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Juan V. Oltra | Internet sin ceja

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Hay dos elementos que han provocado un cambio en nuestra civilización, un cambio de era del que aun no se es plenamente consciente: la aviación e Internet han convertido el mundo en un sitio pequeño, donde es posible contactar o viajar a cualquier ciudad de forma inmediata o dentro de un lapso de tiempo razonable.

Uno de estos elementos, Internet, está  estos días en el ojo del huracán. Recibimos noticias sobre como, apelando a los tan manidos derechos de autor, se va a ver profundamente afectada; esa Internet que se configura hoy por hoy como una fuente de libertad, libertad de expresión más allá del corsé ideológico de los grandes grupos mediáticos, es decir, del capital que responde a la voz de su amo, sea el amo de una supuesta derecha o de una supuesta izquierda. Libertad y también difusión cultural, pues gracias a ella podemos acceder a obras que no son rentables, despreciadas por lo que se ha llamado “la industria”, libros o películas para estudios, curiosos o simplemente frikis (busque libros en los anaqueles de las librerías impresos en 1950, o intente comprar discos con películas dirigidas por Edgar Neville). La red se convierte en la única forma de acceder a ellos, perdidos de otro modo inevitablemente en archivos mugrientos e inaccesibles al pueblo de a pie, esto es, al dueño en realidad de la democracia.

Pero no, unos cuantos autores (si, autores, seamos generosos, pero autores de los que dudo que nadie con sano juicio quiera descargar ninguna obra suya) exigen mantener sistemas periclitados, haciendo bueno lo ya experimentado, más allá de su utilidad. Me recuerdan a esa amiga que le quitaba la punta a los jamones que compraba y que, cuando le preguntaron porqué lo hacía dijo que porque se lo veía hacer a su madre desde siempre. Su madre dijo lo mismo y la abuela contestó que lo hacía porque no le cabían los jamones con punta encima del banco de cocina que tenía ella hacía años en su casa. En este caso, el jamón está controlado y capado desde la Casa de las Siete Chimeneas, antaño habitada por fantasmas y hoy parece que también, que acoge al Ministerio de Cultura, pronto quizá Orfanato de Cultura.

No, los jueces parecen tener un papel de actor secundario en todo esto, y cuando el poder político le echa los grilletes al poder judicial no hay democracia, frase que puedo usar sin pagar derechos de autor porque  es de Cicerón y éste lleva muerto desgraciadamente algún siglo que otro. Vemos como un gobierno que hace alharacas sobre lo importante que es la libertad y que la usa como papel higiénico lidera la destrucción de la filosofía que mueve Internet desde su origen. Una libertad que creíamos garantizada, quizá porque no recordamos lo que nos anticipaba Julio Camba, que la libertad es el barniz de todas las constituciones, que brillan mucho cuando están flamantes pero que se gastan bien pronto.

Ya que no podemos esperar nada de los políticos solo nos quedan dos recursos: confiar en la providencia o en la acción ciudadana. Y como la providencia ya tiene bastante ayudando a mantener a las  familias con hijos con 1000 euros al mes, más vale que hagamos algo nosotros, a pie de calle o de red. Pero nada de atrincherarse, que las trincheras sirven para defenderse: subamos al monte, que es lo que hacen las guerrillas que atacan. Defendamos la red enarbolando una bandera que ellos han perdido o han vendido: la de la libertad.

Si. De esos dos factores que anticipaba, Zapatero, Sinde y sus amigos de la guitarra se van a cepillar Internet. Sobre la aviación, pierdan cuidado: de esa ya se ocupa Al-Qaeda.

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enero 10th, 2010 at 11:24 pm

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Juan V. Oltra | Las hijas de la elite

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Parece ser que tan solo mencionar que nuestro presidente de gobierno tiene un par de hijas, supone alentar que el peso del poder caiga sobre nuestras cabezas, tal como el cielo se derrumbaba sobre la de los galos en forma de un par de señores de oscuro con gafas de sol, que llaman a nuestra puerta con ganas de llevarnos de juerga al lado de las tapias del cementerio. La rumorología por Internet, ya fuerte de por sí, alimentada con la leña de las presiones que desde el poder intentan evitar las menciones sobre este tema, se dispara.

Dicen que existió una foto que probaba que existen, sí, dos niñas. Dos niñas escatológicas, y no se despeinen por el término, que hago uso de la primera entrada del diccionario de la Real Academia (que para el caso limpia, fija y da esplendor, casi como Don Limpio), que nos refiere a la escatología como “conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba”. Una foto con dos niñas disfrazadas de Halloween que viajaron con fondos del erario público a hacerse una foto con los máximos dignatarios de la vía láctea y parte del extranjero, disparada tras opípara cena oficial por un fotógrafo del estado anfitrión, y que encima pretendían que ésta quedara circunscrita a un marquito en su mesita de noche.
Dicen los más osados que algún desfaenado dejó de dormir una noche para buscar una foto suya de entre los miles que se tomaron en el día del orgullo gay, y que las encontró en el autobús del PSOE (¿el PSOE está orgulloso de ser gay?.. si Pablo Iglesias levantara la cabeza…). Y aun hay quien asevera que se ha ordenado cerrar blogs con fotos y comentarios suyos tomados de una red social, Tuenti, plagada de menores que no deberían estar ahí, pero, cuidado, que no suelen ser las hijas del presidente del Gobierno. Fotos y comentarios nada edificantes, que destilaban quizá odio (ganas de matar nazis, a “cucarachos verdes” -¿guardias civiles?-), pero que seguro mostraban una muy mala y escasa educación.
Puede que todo esto sea cierto o puede que no (quede bien claro, señoría, que toco de oídas, no me meta en el trullo que allí no podré comprar otro periódico que no sea “Público”, para no desentonar, y terminarán trasladándome al manicomio), pero lo que si parece evidente de confirmarse tan solo una mínima parte de lo anterior, es que esas niñas no escapan de la dura realidad española, donde uno de cada cuatro niños de 15 años no entiende lo que lee. Hay más lecturas, si: dispendio con fondos públicos, presiones terribles desde arriba que hacen pensar en dictaduras tropicales, …pero disculparán que me quede en el campo que me es más propio, la educación.

