferentes ministerios como el que cambia de sala en el cine. La situación actual de los parámetros macroeconómicos en España no es para frivolizar, es para poner rápidamente cataplasmas o cirugías que detengan el tremendo deterioro que sufren nuestras economías colectivas e individuales. La falta de orientación en las políticas económicas, la improvisación continua con medidas ineficaces, que para lo único que han servido es para acrecentar la sangría de las cuentas públicas, da la imagen en foto fija de lo que es ZP como gobernante. La incapacidad para encontrar un modelo, el que sea, coherente, que detenga la caída vertiginosa de nuestras cuentas públicas no se resuelve nombrando a una persona que no da el perfil de conocimiento que ha de tener un ministro del ramo en estas circunstancias. La acumulación nunca vista, en este grado, de concentración de capitales en pocas manos es la antítesis de la ideología socialista en su concepción original. La desconfianza, la desesperanza, el escepticismo que se traslada a la opinión pública con la falta de idoneidad de este equipo para sacarnos del marasmo es lo peor que puede pasar para el reequilibramiento de nuestra economía nacional. Así vamos a la culminación del desastre.
Qué envidia me dan las democracias anglosajonas, donde lo sustancial no son los partidos políticos sino los representantes elegidos por el pueblo mediante listas abiertas. Representantes que rinden gestión individual ante la circunscripción que les ha elegido. Representantes que responden ante su conciencia ejerciendo su albedrío individual sin sometimientos a disciplinas y mandatos imperativos. Donde las estructuras partidarias son un simple canal para organizar las corrientes ideológicas, pero que no interfieren la acción de gobierno. España debe aprender de esas democracias y no someterse a las disciplinas oligárquicas partidarias, que ahogan la creatividad, la generosidad del servicio a la causa colectiva, la trasparencia en la gestión y en la canalización de la voluntad ciudadana. Hay mucho camino para avanzar en una verdadera democracia.
Repito, una vez más, la sentencia filosófica unamuniana , tan oportuna en las actuales circunstancias: “Cuando me dicen que ese es mi centro, me digo: mi centro soy yo…, porque vale más ser ola pasajera en el océano que charco muerto en la hondonada. No quiero que me señalen el camino hecho a cordel que he de seguir; quiero abrirme el mío con mis propios pies a campo traviesa, y pisando sus sementeras si es preciso. Me han dicho algunos que así no voy a ninguna parte. A donde quiera que vaya a dar dará mi todo y no la parte que ellos me señalen. Si la fórmula de mi individualidad es complicada, no voy a simplificarla para que entre en su álgebra; más vale ser cantidad irracional que guarismo en su cuenta.”
Ernesto Ladrón de Guevara | Bajo el síndrome de Espartaco
Las elecciones vascas se celebraron ya hace unos días. Los suficientes como para hacer una valoración del escenario que se avecina, sin apasionamientos estériles.
Las reacciones de los nacionalistas son las propias de quienes han configurado un régimen, formalmente democrático, pero de muy baja calidad en las fórmulas de convivencia y en el modelo de representación. No es que la democracia en España sea precisamente un paradigma de perfección. Los déficits son evidentes y la legalidad es como un chicle que se adapta a las necesidades, pero nadie con sentido común es capaz de razonar con un mínimo de inteligencia diciendo que el País Vasco se haya destacado por un pluralismo en el juego político y por la igualdad imprescindible en las opciones de poder. La sola presencia de ETA ya es un argumento suficientemente contundente para convencer a todo aquel que desapasionadamente analice lo que ha ocurrido en estos últimos treinta años de hégira nacionalista. Y a estas alturas nadie es capaz de rebatir la evidencia de los hechos, sobre todo la que muestra que el bloque separatista ha sido el directamente beneficiado por el terror y el que ha estado flirteando con todo descaro dando, incluso, cobertura en todos los órdenes, explícita o implícitamente, de forma denotativa o connotativa, al llamado frente social de ETA. Hasta el punto de constituir un Régimen solapado en proceso de estructuración totalitaria bajo el nombre de Euskal Herria. El Pacto de Lizarra fue el punto de inflexión más importante y clarificador en esa dirección.
Por eso, por esa reacción cercana al paroxismo, queda en evidencia la necesidad de regenerar la vida social y política. La exigencia ineludible de recomponer las posibilidades existentes de convivencia en pluralidad, resituando la vida pública donde tiene que estar, que es en el Forum ciudadano, en la cívitas social, allí donde convergen todos los impulsos vitales convergentes o divergentes, diversos, como expresiones variadas de un elemento común: las gentes que comparten sentimientos de pertenencia diferentes. Para desarrollar proyectos en todos los órdenes, culturales, filosóficos, religiosos, económicos, educativos, etc, bajo la sola condición de estar al albur de la libertad, de la ley y del respeto mutuo. No cabe para eso cesión alguna hasta su logro.
