Pedro Rizo | Las Jornadas de Juventud y Taizé
Publicado el 12 Agosto, 2007 Autor Pedro Rizo |
Se prepara la gran convocatoria, todavía ecuménica, que el próximo año reunirá con el
Papa, en Sidney, Australia, a cientos de miles de jóvenes procedentes de todo el mundo. Un adelanto ha sido los miles que le acaban de visitar en Castelgandolfo. Con Benedicto XVI estas reuniones han experimentado cambios muy significativos. Principales y más visibles son que ya no se distinguen por conciertos de rock-pop sino por sus jornadas de oración y catequesis; porque los actos religiosos fomentan actitudes de piedad y devoción, antes ignorados, gracias a un ejército de guías religiosos y sacerdotes bien designados con tiempo para adaptarse al programa. Ya cuando se preparaba la jornada de Colonia, el entonces Cardenal Ratzinger comentó públicamente que esas citas debían revisarse. Echemos una mirada a sus orígenes.
Justamente, el 16 del corriente agosto se cumplirá el segundo aniversario de la muerte del fundador de la Comunidad de Taizé, Hermano Roger, que tanto ayudó al ecumenismo promovido por la Iglesia inmediata al Concilio Vaticano II. Murió tal día del 2005 a manos de una rumana de 36 años llamada Luminita Ruxandra, que le degolló delante de 2500 horrorizados peregrinos. Los progresistas sugierieron, aviesos: «[…] hay quienes comparan la muerte del Hermano Roger con la de otros hombres de paz como Luther King, Foucauld, Romero, Gandhi…» (cfr. Vida Nueva, núm. 2487)
Roger Schutz-Marsauche nació en Provence (Suiza) hijo de un pastor protestante reformado y de madre francesa, también protestante y nieta de judíos. En 1940, cuando tenía 25 años, compró una casa a pocos kilómetros de Cluny que, por su cercanía a la divisoria con la Francia de Vichy, le permitió dar refugio a algunos fugitivos de la Gestapo. En 1949 y con unos pocos seguidores protestantes fundó la Comunidad ecuménica de Taizé. Fue diez años más tarde que se aceleró su crecimiento, tanto en terrenos como en peregrinos e instalaciones hasta lograr, particularmente con Juan Pablo II, el complejo hoy conocido y con la redonda cifra de 100 monjes, de ellos un tercio católicos.
El experimento del Hermano Roger atrajo enseguida la atención del Cardenal de Venecia, Mons. Roncalli quien, ya Papa Juan XXIII, le nombró observador del CVII. Aunque Pablo VI les acompañó de nuevos observadores procedentes de otras confesiones, los hermanos de Taizé fueron los más destacados. La residencia que se les asignó a los de Taizé en el Vaticano era visitada con frecuencia por los padres conciliares, entusiasmados con la orientación aperturista impulsada por Juan XXIII y Pablo VI hacia los “hermanos separados”. Alrededor de 1962 Roger Schutz y Karol Wojtyla iniciaron una estrecha amistad al coincidir ambos a rezar antes de las sesiones conciliares; amistad que se mantuvo en regulares reuniones durante elpontificado de Juan PabloII y, según creo, ahora entre el Hermano Alois y el Papa Benedicto XVI.
Se inician las jornadas de juventud.
En 1979 el Hermano Roger empezó a organizar en Taizé los encuentros internacionales de juventud a los que llamó “Caminos de esperanza”. Esta labor aportó, más tarde, buena cantidad de participantes a los actos multitudinarios de los viajes de Juan Pablo II. En el fatídico verano de 2005 lo subrayaba Mons. Dr. Heiner Koch, Secretario General de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), al dar el pésame a la camunidad de Taizé: «[…] el Hermano Roger ha partido […] en la misma tarde en la que más de 400.000 jóvenes (entonces) se reúnen en Colonia para iniciar la Jornada Mundial de la Juventud…»
Mientras los Hermanos de Taizé trabajaban en Roma, la Comunidad se esmeraba por extender la “doctrina ecumenista” financiando sus versiones del Nuevo Testamento que ellos distribuían por el mundo y el mismo Hermano Roger llevaba en sus viajes. A propósito de un congreso de juventud, en una visita a Chile donó un importante número de cajas al Vicario de la Zona Sur, Monseñor Manuel Larraín, lo cual éste agradeció regalando al famoso protestante su anillo episcopal, sagrado símbolo de autoridad apostólica. [Nos preguntamos si, por ejemplo, un casado regalaría a nadie su alianza aun ignorando que puede interpretarse como ruptura del vínculo conyugal.] Grupos de católicos chilenos interpretaron este gesto como implícita aprobación a las herejías luterano-calvinistas.