Y es que nos encontramos ante la primera generación de españoles que sabe menos que sus padres, rompiendo con una sucesión de planes de estudio que lograban que el hijo de un charcutero pudiera llegar a ser ministro de Educación. Chicos y chicas que destrozan el idioma y que demuestran un desinterés, aun más, un desprecio absoluto por su formación. La muestra la tenemos en la élite, en la crema de la crema, en las hijas del presidente del Gobierno. La lectura tremenda es que si este hombre solo es capaz de dar esa formación a sus hijas ¡que nos espera como país! Niñas que orean sus odios y ganas de matar nazis y lindezas similares demostrando la educación que sus padres les han dado hace temer gravemente por la cultura, por el futuro de los hijos que tenemos sueltos los demás por esta piel de toro que antes se llamaba España. No son el mal, francamente yo me apeno por ellas, tan son solo un reflejo, un síntoma de la podredumbre que nos rodea… impulsada desde arriba.

Puede que algún alma sensible se ofenda de que se hable tanto de unas menores… pero es que no son unas menores cualquiera, son las hijas del máximo dignatario español, que cuando salen con él al extranjero, representan a España y son, parafraseando y haciendo una extensión, como la mujer del César que no solo no han de ser educadas, sino que además han de parecer que lo son. Y, por otra parte… ubi emolumentum, ibi onus. Quien recibe el pago, recibe la carga.

Y mientras todo esto pasa, los medios de comunicación callan temiendo que se haga buena la máxima de Alfonso Paso, y se de ese pagano silencio con los que los césares dejan morir a sus bufones cuando es peligroso que les diviertan.

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diciembre 3rd, 2009 at 10:46 pm

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Juan V. Oltra | Botellón social

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¿Les parece aterrador un campo de maíz maldito que crece sobre un antiguo cementerio? ¿Les da miedo una casa del terror de una feria de atracciones en la que resuenan canciones infantiles? ¿Les induce al pánico una visita a un viejo y semiderruido castillo lleno de telarañas y sonidos siniestros? ¿Creen ver el horror cuando reciben una llamada de un amigo que lleva muerto diez años?

Todo esto no es nada, son fruslerías, comparado al espectáculo que supone ver a un grupo de adolescentes, chavales de diversa edad, niños, jóvenes, aprendices de hombre en suma, arrojar su futuro al fondo de una botella. 

Más allá de las molestias personales que supone tener a un grupo de zagales chapoteando en alcohol de quemar, danzando sobre sus coches, peleando, ensuciando, escuchando a todo volumen música que recuerda el sonido de un cerdo dentro de una centrifugadora, más allá del cabreo que supone ver como la policía se pasa por el arco del triunfo el ordenamiento municipal y autonómico de turno, para hacer vista gorda y largarse a hacer sudokus tranquilamente a sus madrigueras, queda el pesar por la degradación que eso supone no sólo para los propios protagonistas sino para la población en su conjunto.

Damos ya por algo normal, habitual, el ver nuestros parques convertidos en discotecas al aire libre por esa juventud, a juicio del gobierno y sus cuates, la más preparada de Europa olvidando las estadísticas que la dejan como culo del saco de la ignorancia. Esa terrible normalidad me hace recordar cuando hace unos años, mientras en Francia los jóvenes se manifestaban por los cambios legislativos que afectaban al mercado del trabajo, también en España los chavales quemaban contenedores y bloqueaban calles. Pero a diferencia de los franceses, nuestros chavales no lo hacían buscando justicia social, sino el derecho a ponerse de alcohol hasta las trancas en botellones callejeros, con lo que si algo nos quedó claro es que a corto y medio plazo la clase dirigente europea será esa juventud francesa, mientras nuestros jóvenes venderán pulseras de colores por las playas al cobijo de los chiringuitos.

Pero olvidémonos, si es posible, de ese futuro patético que les espera y, por ende, al resto de nosotros. Olvidemos a esos padres que lejos de luchar contra el botellón, les jalean y animan defendiendo lo indefendible, la nausea, el vómito y el coma etílico de sus hijos. Olvidemos incluso ese espectáculo lamentable de la kale borroka pija que vimos en fechas recientes en Pozuelo. Lo que no podemos olvidar es a esa niña, Celeste, muerta tras un botellón. Al menos, yo no puedo.

No puedo dejar de pensar que Celeste no estaría muerta de venir del cine, o de otra actividad más propia de su edad; de un lugar donde no pudiera juntarse con lo que nuestros padres llamaban “malas compañías”. Pero eso no solo he de pensarlo yo, tendrían que reflexionarlo muchos padres y, por supuesto, hacérselo ver a sus hijos. Explicarles porque decía Lady Astor que una de las razones por las que no bebía es porque quería saber cuando se estaba divirtiendo.