He leído a algún articulista criticar el déficit democrático al impedir presentarse a la opción de la serpiente y el hacha en estas elecciones, y dejar así sin posibilidad de representación a cien mil ciudadanos que pugnan por la esclavización del resto. Tampoco he visto yo que se haya posibilitado el voto a esos doscientos cincuenta mil vascongados que han tenido que exiliarse para poder desarrollar su existencia en paz y sin coacciones. No sé si les habrá ocurrido a otras personas, pero mi hija no ha podido ejercer su derecho pues viviendo de forma transitoria fuera de Vascongadas no le han llegado las papeletas de voto, para hacerlo por correo, y ya vemos que unos pocos votos pueden hacer oscilar un escaño de un bloque a otro del espectro político. Por no decir lo de los miles de jóvenes como mi hijo que han tenido que buscarse la vida fuera porque el ambiente aquí les resultaba irrespirable. ¿Cómo se soluciona eso? ¿Eso produce una buena calidad democrática? ¿Qué me dicen a eso, señores nacionalistas? Y sobre la transversalidad de los gobiernos para que sean de amplio espectro sólo hay una respuesta posible: treinta años bajo el signo excluyente dan de sí para exigir un pequeño giro hacia la otra parte. ¿O es que los vascos somos propiedad de quienes se sienten antiespañoles? Ya es hora de que cambien las tornas y que se de la vuelta a la tortilla como se decía en tiempos de la Dictadura. Cualquier fórmula totalitaria induce al sector oprimido de la sociedad a buscar los resquicios que permitan la ruptura del corsé que ahoga los impulsos liberadores. Es el signo de la Historia, en cualquier parte del universo humano, donde se mire.
Por tanto: sea el que sea el resultado de la formación del gobierno para la próxima legislatura, los vascos no nacionalistas hemos sentido un alivio, como si se nos hubiera quitado una losa que nos aplastaba. De momento hemos empezado bien. Y aunque los socialistas no están llevando a España al mejor puerto, la posibilidad de formar un ejecutivo que rompa parte de las cadenas del soberanismo esquizofrénico y fraticida junto a los representantes del pueblo oprimido ya es suficientemente esperanzador.
Quizás a modo de alegoría puede servir de contrapunto una anécdota que me contaron mis protectores, en un cercano bar próximo a mi casa. No voy a citar el nombre del personaje, conocido nacionalista (no es del PNV), que decía en voz alta para que lo oyeran mis escoltas:
–La culpa la tienen esos hijos de puta que protegen a esos españolazos de mierda, que votan lo mismo que ellos. Chupan nuestro dinero y encima nos quitan lo nuestro.
Así son las cosas de este País (vascongado). Los opresores que han chuleado como si fuera suyo se duelen porque las víctimas tengamos derechos. Por eso, y aunque fuera efímera la sensación. Ha merecido la pena, y estoy feliz.
Suerte, Patxi López, y que te dejen gobernar si no te hacen tropezar, y si no te equivocas como tus antecesores en el ejercicio legítimo del poder.
Ernesto Ladrón de Guevara | Preguntas en el aire
Pongámonos en actitud socrática, y busquemos la verdad por el método discursivo en clave racional.
En la “Ética a Nicómaco”, Aristóteles define los hábitos como aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. El hábito predispone a un sujeto para la realización perfecta de una tarea o actividad. En la medida en que la naturaleza predispone también a un sujeto (puesto que le da inclinaciones) sus acciones tendrán bondad o no. Por ello, los hábitos que llevan a las buenas obras y a las acciones constructivas son los que proceden de mentes sanas conformadas para hacer el bien y que están guiadas desde un subconsciente positivo.