Tres años antes, el Hermano Roger había expresado a través de un boletín doméstico (Taizé, 1976) el porqué de estos acercamientos entre la herejía de antaño y la fe católica: «Para un protestante el pertenecer a la Iglesia visible está en el orden de la fe, aun si algunos aspectos institucionales están excluidos.» [”Aspectos institucionales” como, nada menos, el jurisdiccional con el sucesor de San Pedro.] «En este sentido, si un protestante está convencido de que la Iglesia Católica, siguiendo el Concilio Vaticano II, redescubrió su conformidad con la Iglesia Apostólica [la Iglesia Católica “se re-descubre” protestante], él puede considerarse a sí mismo miembro de esa iglesia sin necesidad de renunciar a su antigua comunidad. » [Es decir, la protestante es la verdadera fe apostólica.] He aquí el error de la metamorfosis hacia los “hermanos separados” pues que no vuelven con la humildad —la de fondo— del hijo pródigo, sino marcando que es la Iglesia Católica la que torna al redil apostólico. Así, en retrueque al “Buen Pastor” adoptamos ―se supone-― el descarrío de la oveja perdida y refrendamos sus errores para el resto fiel.
El nuevo ecumenismo de Taizé creció sobre bases sensibles ―peregrinos de diversas convicciones, velitas en la noche, asambleas en el césped, teología globalizadora, la paz y el amor―, y reinterpretó mandatos evangélicos. Así: «Amaos los unos a los otros», en cuanto que apertura a todos los hombres y no por fruto de lealtad al Evangelio, como manda en su ocultada continuación: «…como yo os he amado.» (Jn 15, 9 y 12). O «como el Padre me amó». (Jn 17, 23-26). Porque este amor de que hablaba Jesús es muy poco masificador y opuesto a los sentimentalismos de moda. «Dos estarán en un mismo lecho, uno se salvará y otro se condenará…» (Lc 17, 34) Jesús no nos enseña la fraternidad humana del lema masónico ―Libertad, Igualdad, Fraternidad―, sino la unión por una misma y sola fe, por el amor incondicional a Él mismo y, por Él y en Él, al Padre. Al Dios Trinidad que no nos mostró jamás el Antiguo Testamento, con toda su “primogenitura”, y que los católicos tenemos la suerte de conocer y el deber de servir. Él es así, por eso, la piedra que, cuando “los arquitectos” la desechan, acaba llevándonos a la ruina. (Mc 12, 10; Hch 4, 12; Ef 2, 20). Sólo el falso ecumenismo pudo atreverse a mercadear con esta realidad.
El Hermano Roger nos definió la unidad por él deseada con estas palabras: «¿La unidad no es amar a nuestros hermanos aun separados de nosotros, y que quisiéramos que viviesen en nuestra casa…? La unidad entre las iglesias de hoy existirá cuando renunciemos a las actitudes que nos dividen, siendo fieles únicamente a la fe fundamental que nos salva.» (La Croix, enero 1984). Frase coincidente con Juan XXIII al convocar el Concilio: «Son más las cosas que nos unen que las que nos dividen». Pero sobre las vaguedades acarameladas deben prevalecer las realidades concretas. ¿Qué se entiende por fe fundamental? ¿La existencia de Dios, tal vez? ¿La historicidad de Jesús? ¿Que los Mandamientos del Sinaí se resumen en los dos evangélicos…? Podríamos coincidir también con los “hermanos separados” en que el sol sale por el Este y se pone por el Oeste… Desgraciadamente, las imprecisiones trajeron gran confusión a toda la Iglesia que por favorecer el acercamiento soslayó el origen esencial del protestantismo. Lamentando el cisma –“Hermanos Separados”— se ocultaó la esencia trágica de la herejía protestante; una herejía totalitaria, superior a todas las anteriores, que anuló de un trazo los sacramentos, despreció los dogmas, derribó los santos, desacralizó la misa y negó al Papa la cátedra y las llaves. (cf. “Las grandes herejías”, HILAIRE BELLOC). Bastó que el “Nuncio-Papa Bueno” llamara a los protestantes “hermanos separados” para que la fe secular definida en Trento se sumiera en un campeonato revisionista de todos sus esquemas de modo que, a cuatrocientos años de distancia, aquellos padres conciliares —mentes egregias y espíritus gigantes—, parecieron a muchos un club de torvos obcecados.