Tenemos, si, una juventud con mucha información, pero con poca formación; crecen cuerpos danone con cerebros petit suisse.  Y eso interpretándolo por el mejor de los criterios posibles, porque la visión perversa sería pensar que nuestros chavales beben precisamente porque se dan cuenta del panorama que les espera, para olvidar lo que les vamos a legar como herencia. En todo caso, es nuestro pecado el que ellos purgan.

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septiembre 24th, 2009 at 9:53 am

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Juan V. Oltra | La cultura, en Colono

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Ustedes recordarán a Edipo. Ciego y desterrado de Tebas, Edipo llega a una circunscripción del Ática, al norte de Atenas, a Colono. Entonces, los habitantes le piden que se marche.

Hace un par de días, por insistencia de alguien muy querido, fui a ver una representación de Edipo en el teatro del Matadero, en Madrid. La sensación que se me quedó es que la cultura, desterrada de los circuitos convencionales y ciega, al llegar a Madrid, recibe el deseo de ser expulsada de la misma por sus habitantes.

Es sabido que lo que hoy se impone es la cultura con “k”, que de Quevedo a Jardiel todo está proscrito y cuando no, manipulado por la giliprogresía que nos domina y castiga. Que todo lo que no sea marxismo rampante es la idiocia, y no hay luz fuera de lo políticamente correcto.

Aun sin comulgar, como es público y notorio, con esa corriente imperante, debo reconocer que ya me estaba acostumbrando a no recibir más que distorsiones, imágenes embotelladas de lo que pudo un día ser bello y ahora es deforme. Pero este Edipo representado en el teatro del Matadero (buen nombre, donde se ejecuta a la cultura sistemáticamente) ha resultado ser excesivo para mis quizá obsoletas entendederas.

Que a Edipo lo represente un actor más propio para pasar por un viejo sidoso que por un rey, puede pasar. Que sin sentido alguno aparezca alguien disfrazado de Humprey Bogart, quizá como castigo al actor por algún remoto escarceo de éste con la esposa del figurinista, tiene un pase. Que se simule el sobrevuelo de un helicóptero sobre el público por razones que quizá Freud pueda descifrar, lo omitiré piadosamente. Que proyecten de fondo imágenes que podrían quedar dignas en un video reportaje de primera comunión, pero jamás en un teatro y menos movido con fondos públicos, ya hace tragar quina. Pero que me coloquen un teléfono heraldo de telefónica y un secador de peluquería de señoras de los años sesenta en medio de la trama de Antígona, más que broma, resulta una tomadura de pelo absoluta, y eso que ya va quedándome poco.

El actor principal, con una dicción que recordaba increiblemente a Zapatero cuando en pleno discurso pierde el hilo de lo que dice, con menos pasión de la que servidor ponía en tercero de EGB en los agustinos cuando recitaba a Espronceda, remata la forma. La remata en el más puro sentido: la mata dos veces. En cuanto al fondo… bueno, hacer un remix de Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona en una sola tirada, así, sin anestesia ni nada, sería solo comparable a resumir el Pentateuco en una caja de cerillas. Posible pero temerario. Particularmente pienso que si Sófocles reviviera los corría a todos, actores, director, personal de servicios , tramoyistas y hasta público, a puñetazos hasta el Peloponeso.

Me crujen las cuadernas al hablar así de un acto cultural. Del acto cultural por antonomasia, una representación teatral; y conste que intenté despojarme de antemano de prejuicios, que a flor de piel estaban cuando el en tríptico apareció el nombre de Mario Gas, ocupa de nuestra cultura con minúsculas que huele a su propio apellido, al menos desde que se alió con ese macarra revestido de friki que quería que volaran a España (que en gloria pudra, por cierto).

Debo reconocerles que lo que si me ha despertado es añoranza. Añoranza de aquellas tardes en el Español, cuando allí moraba uno de los mejores hombres de teatro que podrían pisar esta piel de toro, Gustavo Pérez Puig. Añoranza de lo que es el respeto a nuestro bagaje, nuestro acervo. Añoranza del saber hacer bien las cosas. Añoranza de la cultura al alcance de todos, y no del aprovechamiento de la subvención con fines depilatorios en el cráneo de los ciudadanos.

Decía Demócrates que todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos, de mofa. Yo añado que cuando se aplaude a la hez y se denosta el lustre, no solo todo está perdido sino que está podrido.

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junio 29th, 2009 at 7:30 pm

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Juan V. Oltra | Pericles en las europeas*

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Siempre que sufrimos una campaña electoral, surge de forma inevitable la amenaza de que habrá ganadores y perdedores. Yo no sé quien ganará, no sé, sinceramente, si el momio de un mayor número de eurodiputados se lo llevará el PSOE o el PP, pero si sé, y lo puedo afirmar de forma contundente, que gane quien gane, quien perderá es España.

No hago esta afirmación en apariencia dura tan solo por desconfiar de la honestidad y honradez (términos separados por la cintura) de nuestra casta (poco) política, sino por las severas dudas que me suscita nuestro pueblo, siempre tan pleno de cualidades como falto de criterio para elegir a sus representantes. 

Las elecciones en esta piel de toro nunca han sido un éxito popular, es cierto, y aún menos unas elecciones a un Parlamento europeo que ¡ah!, siempre nos pilla tan lejos: a la abstención debemos sumar que no se suele votar a favor, sino a la contra; pocos o ninguno de los votantes se lee los programas electorales y tan solo hacen caso a las intoxicaciones catódicas que inundan sus comedores vomitadas desde la televisión, ese nuevo heraldo del diablo que impide a los votantes percatarse de que los animales tan solo hablan en las películas de Disney y en el Congreso de los Diputados.