Vayamos a las preguntas:
¿A quién beneficia un desastre de la economía como el que actualmente padecemos? El dinero circulante es el mismo. El valor de un billete de veinte euros sigue siendo más o menos el mismo, sin embargo el que tenía un pequeño capital formado con ahorro y privaciones y le ha cogido el derrumbe generalizado de la bolsa o los sucesivos fraudes financieros o inmobiliarios ha perdido su dinero. ¿A dónde ha ido? Pues no se ha volatilizado, sigue tangible en circulante. Mucho de ese dinero se ha refugiado en el oro. Otro está en liquidez, no se sabe bien dónde. Quien conocía las claves de la bancarrota económica del sistema y sabía que se iba a producir ha puesto a buen recaudo su dinero. ¿Pero quién sabía lo que iba a venir? Las clases medias no. Los pequeños ahorradores tampoco. Las pequeñas y medianas empresas menos. Entonces, ¿quién? ¿No ha habido una mayor concentración de capitales en pocas manos? ¿Por qué quienes están al frente del Gobierno de la Nación no manejaban estas claves y no fueron capaces de predecirlo? ¿Tan inútiles o ignorantes son? ¿Alguien se lo puede creer? ¿No han favorecido en la práctica esa concentración de capital en manos de quienes ya lo tenían de forma masiva, incluso canalizando sumas ingentes de más dinero circulante en aquellos que ya lo concentraban? ¿Cómo pueden pedir que la gente consuma más cuando han favorecido el endeudamiento masivo a todos los niveles de las capas sociales? ¿Dónde ha ido el dinero? ¿Es congruente que quienes se llaman socialistas sean los mayores favorecedores de la mayor concentración del dinero en pocas manos que se ha conocido en la historia?
Vayamos a más preguntas, en plan socrático: ¿A quién beneficia en realidad que la gente tenga pocos elementos de análisis por el empobrecimiento más escandaloso de la cultura que se ha conocido en la historiografía de la educación? Enlacemos esta pregunta con las anteriores.
En otro orden de cosas: ¿A quién beneficia realmente que la justicia no funcione? ¿Quiénes son los verdaderamente beneficiados de que los procesos de defensa judicial de las capas populares y clases medias tengan itinerarios temporales que convierten las sentencias en una burla para los afectados? ¿A quién beneficia que los contribuyentes, comúnmente llamados de forma inapropiada ciudadanos, no puedan defender sus intereses de forma efectiva en el ámbito judicial? ¿Cómo es posible que un gobierno llamado socialista esté tan interesado en que el sistema judicial sea inoperante? ¿A quién sirve realmente el partido socialista?
¿Qué intereses reales provocan el colapso del sistema sanitario? ¿Qué se persigue en la práctica con la congelación de medios humanos, materiales e infraestructurales en el servicio sanitario? Dicen que los presupuestos no llegan, entonces… ¿por qué se empecinan en canalizar ingentes sumas de dinero a tonterías que no interesan más que a los cacicatos de las autonomosuyas? ¿Qué intereses hay detrás de la fragmentación de España en un Estado inoperante, improductivo y ruinoso? ¿Quién está realmente detrás de todo esto?
Otra más: ¿Cómo es posible que un partido político en el Gobierno que interviene en nuestras vidas particulares hasta el punto de condicionar la lengua que debemos hablar, entre otras muchas cosas, le importe un rábano que perdamos todo control sobre los canales de producción y distribución de energía haciéndonos más dependientes del exterior que nunca antes? ¿Quién está detrás de los intereses que hay tras el control fuera de nuestras fronteras de un bien necesario como es la energía?
Por cierto, pregunta impertinente: ¿Por qué tanto interés en contarnos la película del 23-F cuando no viene a cuento? ¿Qué es lo que están intentando?
Y aunque sólo sea una pregunta a título anecdótico, ¿quién es realmente el señor X de ETA? ¿Quién, para qué y por qué existe ETA?
¿Qué pasó realmente el 11-S y el 11-M? ¿No habrá gato encerrado?
Etc…
Sólo son unas preguntas, por mi curiosidad científica, con ánimo ingenuo y desde la imprudencia de quien quiere saber. Sin más, y perdón.
Ernesto Ladrón de Guevara | Toda una vida…
Suponiendo que yo llegue a los noventa años, se me han ido dos tercios de mi existencia en dos regímenes políticos de corte totalitario: el de Franco y el nacionalista, y sigue…
Estos días, tras treinta años desde que se instauró la democracia constitucional, con un Estado Social y de Derecho sobre papel, se restaura la enseña del país que figura en mi D.N.I. en el lugar donde se dice que se sitúa la voluntad de los vascos. Es decir, en el Parlamento. Han tenido que pasar treinta años –tiene bemoles- para que la judicatura española haga ejecutivo el que la bandera de España, es decir la constitucional, figure en lugar visible de la Cámara que representa la co-soberanía vasca, como fragmento de Estado que es. Hombre…, nunca es tarde si la dicha es buena.