Algunas contradicciones
No pretendo competir con la docencia de nuestros pastores; qué tontería. Pero, desde mi condición de “Iglesia enseñada” y ante la formación que se observa en muchos de nuestros sacerdotes, me creo en el deber de hacer reflexionar sobre lo que nos enseñaban antes y lo que se practica ahora, demostrando, al menos para quienes vivimos el antes y el después del CVII, que muchos perdieron la fe y, por tanto, el magisterio. [Monseñor Iriarte, hoy obispo de San Sebastián, declaró haber encontrado la fe en la Sede de Zamora, lo que supone que la aceptó sin ser creyente… ¡Y que le fue asignada!] La sinceridad de cada cual es cosa de Dios, pero nosotros, la Iglesia, no podemos quedarnos tan panchos si bajo el cebo del ecumenismo se sugiere que, para unos, Jesucristo es Dios y, para otros, un líder político; que el primado de Pedro es una arbitrariedad; que la Eucaristía sea presencia real y, al tiempo, parezca que no; que la fe sin obras basta para salvarse y, lo opuesto, también…
El nuevo ecumenismo posconciliar se condena por muchos motivos pero, particularmente, en sus mentiras sobre los acercamientos promovidos, así:
Los hermanos separados….- La predicación de “Hermanos Separados” sólo es impresionismo. No huyeron asustados de los pecados de “la Gran Ramera” sino porque el oportunismo de Lutero ―”Los diezmos para nosotros”― les apartó de los cauces sagrados donde tiene sentido una religión; justificados en el hombre y no en Dios. Enésimo clon del arrianismo donde lo primero a adulterar es la idea de Jesucristo Dios y hombre; en consecuencia, la Tradición y su teología (Is 29, 13; Mc 8, 33) y, seguidamente, los textos, la predicación y, como guinda final y obligada, el culto. Asombra que en la era de Benedicto XVI haya todavía en la Iglesia quienes adoptan humanismos de forma para volcarse en fondos doctrinales siempre condenados.
Cuando el Hermano Roger asistió a las exequias de Juan Pablo II, el Cardenal Ratzinger le administró la comunión, acto que se calificó más tarde (Cf. Ecclesia Digital, 23.08.2005): «Gesto insólito cuando los protestantes, según la fe católica, no pueden recibir la sagrada comunión. El hoy Papa Benedicto XVI quiso mostrar muchas cosas con ese gesto.» Creo que este gesto sólo puede mostrar el cambio diametral de la comunidad de Taizé… O, quizás, el ingreso en la Iglesia Católica del Hermano Roger que murió sin tiempo para hacerlo oficial.
…y los hermanos mayores.- Otro bombardeo subliminal es llamar Hermanos Mayores a los judíos, que rechazan a Jesucristo como Dios –ya es avance que se rindan a su historicidad—, que fueron y son los inductores de la mayoría de las persecuciones sufridas por la Iglesia, y que no sólo nos agravian en toda oportunidad —prensa, cine, TV, libros, la cúpula oscura de las perversiones, los nuevos “teólogos”, poder financiero, etc…— sino que, cuando nos defendemos, nos marcan de “antisemitas”, como con virtuales estrellas amarillas, por ser fieles a nuestra fe de siempre. Ese ardor anti-cristiano es lo que hasta hoy nos impidió llamarles hermanos; mucho menos si “mayores” dejando a la Nueva Alianza, la de Cristo, subordinada a la Antigua que en la Cruz se superó por los siglos de los siglos.
Curioso poder judío. Desde los tiempos heroicos sólo llamábamos hermanos mayores a los mártires, arquetipos de intolerancia para muchos. Como ese medio millar de la persecución de 1936 a beatificar en Roma el próximo 28 de octubre, y que algunos humanoides, incluso en la Iglesia, tachan de fascistas ―cualquiera diría que quieren glorificar a Mussolini—, ciegos a las actas que demuestran fueron asesinados por su fe, igual los de vida consagrada que civiles ejemplares. Ese día, en Roma, será otra jornada de fe para todos los que creemos en la juventud imperecedera de quienes, entonces ya lo sabremos, están en posesión de la vida eterna prometida.