Y eso, en lo que respecta a la población adulta pero… ¿Qué pasa con los jóvenes?. ¿Se dedican a buscar la arena bajo los adoquines?, ¿confeccionan pasquines en sus ratos libres?, ¿luchan contra las ideas podridas de sus padres? No. Los jóvenes, en un sentido amplio del término, directamente consideran que “la política es un rollo”, y se encadenan a su wii o a su psp, con suerte. Sin ella, directamente a la cervecita, al buga tuneado o a las pastillitas de colores. Con honrosas pero contadísimas excepciones, estos jóvenes que han resultado damnificados por la LOGSE y planes de estudios casi tan atroces, o quizá por eso mismo, se han convertido en unos seres mucho más burgueses que sus padres, olvidando que un joven, ante todo, tiene el deber de ser revolucionario. Que sin la rebeldía de la juventud, la vejez entra sola.

Así, nos encontramos a chavales que deberían enarbolar banderas rojas o negras, sin importar el color, pero si que sean banderas de combate, defendiendo empero el discurso de Zapatero o de Rajoy. Y eso, con mucha suerte, pues en la mayoría de los casos sus palabras parecen sacadas de una convención de oligofrénicos especializados en prensa rosa, deviniendo en jóvenes cursis que hacen buena la frase de Silvela que rezaba que la cursilería, es una afectación. 

Chavales que crecerán sin desarrollar una percepción de la democracia que no vaya más allá de asimilarla a “lo que hay”, a esta gran mentira, y vivir felices con todo lo que el sistema les depare. A ser felices esclavos de la banca y el capital internacional. Podría decirse que esto condena a la democracia por dejarla sin futuro, pero servidor prefiere sentirse un demócrata como Pericles, dispuesto a dejar hablar a todo el mundo, pero con la condición de que cuando uno de los miembros de la asamblea moleste a los demás con una idiotez, éste sepa que va a ser arrojado de una patada de la colina del Pnyx.

Ortega en la “Rebelión de las masas” nos advertía que hay gente que “al creerse con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjársela, manifiestan su ejemplar pertenencia al modo absurdo de ser hombre que he llamado masa rebelde”. Hoy, no tenemos ni eso, tenemos una masa amorfa de individuos que han abjurado de su condición de ciudadanos cambiando su DNI por la tarjeta de cliente de El Corte Inglés. Necesitamos a Pericles. Y un buen montón de ortigas venenosas plagadas de orugas en las laderas de la colina del Pnyx.

*Juan V. Oltra y Agripina Martínez

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junio 2nd, 2009 at 7:24 pm

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Juan V. Oltra | La mula enjaulada

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Mientras el común de los internautas no se huele lo que le viene encima, la SGAE está “en la ultima fase de firmar un acuerdo con Redtel, bastante parecido al modelo francés“. O en otras palabras, de dar patente de corso a los operadores de Internet en España para que vigilen a los usuarios de redes P2P e incluso les corten la conexión si reinciden, con la “participación del Ministerio de Cultura y el de Industria”.

Esto, queridos lectores, significa que los operadores nacionales de telecomunicaciones con red propia, ONO, Orange, Telefónica y Vodafone recogerán datos de nuestras conexiones convirtiéndose en una suerte de Gran Hermano que aun se queda corto, sembrando la duda sobre si alguien empleará ese filtro para averiguar nuestras creencias religiosas, ideología política o tendencia sexual. O si somos del Betis o nos gustan los huevos fritos, que tanto me da. 

Leyendo lo que la SGAE vomita en sus boletines, un extraterrestre pensaría que el usuario medio español de internet es una suerte de pirata con garfio y parche en el ojo, al que hay que encerrar bajo siete llaves. Pero no, la ley no dice eso; y como no lo dice… pues habrá que cambiarla. Se pide incluso retirar la circular de la fiscalía de 2006 que despenalizaba el P2P. En otras palabras, se pide convertir en delito lo que no lo es. Mañana ¿será delito votar lo que no le guste a la SGAE?. Porque ya puestos a poner filtros, quizá lo ideal sea uno para medir lo que pensamos y sentimos. 

Este empeño en penalizar el emule y aplicaciones similares con la “supervisión de la circulación y las descargas de contenidos de la red” que se nos viene encima en el 2010 no es más que el último eslabón de la cadena de este debate falso y maniqueo que convierte en perversa cualquier descarga y que ve al usuario como un esquizoide pegado a su máquina bajo el grito de “a descargar, a descargar, que el mundo, se va a acabar”. Pero con todo esto, se olvida un pequeño y nimio detalle: la constitución española, que ampara el derecho de acceso a la cultura, a la información… y el artículo 27 de la declaración de derechos humanos. 