Urkullu, presidente del PNV, ha manifestado que no acepta esa bandera y que su deseo es impedir su exposición pública en la Cámara Vasca, pues hiere sus sentimientos nacionalistas. Y yo le pregunto al Sr Urkullu qué le parece que al menos la mitad de los vascos hayamos estado permanentemente zaheridos en nuestra sensibilidad vasco-españolista por la continua agresión que ha supuesto el que la bandera diseñada por Sabino Arana haya estado expuesta en nuestras sagradas instituciones forales, como expresión de la autonomía vasca. Una bandera que fue inventada por los nacionalistas para contraponerla o más bien oponerla a la española. No una bandera que represente la autonomía vascongada inserta en la hispanidad como legado histórico común, sino una bandera instrumentalizada para el separatismo más explícito. Desde Jesucristo hasta Kant ha sido una constante aquello de no hacer a los demás lo que no queramos que se nos haga. Pero el nacionalismo periférico ha pretendido machacar a todo aquel que hubiera concebido como estilo de vida la compatibilidad entre identidades y el respeto humano más elemental. Por tanto, Urkullu carece de toda legitimidad moral, aunque el PNV haya obtenido hasta ahora la mayoría simple de unos votos condicionados por el terrorismo y sobredimensionada por efecto de una diáspora a la que se ha privado de sus derechos políticos.
Todo un régimen ha de ser arrumbado, pero para ello son necesarios los escaños que obtenga el socialismo vasco, que de ninguna forma ha expresado hasta ahora su voluntad de configurar una nueva mayoría que produzca una alternancia real enviando a los nacionalistas a la oposición. Por el contrario, si algo ha quedado claro hasta ahora es que no gobernará con el Partido Popular. En consecuencia, mientras no se nos anuncie un propósito diferente al que hasta ahora se ha reflejado, los socialistas no son la solución al déficit de libertades que sufrimos los vascos desde que se pasó a un supuesto régimen democrático constitucional que en la práctica ha estado ausente de nuestras vidas más allá de lo meramente formal y aparente.
En consecuencia, quienes aspiramos a cambiar las cosas en el País Vasco tenemos un buen motivo de reflexión si verdaderamente no queremos que las cosas sigan igual o parecido.
Ernesto Ladrón de Guevara | Una ficción no ficticia
Para los que se declaran contra Israel conviene hacer una elucubración sobre hechos reales:
Cuestiones previas:
-
Es un hecho comprobable que en los países donde se ha instaurado el Islam como religión oficial no existe respeto a otros cultos. Cualquiera que haya visitado a países islámicos sabe que el resto de las religiones están perseguidas. El día, por ejemplo, que en Estambul se respete la historia de la antigua Constantinopla y Santa Sofía vuelva a ser un templo cristiano, se podrá hablar de tolerancia religiosa y Estado laico. Mientras tanto es una constatación evidente que los países islámicos no respetan las libertades ciudadanas y vulneran los más elementales derechos humanos sobre todo en lo que se refiere a las libertades públicas.
- Es un hecho incontrovertible que los niños que se educan en la cosmovisión islámica tienen restricciones graves en su desarrollo personal. Por ejemplo, tienen prohibida la lectura de textos religiosos de otras confesiones, como la Biblia, aunque sea ésta la fuente de la propia fe musulmana. Otro ejemplo que podríamos esgrimir es que tienen restringida la visita a las iglesias de otras confesiones, aunque sea con fines meramente culturales y de conocimiento del medio en el que viven. Por ello no tienen intención ni voluntad de integración en el país que les acoge, y aspiran a conquistar desde el punto de vista cultural y religioso ese entorno. Para ellos es cosa de tiempo y de persistencia con la teoría de la difusión capilar. Desconocer esto es o ingenuidad o ignorancia supina, imperdonable en una clase política que renuncia a las raíces de su historia y civilización. El famoso medievalista Claudio Sánchez Albornoz ilustró esto en su acertado libro “De la Andalucía islámica a la de hoy” publicado en 1998 por Rialp. Decía Sánchez Albornoz…”Para bien de España se realizó la Reconquista que incorporó definitivamente mi patria a la vida cultural de Occidente y la permitió ejercer temporalmente maestrazgo sobre Europa. Para bien de España, de su vida espiritual y material, fueron expulsados los islamitas de la Península Hispánica. Gracias a esa expulsión no hemos sufrido la gran noche de la que aún no ha salido el mundo islámico. (página 30)
Supongamos que un día Israel deja de ser el parapeto que impide la expansión del islamismo, ¿alguien duda que el paso siguiente sería la conquista de su anhelado Al-Andalus? ¿No se dan cuenta de que el Estado de Israel es el freno a una nueva oleada de islamización del occidente con todo lo que ello implica?