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He tenido la tentación de tomarme el trabajo de responder a cada una de las cosas que dices, pero dada la actitud que muestras en tu escrito no pareces muy dotado para la escucha. Así que mejor lo dejo. Le hace un gran daño a nuestra Iglesia la pervivencia en ella de mentalidades como la tuya. Pero esta Iglesia ya está fatigada de cismas y divisiones, así que habrá que asumirte desde la caridad.
Solamente dos cosas:
1. Citas a cuatro Papas que mostraron un gran afecto a la Comunidad de Taizé. ¿Realmente piensas que estaban en un gran error y que tus ideas les harían ver la luz?
2. Jamás Roger renunció a la Iglesia de sus padres, como no se lo pide a ningún novicio. Su acercamiento a nuestra Iglesia se hizo por caminos que no son las discusiones sobre los dogmas que tanto te gustan. Y Juan Pablo II concedió el permiso para recibir en Taizé la comunión católica, no solo a Roger, sino a todos los prostestantes que reconozcan la presencian real de Cristo en el pan y vino consagrados en la Eucaristía…católica. Como puede verse allí cada día.
A pesar de todo desde la caridad, un saludo fraterno, Pedro.
Mario
No creo que el artículo haya sido ofensivo ni con la Iglesia Católica ni con el sucesor de Pedro. Puede parecer duro en la crítica al protestantismo, pero no está falto de verdad todo lo dicho. Creo que va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y lo que promulgó Lutero fue una herejía, no tenemos por qué escandalizarnos de admitir que la Iglesia Católica es la única que se ha mantenido fiel al Evangelio y al mensaje de Jesucristo durante dos mil años.
Por último quería añadir, y admito que no soy experto en teología, que la Iglesia Católica no se ha separado de nadie, al contrario, fueron las herejías protestantes quienes se apartaron de la Iglesia Católica para hacerse el cristianismo a su gusto.
Estimado Mario: No me veo dentro de ningún cisma por disentir de la historia del último medio siglo de la Iglesia. Si quien disiente de sus pastores fuese condenable habría de revisarse la patrística, la doctrina apostólica, la historia de los concilios y de los papas, la indefectibilidad de la Iglesia y el concepto sobre su magisterio. Soy parroquiano de mi parroquia diocesana o de cualquiera que me convenga en uso de sus horarios allí en donde mi familia y yo nos encontremos, y que esté en jurisdicción con un Obispo adherido al Papa.
A la Iglesia creo que le daña más la confusión doctrinal y, en consecuencia, la pavorosa falta de instrucción, algo reconocido y confesado por la cúpula de su jerarquía. Es patente que esto, con la dirección e iniciativa de S.S. Benedicto XVI, se está revisando sin prisa pero con firmeza y valentía admirables. Tan reciente su elección y su pontificado ya nos ofrece una cadena de sorprendentes declaraciones y actuaciones en defensa de la Tradición y del Depósito de la Fe. También de sus antecesores creo tenían esa intención pero no gozaban como BXVI del respaldo histórico actual… Aquellos parece que estaban mediatizados por un entorno histórico más hostil y poderoso. Pero, y dicho sólo como comparación, dar por segura la valentía de un torero no excluye el juicio de la corrida, de su arte y del acierto en la hora de la verdad… Más en el caso de la religión en la que aprendemos que nos salvamos todos en la fe de la Iglesia pero, y esto es fundamental, individualmente por cumplir con nuestros deberes de estado, por la aplicación de la fe a la vida privada y social, por nuestra íntima relación con Dios. Vamos, que no es el Papa el que nos salva sino Jesucristo, Dios hecho hombre llevado a la cruz por nuestros pecados… La Iglesia y los sacramentos son de Cristo, nuestro único Señor y Salvador, y en ella están muy bien administrados gracias a los papas, y a los pastores que le ayudan. Pero, de la misma manera, por ejemplo, que no se es monárquico por ser amigo del rey, tampoco se es católico por agradar al cuerpo eclesial. En tal esquema, el error se magnificará torciendo la obediencia hacia formas de complicidad. Mantener lo contrario es la nata del papismo, papa-natas, y en esencia una herejía que marcaría a la Iglesia como si fuera, por decir, la secta de los ismaelitas que pesaban al Aga Khan en oro.