¿Estamos ante una amenaza o una oportunidad? ¿Se abrirá un verdadero debate donde poder establecer cauces adecuados para que los derechos de los autores no choquen frontalmente con la necesidad de la sociedad de difundir y recibir cultura?. Formas para ello las habría y muchas. Pongamos como ejemplo que ud. quiere conseguir una película de Rafael Gil rodada en la década de los 50. Lo más probable es que no pueda conseguirla por los cauces oficiales: no existe en videotecas, en las secciones correspondientes de grandes almacenes, etc. La única forma de conseguirla es el emule, el ares o esperar pacientemente a que los desquiciados programadores de ese invento del maligno que es la televisión la programen en un horario indecente de madrugada o a lo largo de una mañana laboral. ¿Y si pudiera “legalizar” esa copia?. Adviertan las comillas, no digo que hoy por hoy sea ilegal, porque no lo es. Pero si el problema que hace discrepar a algunos sobre esto estriba únicamente en el pago de los derechos a los autores ¿porqué no permitir el habilitar una forma para hacerles llegar el pago de estos y aquí paz y después gloria?. Seguro que los defensores del P2P, absolutamente convencidos de la legalidad sin este pago, transigirían con el pago de los céntimos (no más) que supondría este pago, una vez desprovisto el producto de envoltorio, gastos de manipulación, distribución, etc. Técnicamente sería posible. Y claro, también sería posible saltárselo, pero además de la inutilidad de ponerle puertas al campo, esto siempre ha pasado, aun antes de internet.  

Pero no, hoy por hoy no hay duda de que nada se hará en esa dirección, vamos camino a que se abran nuestras cartas para ver si plagiamos a Bequer o, mejor aun, a cobrarnos un canon directamente por el papel y la tinta.

Están buscando que los internautas nos enfademos. Que nos demos masivamente de baja de las conexiones de alta velocidad que ofrecen las compañías, que boicoteemos los productos de todos losartistas españoles que componen la SGAE.

Todo esto se mueve en un secretismo absurdo, como un nuevo tribunal de los horrores donde se condenará quizá a la horca a David Bravo. Preparen una celda a su lado en el corredor de la muerte, quizá me lleven a mi detrás.

Esta idea de vigilar a los internautas colocando los suficientes filtros, utilizando metodologías de inteligencia artificial, hace reflexionar sobre aquella frase de Skinner: “El auténtico problema, no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”.

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abril 12th, 2009 at 1:04 pm

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Juan V. Oltra | España a través de un cristal

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Antaño, se decía que la información es poder: poseer mucha información era lo mismo que detentar el poder. Hoy, a través de internet, pequeñas empresas, particulares desde sus casas, pueden acceder a riadas de información. O al menos, eso creen.

Se trata de un fenómeno que ha ido creciendo exponencialmente hasta engullirnos, sin darnos cuenta. Antes incluso de la red, ya podíamos decir que la información que contenía un periódico medio era mayor que la que un hombre culto del siglo XVIII recibiría durante toda su vida. Y con la llegada de la tecnología a nuestros hogares, el factor multiplicativo ha crecido lo indecible. Hoy en cualquier cocina de un hogar medio español, hay más tecnología que en el campus del M.I.T. en 1974.

Pero ¿esto nos hace más poderosos? ¿o antes al contrario nos hace más débiles?. 

Por una parte, lo que tenemos no es información: son datos. La diferencia es la misma que hay entre tener una casa o un montón de ladrillos. Datos que, por otra parte, han sido en su mayor parte filtrados, ensuciados, alterados… datos de los que resulta demasiado costoso en tiempo y dinero obtener informaciones válidas para la toma de decisiones, que siguen en mano de los poderosos. Tampoco hemos ganado tanto.

Y por otra… por otra aun es peor. Mientras nos conformamos con una información que, de una manera u otra, desdibuja la realidad (sin tener que recurrir para afirmar esto a teorías de la conspiración, basta centrarnos en la subjetividad de los internautas que explican con honradez lo que ven pero, eso si, cribado por sus propios filtros psicológicos); con internet, más aun con la web 2.0, se amarra una cadena que se iba soltando, que iba perdiendo fuerza por sus eslabones. El primer tirón, es el de la privacidad. 

Así, podemos encontrar gracias a motores de búsqueda todos los datos que de alguien hay en internet, incluso en redes sociales. Redes sociales que han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana: España es el segundo país europeo en su uso, y eso sin discriminar por edades, con lo que la cifra aun sería más llamativa si la segmentamos. La despreocupación con la que muchos abren su biografía más íntima, permitiendo generar un perfil completo de su actividad, vida sexual, creencias religiosas, ideología política, hábitos de consumo, etc., denota un candor que de por si es sorprendente. La letra pequeña de los términos de servicio son aceptados con un simple clic por adultos y niños, sin ser conscientes de su contenido. Se colocan en un aprieto a sí mismos y a sus amigos y familiares, sin entrar en considerar las respuestas dadas como juego a aplicaciones curiosas que a base de preguntas tontas, permiten generar un grillete en torno a nuestra intimidad, un perfil completo que en malas manos puede ser catastrófico.

A lo largo de la historia lo privado y lo público han sido cosas opuestas, separadas por un muro. Ahora, ese muro no es de ladrillo sino de vidrio, es un escaparate en el que se mezclan en un Totum Revolutum ambas esferas. Dicen que de ahí sale la inteligencia colectiva, pero yo digo, con Yukio Mishima, que la inteligencia no puede ser colectiva, la ignorancia, si.

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marzo 15th, 2009 at 12:15 pm

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Juan V. Oltra | España cae sin red

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Algo que durante años repetía incesantemente a mis alumnos, es que en España no teníamos autopista de la información, sino sendero de cabras de los datos. Con la popularización de las conexiones de alta velocidad, ADSL y cable, algo mejoró el asunto, pero tampoco como para tirar cohetes. Seguimos padeciendo un acceso a la red mucho más caro y mucho más lento que el resto de los países de nuestro entorno, nuestras infoestructuras a penas pasan de precarias.