Es contradictorio a todas luces que prediquen por la igualdad de género (sexo pues la gramática no puede ser objeto de políticas de igualdad) y que no pongan reparo a la expansión del Islam con ese buenismo característico de supinos ignorantes. Es igualmente paradójico que quienes adoptan un discurso hueco a favor de los derechos humanos de las personas como entes individuales ignoren que la cultura islámica no respeta los derechos individuales y se rige bajo paradigmas teocráticos. Quienes adoptan poses meramente estéticas tendrían que ver los vídeos que están difundiéndose por Internet sobre cómo tratan los palestinos de Hamas a los niños, parapetos en unos casos o activistas orientados al terrorismo otros, en un abominable ejemplo de adoctrinamiento al más puro estilo nazi.
Si un día el borde sur del area mediterránea fuera controlado por el poder islámico no habrá fuerza que impida su expansión hacia el margen del norte mediterráneo entre otras razones porque ya hay una sustancial presencia de la religión musulmana en los países del espacio europeo por el laxo tratamiento que se ha dado durante décadas al fenómeno de la inmigración magrebí. Y no sería malo aprender de la historia y ver cómo cayó el imperio romano.
Ernesto Ladrón de Guevara | El mundo al revés
Miércoles, día 30 de diciembre, efemérides de mi llegada al mundo. Se celebra el juicio contra Iñaki Ezkerra, Daniel Portero y Antonio Aguirre por “desórdenes públicos”. Así lo estima la autoridad competente que no es lo mismo que la competente autoridad. El motivo de esta encausación, es, como todo el mundo preocupado por la marcha de este País sabe, un incidente que ocurrió hace más de un año ante la correspondiente sede de la justicia injusta de “estepaís” en un episodio que todo el mundo conoce como el “juicio de la patada”. Recordarán todos ustedes como el que fue vicepresidente del Foro Ermua -antes del golpe de mano urdido en el Foro Ermua contra su propia dirección- recibió una coz en sus partes innombrables por un disciplinado militante nacionalista cuando salía de la vista pública acompañado por el presidente de la Asociación, Iñaki Ezkerra, y por el presidente de otro colectivo: “Dignidad y Justicia”. Triste sarcasmo: Dignidad y Justicia en un día en el que se personaliza la iniquidad y la injusticia, con un juicio a las víctimas en lugar de sentenciar contra el agresor. Paradojas que suceden en un Estado, el Español, en el que se permite que un gobierno autonómico se pase por la entrepierna las sentencias de los tribunales en torno al derecho de padres y alumnos a recibir la educación en la lengua estatal, y se procesa a quien recibe una patada en los cojones mientras que el agresor recibe los parabienes y el aplauso de quienes tienen sometidos a los vascos a un régimen con apariencia democrática. Lo que se está reflejando en esa foto que ya es fija es la situación de acoso a los no nacionalistas y la existencia de una policía al servicio del Régimen.
Por si alguien lo ha olvidado, Iñaki Ezkerra, Antonio Aguirre y Daniel Portero en aquella jornada hicieron un ejercicio de civismo responsable representando a sus respectivas asociaciones en una causa contra Ibarretxe, ejerciendo la acusación particular por reunirse con los representantes de una asociación política ilícita, ilegalizada. Una asociación declarada como parte del entramado político de ETA. Iñaki Ezkerra, Antonio Aguirre y Daniel Portero no tenían ninguna necesidad de complicarse la vida, pero lo hicieron por el Estado de Derecho y la dignidad de las personas de bien, denunciando la complicidad tácita reflejada en esa imagen en la que compartían sillón y despacho el presidente de una Comunidad Autónoma que según reza la Constitución es, a la vez, representante del Estado en el País Vasco y portavoces del conglomerado etarra posteriormente encausados y encarcelados.
Pues bien… Miren lo que son las cosas… Poco después, la actual Presidenta en funciones del Foro Ermua organizó el derrocamiento de Iñaki Ezkerra en su función de la presidencia de esa Organización Cívica. Vaya contrasentido: quien trabaja por el civismo actuando con alevoso incivismo dentro de la propia Organización. Podría Doña Inmaculada Castilla de Cortázar haber acompañado a Iñaki Ezkerra en su valerosa acción de denuncia y personamiento en los tribunales, pues no…, pensó más bien que Don Ignacio Ezkerra tenía que terminar su mandato antes del tiempo estatutario, en una trama un tanto oscura y en un momento en el que el propio Ezquerra, al parecer, exigió las cuentas. ¿Por qué motivo el Foro Ermua no tiene presidente desde los aciagos acontecimientos que denuncio? ¿Qué intereses ocultos dan pábulo a que Doña Inmaculada actúe como vicepresidenta sin haber cubierto la presidencia tras el derrocamiento de Iñaki Ezquerra? ¿Qué hay detrás de todo ello? ¿En qué lugar se está dejando a los modos democráticos?