Le considero honrado y por eso correspondo a sus quejas. Los que tenemos edad no podemos traicionar nuestra memoria de aquellos años aciagos en que la Iglesia pareció un edificio en ruinas –autodemolición dijo el propio pontífice contemporáneo de ella–, con sus inquilinos tirando los muebles a la calle y huyendo los administradores a la desbandada. Esa “corrida” merece todas las almohadillas en el ruedo y hasta cárcel para algunos componentes de las cuadrillas y allá cada cual con su conciencia. Y la misericordia de Dios con todos.
Conozco bien Taizé y sé de lo que hablo. Sin duda, por allí pasaron muchos curiosos o peregrinos sinceros a los que impresionaba favorablemente lo que veían y oían… Pero, al menos así lo creo, nada nuevo que copiar en favor de la fe católica; si acaso mucho en contra. Es el conocido ejemplo de dar nuestra mano limpia, por la fe divina, tradicional y católica, a quien tiene la suya manchada de alguna huella de herejía: su mano no se limpia pero la nuestra sí se ensucia. Por eso San Juan dice de estos caso que ni les saludemos. (Recuerde que el comentario a la comunión del Hermano Roger –Roger a secas le llama usted– fue hecho por la revista oficial Ecclesia.) También hay mucho bueno y ejemplar entre los indios de Bombay, o entre los evangelistas, los testigos de jehová, los chiitas… ¿Por eso hemos de abrir los brazos a sus dogmas? (Ellos tienen tantos o más que nosotros.) Eso sería lo propio del humanismo relativista que impera y el Papa actual lamenta: Nada es desechable porque todos somos buenos… De modo que, al final, el único que no es bueno se llama Jesús de Nazaret.
Debemos ser críticos porque eso es lo propio del que ama a su Iglesia; el indiferente no critica. No pretendo la polémica ni la herida pero, quizás usted lo aprecie, el tema religioso y sobre todo el de la historia reciente de la Iglesia es lo bastante rico en asuntos que nos suscita la primera o nos hieren. Por eso deberíamos volver a rezar más, a hablar más a Dios de la Iglesia y, como siempre hacíamos, rezar por el Papa que nos rige y representa a su Fundador en los campos e intenciones que Aquél tuvo cuando le encomendó esa vicaría.
Con agradecimiento a usted, que me ha dado pie a enfrentar posibles dudas de algunos de mis lectores, a todos les prevengo que no puedo contestar cada uno de sus comentarios. No domino el correr del tiempo que, encima, me falta cada vez más. Mejor será un diálogo entre ustedes mismos y, tal vez, de ahí, seguro, surgirán nuevos artículos para mi columna.
Reciba mis mejores deseos,
Pedro Rizo
“Nada es desechable porque todos somos buenos… De modo que, al final, el único que no es bueno se llama Jesús de Nazaret.”
Esta idea está hoy muy difundida, todos somos buenos. Sin embargo el Señor Jesús nos dice lo contrario: todos somos malos.
Cuando se acerca el joven rico le dice a Jesucristo. “Maestro bueno, qué debo hacer para heredar la vida eterna”, Cristo le responde : “¿Por qué me llamas bueno, nadie es bueno, sólo Dios es bueno?”. Algunos comentaristas del pasaje indican que el joven hubiese podido intuir la divinidad de Cristo, ¿me llamas bueno por que soy Dios?. Comentarios aparte la realidad es lo que nos dice el Evangelio: no somos buenos. Creados por Dios en justicia original, la perdimos y tendemos hacia lo malo. “Video meliora, proboque, deteriorara sequor”, dijo ya el filósofo: veo lo mejor y lo apruebo, sigo lo peor. San Pablo recoge esa idea y la amplía sobre lo que supone la gracia de Cristo. No hablemos de San Agustín a quien creo que se llama el doctor de la gracia: el habia experimentado la imposibilidad de ser bueno… sin Dios.
Yo estoy de acuerdo con Cristo: todos somos malos. La diferencia entre unos y otros está en que unos intentan ser buenos poniendo los medios (mejor en la Iglesia) y otros no se preocupan de querer ser buenos, ni de su alma ni de su salvación.