Así, mientras en España teléfono e internet siguen siendo una especie de far west tecnológico, donde impera la ley del más fuerte con compañías imponiendo unos precios abusivos, en otras latitudes el disponer de una línea telefónica, de un acceso a la red, está dejando de ser considerado como algo a contratar para ser un derecho ciudadano.

En Finlandia, por ejemplo, el gobierno espera que para el año 2015 el 95% de sus ciudadanos tengan acceso a banda ancha de calidad . Es su respuesta a la crisis mundial: involucrar a ayuntamientos, a empresas, para dar un paso al frente y tratar de reactivar su economía, pues sin conocimiento no hay innovación, y sin innovación, no hay progreso. Mientras tanto, en España las instituciones, empezando por el Gobierno de la nación y acabando por el más humilde ayuntamiento, se dedican a actividades tan interesantes como la edificación de palomares ecológicos, de cementerios con zonas de meditación y de otros proyectos a cada cual más enervante. Ocho mil millones de euros invertidos para paliar la crisis arrojados en fuegos fatuos.

O quizá no tanto: porque ese dinero que será quemado en el altar de los municipios dará trabajo rápido al menos… durante las campañas electorales que se avecinan. Así, apaleado por sí mismo el partido de la oposición, el gobierno puede reverdecer sus laureles y provocar, una vez más, que mientras en las barras de los bares se escuche el consabido “¡otra de bravas!”, las urnas se atiborren de votos de estómagos agradecidos.

Se me dirá que intento arrimar el ascua a mi sardina, que quizá los nórdicos, fríos como el bacalao, no caigan en maneras más salerosas de gastarse el parné que en esto de internet, que qué va a decir un ingeniero informático. Pero es que no estoy solo: en estos últimos años, Francia, Inglaterra, Holanda y otros países de la Unión Europea han llevado a cabo proyectos semejantes, desarrollando redes alternativas a las ofertadas por los operadores. Y es que esos gobiernos, mejor, esas clases políticas, saben que las infraestructuras de banda ancha son esenciales para alcanzar la competitividad económica y la integración social de colectivos como el de los discapacitados. Quizá en lo que si caigan nuestros políticos es que la red ayuda a conocer, a buscar información, a pensar en último ratio, y quizá eso sea malo para sus fines. 

Mientras en otros países se busca que toda su población tenga un acceso digno a internet, aquí aun intentamos erradicar el analfabetismo funcional. En ocasiones, aupando a altos puestos de la administración a alguna de sus víctimas. Todos, sin ver que la banda ancha de alta velocidad está empezando a crear una nueva brecha digital en Europa. Y que España se desliza imparable hacia lo más profundo de ese foso.

Total, estamos ya en tantos otros…

Written by Redacción

febrero 23rd, 2009 at 3:52 pm

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Juan V. Oltra | Israel, cuídate

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Si la categoría se mide por los enemigos que uno tiene, tendremos que convenir que Israel ha bajado de la primera división a tercera regional. Ayer, Hitler y Stalin masacraban a millones de judíos, hoy, los santones de la cultura con minúsculas, unidos a miserables de diversa índole, como De Juana Chaos, se manifiestan contra él.

Claro que aun hay quien dice que su poder es tan grande que tiene dominados a los medios de información, algo que me deja más cabreado que una feminista tras ver un anuncio de compresas. ¡Pues vaya porquería de poder, cuando periódicos, radios y televisiones no paran de dar cera a Israel! ¡cuanta publicidad para los muertos de Gaza y cuanto silencio durante todos estos años en los que los muertos, eran judíos!.

Pero no es lo más estúpido de la situación. Que terroristas semi exiliados  en Belfast apoyen a los terroristas, se entiende… pero que parte de un pueblo que sufre en sus carnes el zarpazo terrorista apoye a otros terroristas, permitiéndose llegar a pedir la exterminación del estado de Israel, es algo que no logro entender sin verlo a través del prisma de las botellas de whisky de garrafón. No se quien tiró la primera piedra, pero con todas las que han lanzado, podrían levantarse de nuevo las torres gemelas.

Estúpidamente nos tratan de vender la rosquilla de la comparación Israel / Hitler. La víctima que se convirtió en verdugo, dicen… cuando Hitler machacó a los judíos no por defenderse, no por responder ataques, no porque estos se inmolaran con bombas adosadas a su pecho en la Herman Göring Strasse, sino por simple odio, por deseo de exterminarlos. Exactamente lo que algunos dirigentes de Hamás han dicho a las claras que quieren hacer con Israel. Otra vez.

Y es que todo esto, no es nuevo. Hace algún tiempo dije en este mismo espacio que mientras los palestinos pueden permitirse perder cien guerras, Israel no puede perder una sola batalla: desaparecería. Ya en 1969, el gran Manuel del Arco empezaba su libro “Israel” describiendo la conmoción causada por el estallido de un coche cargado de explosivos en un mercado donde había unas 3.000 personas. Aun así, el gobierno judío permitió que las autoridades árabes de las localidades que ellos ocupaban, permanecieran en sus puestos.