Y aún los socios están esperando a que se les presente las cuentas detalladas y previamente auditadas de la Asociación, superándose con creces el tiempo dispuesto en los propios Estatutos.
Doble injusticia la que padece el digno y valeroso Iñaki Ezkerra.
Desde estas líneas mi solidaridad, compañeros, y exigencia de justicia real.
Ernesto Ladrón de Guevara | No debe haber bulas para la impunidad
Este fin de semana nos ha sobresaltado otro episodio de estafa multimillonaria. Otro más para aumentar la costra de insensibilidad a la indecencia que ya empieza a tener eso que Ortega llamaba la “masa” o más bien las masas. De tanto sinvergüenza o ladrón de guante blanco que pulula en la escena económica, y, yo diría más, en casi todos los escenarios de la vida social ya no sabe uno dónde poner el dinero, cómo eludir los efectos de la inmoralidad institucionalizada, qué hacer para evitar ser zarandeado de una u otra forma. Y eso no deja de ser un resultado más de la decadencia de valores, y cuando me refiero a la dimensión axiológica no lo hago pensando en las ideas transcendentes sino al mero civismo, a la idea kantiana de que la moral es no hacer a otros aquello que no queremos que nos suceda a nosotros mismos. Aunque sólo sea eso: un planteamiento meramente racional y empirista, pero compuesto de parámetros de sensibilidad con los demás, de empatía con el otro, del bien hacer y del buen ser. Quizá sea un desiderátum utópico, pero si no se analizan las causas del por qué las cosas van tan mal, de la desconfianza generalizada en nuestras instituciones, en el sistema financiero, en las redes de interacción económicas, sociales y culturales, en nuestro sistema de garantías constitucionales y de protección a los individuos como sujetos de los derechos y de las libertades, todo tenderá a empeorar. Tenemos la obligación moral individual y colectiva de dejar un mundo mejor a nuestros hijos y eso me parece que no lo estamos haciendo ni de lejos.
Leo en el diario El Mundo que ninguna de las instituciones parlamentarias en España ha sido auditada por los tribunales de cuentas públicas, y que lo mismo ocurre con otras instituciones de la envergadura del Consejo General del Poder Judicial y de la propia Casa Real. La razón de ello parece ser la poco convincente excusa de que son poderes independientes y que los tribunales de cuentas públicas están para aquellas instancias ligadas a los ejecutivos de la Administración pública. Y ello me produce un profundo desasosiego, quizás porque yo mismo he podido ser testigo de lo que pasa en los propios entramados internos de algunos legislativos y mucho me temo que es una mera experiencia singular.
Ningún tribunal de cuentas pública va a auditar a quien tiene el poder para nombrarle o revocarle. Todos sabemos que esas instituciones cuyo objeto es velar por la buena gestión de nuestros dineros públicos, nacidos de los impuestos que nos embargan, son nombrados por las respectivas cámaras parlamentarias, y, en definitiva por los partidos que en ellas actúan. Y todos sabemos con qué criterios se eligen a las personas de esos órganos de control de las cuentas públicas; es decir, en función de la adscripción y servilismo a tales o cuales partidos. Por tanto, difícilmente pueden ponerse la soga en su propio cuello auditando las fuentes de financiación de los partidos políticos que como todo el mundo sabe nacen en el dinero ingresado en los grupos políticos institucionales. Supongo que nadie se extrañará de esto que afirmo, pues es conocido y consentido.