Israel sabe que su seguridad viene de su ejercito, y que su ejército es prácticamente todo su pueblo. Es un pueblo muy antiguo en un estado muy joven y rodeado de enemigos, que tras muchos años perdidos, ahora no abandonarán lo que es de ellos. Israel no se rendirá porque su resistencia es inquebrantable, y no temen a los árabes. En el peor de los casos, si Israel pierde, se transformará en un gigantesco cementerio. Sería un final de guerra sin prisioneros. Ya en el año 73, destruido Jerusalén, un grupo de judíos se refugió en la montaña Masada. Los romanos lo escalaron en gran número para aniquilarlos; los diezmaron y les dieron la alternativa de entregarse. Prefirieron exterminarse entre sí, sorteando quien sería el encargado. Después, este, se despeñó por las rocas. Muchos quisieran que esta historia se repitiera.

Dicho esto, hay que aclarar que el pueblo judío no es belicoso por naturaleza. Aun antes, ama la paz: el árabe no ha visto que tiene más que ganar junto al judío como amigo que frente a él, como enemigo. Pero aquí, ante la dureza de los hechos, el gobierno israelí, tuvo que decir, como Weyler en el congreso cuando le preguntaron por sus acciones de guerra “Yo no fui a Cuba a repartir caramelos”

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enero 19th, 2009 at 5:29 pm

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Juan V. Oltra | El Cristo de los Agustinos

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Parece ser que alguien vinculado a movimientos independentistas vascos, por lo que los confidenciales nos cuentan, ha logrado que en un colegio se retiren los crucifijos sembrando así, además de un precedente, una ola de reacciones de distinto cariz por nuestra piel de toro.

Andaba pensando en ese asunto, de cómo los que quieren suplantar a Dios y encaramarse en un pedestal desean eliminarlo para tener el camino más fácil, cuando me encontré con él, a quien, por respetar su intimidad, llamaré Sento.

Durante años compartimos pupitre en los Agustinos de Valencia. La mirada no había cambiado, aunque el resto si. De aquel gamberrillo que ponía los pelos de punta al padre Domingo no quedaba nada más que eso, convertido en alguien respetable y respetado. Miento, quedaba algo que no supe ver a primera vista.

Sento y su mujer acababan de recibir un fuerte mazazo. Fueron al médico pensando que un par de mareos de su hijo pequeño no serían más que reflejo de la hipocondría de los padres, y salieron de allí con un diagnóstico terrible. Una enfermedad rara, un caso entre más de diez mil, una maldita lotería que nunca tenía que tocar, pero que es más segura que la de Navidad. Una descripción espeluznante y un futuro incierto.

Esperaba verlo romperse en lágrimas o, conociéndolo de años, soportar uno de sus arranques de cólera bíblica, dispuesto a acabar con el mundo a puñetazos. Y me equivocaba.

Me contestó ese niño que escuchaba atento al padre Jacinto hablar de las virtudes teologales. Ese niño que veía deslizarse el tiempo lentamente, como cae la resina en los crucifijos de las iglesias de los pueblos.

“¿Sabes?. Se que no estamos solos. Cierro los ojos y le veo en la Cruz. La misma Cruz que estaba encima de la pizarra. Eso evita que me derrumbe y me da fuerzas para luchar. Siempre hay que luchar, luchar hasta el final. Luchar y rezar.”

La luz que salía de la Cruz de esas viejas aulas le iluminaba el camino. La esperanza, y por tanto la vida, irradiaba desde ese regalo, ese mayor don que se puede recibir, que hacía grande la Fe. Cuando todo cae alrededor, cuando su mundo parecía derrumbarse ladrillo a ladrillo, Sento había encontrado en el baúl de su infancia la argamasa perfecta.

¿Sabéis, políticos?. Podéis robarnos el crucifijo de los colegios. Podéis quitar los belenes. No importa. Claro que no importa. El niño Dios seguirá naciendo cada Navidad. Y cuidado con perseguirnos por nuestra Fe… porque de la sangre de los mártires germinan las vocaciones.

No voy a argumentar como hizo la Justicia italiana para defender la presencia de los crucifijos. Me basta con la luz que Sento me dio, y yo comparto aquí. Puede que algunos me vean como a un “catolicarra”. Me importa una higa. Quizá influenciado por las obras de Guareschi, esa noche me ví ante el Cristo que me preguntaba “¿Pero tu no crees?. ¡Pues reza!”. Y rezo. Rezo además a la Virgen, porque como decía el padre Martín Descalzo, si cualquier hijo se desvive por hacer lo que le pide su madre, si Ella intercede por nosotros ¿qué no hará Él?.

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diciembre 16th, 2008 at 11:45 pm

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Juan V. Oltra | Náquera negra

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No puedo decir que el alcalde de Náquera haya ingresado en la cofradía de los imbéciles dolicocéfalos, porque albergo severas dudas sobre si tal condición es inherente al cargo. Y me duele tener que referenciar en un contexto tan lastimoso a un pueblo al que debo tantos recuerdos de mi infancia, y en el que tantas personas buenas y honorables se grabaron a fuego en mi memoria. Es una prueba más de que los políticos, sea cual sea el nivel de estos, no reflejan la calidad de sus ciudadanos. Afortunadamente, porque en caso contrario estaríamos nadando en excrementos, incluso en un pueblo tan hermoso como éste, donde un paisaje frondoso y el hablar afrutado de sus gentes nos recuerdan lo cerca que el cielo, a veces, está de la tierra.

Pero me duele más tener que soportar esta hora de los enanos que se alarga ya ¡ay! demasiado. La noticia de que el alcalde de Náquera quite la placa dedicada a José Antonio Primo de Rivera no me extraña. No puede hacerlo, es lo natural hoy, aunque yo siga apostando por aquella bonita idea de Álvaro de Laiglesia. El genial director de La Codorniz pedía que, ante cambios de régimen, no se cambiaran las calles de nombre, sino que se adjetivaran, como un favor al noble cuerpo de carteros. Así, la calle del insigne presidente de la república, pasaría a ser la del gilipollas presidente de la república, y la del augusto general cambiaría por la del cabronazo del general. No resultaría un alarde de buena educación, pero al menos no marearían al personal más de la cuenta.