A mí me tocó vivir al final de la última legislatura una situación ciertamente kafkiana. Yo tuve la responsabilidad institucional de representar a un sector de la ciudadanía alavesa en una cámara parlamentaria, con la circunstancia de que a mitad de legislatura el partido político que me aupó al primer puesto de la lista electoral para esa tarea de encomienda representativa quedó disuelto. Fui el último y único representante elegido por los ciudadanos de esa opción política. Evidentemente me adscribieron al grupo mixto del que fui único componente. Como yo mismo era Grupo Político de una opción desaparecida, cosa paradógica pues se entiende que un grupo son dos o más personas, pero no existe nada que se parezca a un grupo unipersonal, recibía una financiación no precisamente despreciable en ese concepto grupal de entelequia ininteligible. A pesar de que había precedentes en esa misma institución parlamentaria de individuos que al final de la legislatura se llevaron de forma impune el montante económico de esa subvención al desaparecer el vínculo que les unía al partido que les auspició, yo creí oportuno tramitar sendas consultas tanto a los servicios de la Cámara como al Tribunal de Cuentas correspondiente sobre la naturaleza de ese dinero y el destino del mismo terminado el mandato representativo. Ni en uno ni en otro caso se me aclaró de forma determinante y explícita que tenía que hacer con el mismo, siendo la respuesta más clara la de que “si usted tiene un remanente puede devolverlo”. Ya sabemos que no es lo mismo poder que deber, con lo que hubiera sido igual de pertinente quedármelo que devolverlo, pues lo que yo quería obtener como respuesta era un mandato imperativo por vía oficial y ejecutiva. Respecto al procedimiento nada supe. Tampoco era imputable a las personas a las que puse en ese compromiso aclarar algo difícilmente dilucidable a la vista de la ausencia de norma regulatoria respecto a dichos emolumentos no personales, y en ausencia de norma cabía diferentes posibilidades, incluido el que yo me llevara a mi cuenta personal ese dinero.
Opté por devolverlo. E ingresé en la Hacienda pública noventa mil euros. Bien es verdad que si me los hubiese quedado no hubiera ocurrido nada por vía judicial o administrativa ante la anomia imperante, pero no sólo mi conciencia sino mi honorabilidad tenían mucho más valor que los buenos provechos personales que me hubiera reportado ese montante económico.
Cito esta experiencia personal para dejar en evidencia que hay zonas impunes respecto a la supervisión del buen proceder en la gestión del erario público.
Cuando se dice que la clave para salir de esta crisis es la regeneración de la confianza habría que cambiar muchas cosas para que ésta sea restituible. Pero de eso hablaremos otro día.
Ernesto Ladrón de Guevara | Cuando la política se hace repugnante
Desde que Zapatero alcanzó la Secretaría General del PSOE, con la excusa de la renovación, el espíritu de la Transición ha sido sustituido por el del 11-M en lo que se refiere a la falta de respeto a unas reglas mínimas de convivencia política y de una dignidad elemental en el juego democrático.
Probablemente la actuación del PP con respecto a la guerra sucia del GAL supuso un punto y aparte en la actuación del PSOE con su principal rival electoral. Las razones de Estado, incluidas las que se refieren al respeto mínimo a las reglas democráticas y a una elegancia esencial en la pugna política, fueron sustituidas por las razones de poder. Y la conquista o sostenimiento del mismo nos ha traído un nuevo estilo cuya expresión más significativa fue aquella frase que un día fue captada por un micrófono del “sea como sea” que pronunció Zapatero.
Lo ocurrido estos días atrás en Bombay nos deja al descubierto la cara más mezquina y perversa que tiene la ausencia del respeto humano.
Nada más aterrizar la presidenta de la Comunidad de Madrid en Barajas se han sucedido dos críticas a la forma de actuar de ésta. La primera de un eurodiputado de CIU hechas al calor de las circunstancias que después no ha sido reiterada ni corregida, probablemente por haber llegado a la conclusión de la injusticia de la misma al tener más conocimiento del desarrollo de los acontecimientos. Quizá esta crítica, en la que se vertían acusaciones a Esperanza Aguirre de haber abandonado a la delegación desplazada a Bombay y de haberse puesto a salvo sin pensar en los demás, fuera realizada de forma un tanto precipitada y su autor, al haberse dado cuenta de su error, simplemente ha optado por el silencio posterior respecto a este juicio hecho de forma apresurada e irresponsable. La segunda crítica procede de José Blanco, Secretario General del PSOE, quien entre otras cosas ha comentado que “se marchó corriendo de India sin importarle la gente que quedaba allí en situación de dificultad”. Evidentemente esta acusación debería ser objeto de una querella criminal por la gravedad contenida en dichas palabras.
Es suficiente mal trago haber estado al borde de la muerte, y haber tenido que huir de una situación en la que lo primero que le viene a uno a la cabeza es cómo salir de ella sin daños físicos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, en cualquier otro país de nuestro entorno occidental habría sido agasajada y todo el mundo estaría pendiente de su estado de salud y de su conmoción emocional. Todo el arco parlamentario se volcaría en interesarse por su estado anímico, como el de cualquier otro ciudadano o ciudadana que pasara por esa atribulada circunstancia, sólo que Esperanza Aguirre no es una persona corriente, sino una mandataria de una de las más importantes comunidades españolas. Pero en España no. En España los políticos se comportan de forma cainita con sus propios compañeros de representación, sin atisbo de piedad ni de compasión. Y eso es una desgracia, pues nos deja al descubierto que la España fraticida no ha sido enterrada, sigue latente y auspiciada por quienes están en el interés permanente de abrir las fosas y resucitar los odios pasados.
La revelación por la Jefe de Gabinete de la Presidencia de la Comunidad de Madrid de los hechos sucedidos por el asalto terrorista a Bombay es estremecedora y, por otra parte, clarificadora de la realidad de lo ocurrido y del comportamiento de Esperanza Aguirre. Cualquier ciudadano o ciudadana habría procurado salvar el tipo de la forma que hubiera podido, como es normal en circunstancias como las sucedidas en la ciudad financiera de India, pero Esperanza Aguirre actuó de forma solidaria con el grupo que le acompañaba.
”Una vez que la delegación logró agruparse y salir del hotel en pleno bombardeo, yo permanecí en la entrada preguntando a la Policía dónde estaban la presidenta y el resto de la delegación y pidiendo que los sacaran de allí, pero la Policía sólo me decía que abandonara las inmediaciones del hotel, que me marchara inmediatamente, y salí corriendo, crucé la carretera y huí con mis compañeros hacia el malecón”. “Entonces, llamé a la presidenta al móvil pero no contestaba. Insistí e insistí y finalmente lo cogió. Presidenta, sal de ahí como puedas, el hotel está ardiendo. Esto es horroroso, hay explosiones, tiros…, no sabemos qué pasa pero salid de ahí”. “Ella me preguntó dónde estábamos. Le dije que en el malecón y me preguntó que a qué altura estaba, que iban a buscarnos. Estamos a unos 200 metros, le dije, pero no nos dejan movernos. De todas formas, estamos bien. Ella insistió en esperarnos. Vale, espera a ver si podemos escaquearnos de aquí. Corred, venga, decía ella. Pero al llegar al cordón policial, nos impidieron avanzar más y entonces le insistí: presidenta, largaos de aquí, nosotros estamos protegidos” Es lo que relata Isabel Gallego, Jefe de Gabinete de Esperanza Aguirre, mientras que califica las declaraciones de representantes del Partido Socialista como “despreciables”.
Ciertamente, es miserable, ruin y lamentable, intentar descalificar al adversario en unas circunstancias como las referidas, mientras don José Blanco estaba cómodamente en un despacho cálido y enmoquetado. Es vomitivo y deja al descubierto la verdadera cara humana del interfecto y de sus compañeros de filas. Esta forma de hacer política repugna a cualquier sensibilidad, independientemente de la ideología o forma de pensar. Pero a don José Blanco no le remuerde la conciencia por su mal proceder y la maldad de esta insidia. Sus acompañantes en esa estrategia mezquina tampoco levantan la voz no sea que pierdan las prebendas.
Las dos Españas siguen vigentes para la desgracia de los ciudadanos. Y eso traerá muy malas consecuencias más pronto que tarde.
Ernesto Ladrón de Guevara | Escritos reaccionarios
Jesús Laínz es un personaje entrañable, con una nobleza que escasea en nuestras sociedades. Parece sacado de un cuadro de Velázquez. Me recuerda mucho a las figuras renacentistas, o a un primer pluma del Siglo de Oro español, Rezuma sabiduría. Desprende bonhomía y nobleza. Escribe con una corrección literaria impropia en los tiempos que corren; hoy, que la lengua cervantina es zarandeada y menospreciada, abandonada y marginada, mientras que alcanza primacía en otras partes del mundo y se estudia como segunda lengua en gran parte del orbe. Laínz se codea con notables de la historiografía moderna y es ensalzado por intelectuales de la talla de Stanley G. Payne, Aleix Vidal-Quadras, José María Carrascal, César Vidal, Pío Moa, etc, pues sus libros han sido muy celebrados por su rigor, claridad intelectual y solidez científica. Sus obras “Adiós España. Verdad y mentira de los nacionalismos”, “La nación falsificada” y “España desquiciada” han tenido un importante relieve. Y a mí me parece que resaltan la estupidez y decadencia que aquejan actualmente a esa Nación que es nuestra patria común, por causa de la degradación cultural y de valores que tanto nos están deshumanizando, por mucho que a sus políticas se les añada pretenciosamente el calificativo de “social”. Read the rest of this entry »