Pero me voy internando en el bosque sin disparar al tordo. La cuestión estriba en que el alcalde ha sustituido esa placa por otra dedicada a… ¡Obama!. A alguien que aun no se sabe si será bueno, regular o como todos. Un presidente electo de una nación que no es la nuestra y que no ha jurado el cargo tan siquiera. No me negarán que resulta una traca estupenda en esta colección de petardos que, con mando en plaza, nos gobiernan desde ayuntamientos, consellerias o ministerios.

Y digo yo… ya puestos ¿cambiará la calle Queipo de Llano por la Avenida Kennedy? ¿la Avenida Adolfo Rincón de Arellano por la Gran Vía Jimmy Carter? ¿o trocará ese alarde de idiocia lingüística que es la “Plaça Caudill” que preside el pueblo por la “Plaça Kunta Kinte”?… porque hasta ahora, el único mérito que se le reconoce a Obama es el color de su piel. ¿Le habrían dado una plaza a McCain? ¿a un presidente judio? ¿a uno hispano? ¿a uno amarillo con motas moradas?.

Los deseos de ser políticamente correcto del alcalde lo hacen deslizarse peligrosamente por la pendiente de la estulticia. Cuando mi cuñada me llamó sin poder aguantar la risa para contarme este último vómito de la caja tonta, cloaca máxima de nuestra sociedad, inmediatamente pensé en aquella anécdota de Valle-Inclán, quien en una tertulia empleó el término “homofagia”, y ante la sorpresa de un tertuliano que indagó por su significado, don Ramón le contestó “Comer animales de la misma especie. Usted, por ejemplo, comete homofagia cuando come besugo”.

Si don Ramón María del Valle-Inclán conociera al alcalde de Náquera, a buen seguro le daba empleo de protagonista en uno de sus esperpentos. Y si no, imagínense al alcalde llamando personalmente al embajador de EE.UU. para darle la noticia. No, no se lo imaginen: lo ha hecho.

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diciembre 1st, 2008 at 12:08 am

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Juan V. Oltra | España, nación imposible

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Las paradojas españolas a veces provocan sueños horribles, que me hacen despertar empapado en sudores fríos. Lo malo, es que al despertar y hacer una somera lista, compruebo que la realidad no se aleja demasiado de las pesadillas.

Nuestro presidente de gobierno, adalid de las voces progresistas, se intenta homologar al nuevo presidente norteamericano, quien se definió en su momento contrario a las bodas homosexuales y partidario de la pena de muerte.

Julián Muñoz, no presunto delincuente, sino con condena firme, contrata por 350.000 euros una entrevista con una ilustre periodista no hace mucho acusada de plagio. Mientras, el presupuesto para las universidades madrileñas y valencianas baja estrepitosamente.

Unas naves industriales abandonadas ocupadas en Valencia por gitanos procedentes de países de la Europa central, piden a través de sus abogados, para abandonarlas, un piso de protección oficial para cada familia. Mientras, las subastas de VPO en la misma ciudad quedan desiertas, algo achacado a la crisis.

Para optar a puestos en la administración pública, el conocimiento de un idioma autonómico, demostrable con un diploma que se puede obtener en pocos meses, puede llegar a pesar un 600% más que el tener un doctorado o una segunda carrera universitaria.

Mientras los intentos de enjuiciar a Santiago Carrillo por las matanzas de Paracuellos caen en el olvido por ser “intentos de mala fe” o estar prescritos, se desentierran los huesos de media España.

En una emisora propiedad de la conferencia episcopal, se da la responsabilidad de uno de sus programas estrellas a alguien que se permite blasfemar contra la Virgen María.

Según el ministro del ramo, los problemas de que la Justicia española arrastra actualmente, vienen de Franco, muerto hace más de tres decenios. Quizá ante la duda de que siga haciendo la puñeta desde algún lugar remoto en las montañas, un juez estrella ha pedido su acta de defunción.

Manuel Fraga Iribarne, ministro del anterior régimen, llega a decir que el luchó contra el franquismo. Sería desde el coche oficial.

El máximo dirigente de uno de los mayores sindicatos de clase, se niega a efectuar cualquier protesta contra la situación económica afirmando que no serviría de nada una “romería sindical”. Quizá con romerías sindicales pensaban reflotar el Prestige.

Cada vez estoy más de acuerdo con Ángel Ganivet, cuando en carta a Unamuno le decía: “España es una nación absurda y metafísicamente imposible, y el absurdo es su nervio y su principal sostén. Su cordura será la señal de su acabamiento.”

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noviembre 23rd, 2008 at 12:01 am

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Juan V. Oltra | España, nación imposible

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Las paradojas españolas a veces provocan sueños horribles, que me hacen despertar empapado en sudores fríos. Lo malo, es que al despertar y hacer una somera lista, compruebo que la realidad no se aleja demasiado de las pesadillas.

Nuestro presidente de gobierno, adalid de las voces progresistas, se intenta homologar al nuevo presidente norteamericano, quien se definió en su momento contrario a las bodas homosexuales y partidario de la pena de muerte. Read the rest of this entry »

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noviembre 8th, 2008 at 2:08 pm

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