El Dogma de la Indefectibilidad de la Iglesia.
El Magisterio de la Iglesia Catolica y el dogma Tradiconal como siempre ha sido nos dicen que el Espiritu Santo protege a la Santa Sede de la Herejia, todos los dias, hasta el fin del mundo, siempre, en todo momento, sin interrupcion. Es imposible que el Espiritu Santo se vaya de vacaciones por una decadas.
Don Pedro Rizo dice lo contrario: que esto solo y unicamente aplica al final de los tiempos, y NO todos los dias hasta el final de los tiempos. Por lo tanto el Espiritu Santo si se fue de vacaciones y abanadono a la Santa Sede por 4 o 5 decadas.
O el Magisterio de la Iglesia esta en el Error y Pedro Rizo en la Verdad O por el contrario El Magisterio de la Iglesia esta en la Verdad y Pedro Rizo en el error.
Ambos NO pueden estar diciendo la vervad pues se estan contrandiciendo y el relativismo (eso de que todo es igual) es falso.
A. Por UN LADO, Pedro Rizo nos asegura que la Indefectibilidad de la Iglesia NO es Todos los Dias hasta el fin del mundo sino solo en el fin del mundo; por lo tanto el Espiritu Santo se puede ir de vacaciones por una decadas:
–Pedro Rizo escribe: “Eso de que la Puertas del Infierno no prevalecerán no puede interpretarse como garantía o patente segura para momentos puntuales sino en el sentido de que al final de los tiempos”
B. Por OTRO LADO MUY DIFERENTE, El Magisterio de la Iglesia, y Teologos Tradicionales autenticos, nos afirman y aseguran que el Espirtu Santo esta con la Iglesia TODOS los DIAS, hasta el fin del mundo que NUNCA , JAMAS podra abandanar, a la Iglesia.
–TODOS Obispos de Argentina: (1927. 81 años después de La Sallette): ” De ahí también las promesas de Cristo, que aseguran a esta sociedad una vida indefectible hasta el fin del mundo. “Mirad que yo estoy con vosotros TODOS LOS DIAS hasta la consumación del mundo ” -(Mateo, XXVIII, 20). Por consiguiente, la Iglesia de Cristo, la misma que fundó Cristo sobre San Pedro, LLEGARÁ AL FIN DEL MUNDO, SIN INTERRUPCIÓN, SIN CAMBIO ESENCIAL, A TRAVÉS DE TODAS LAS TEMPESTADES Y DE TODOS LOS SIGLOS. No sólo anunció Jesucristo a sus discípulos que estaría con ellos hasta el fin del mundo, sino que también les prometió la perpetua asistencia del Espíritu de verdad. En virtud de esta asistencia sobrenatural, que había de DURAR PARA SIEMPRE, aun después que muriesen los Apóstoles, les ordenó que se extendiesen por todo el mundo y predicasen el evangelio a toda criatura, según vimos antes, al citar el último capítulo del Evangelio de San Mateo (XXVIII, 19,20).
—Enciclopedia Católica (1907, 61 años después de La Sallette): La Iglesia no puede experimentar NUNCA un cambio constitucional que la haga, como organismo social, algo distinto de lo que originalmente era. NUNCA puede corromperse en fe o moral; ni puede perder nunca la jerarquía apostólica, ni los sacramentos a través de los cuales Cristo comunica la gracia a los hombres. Sólo a una Iglesia particular se le garantiza la indefectibilidad, a saber, a la sede de Roma. A Pedro, y en él a todos sus sucesores en el cargo de supremo pastor, Cristo encargó la tarea de confirmar a sus hermanos en la Fe (Lucas, 22, 32); y así, en la Iglesia Romana, como dice Cipriano, “la infidelidad no consigue penetrar” [Ep. lv(lix), ad Cornelium]. Los diversos colectivos que han abandonado la Iglesia naturalmente niegan su indefectibilidad.”(Enciclopedia Catolica, San Pio X)
–- Catecismo de Baltimore (1891, 45 años después de La Sallette): La Indefectibilidad significa que la Iglesia NUNCA podrá cambiar la doctrina que Nuestro Señor enseño, y que nunca dejara de existir. Cuando decimos que la Iglesia es infalible queremos decir que no puede enseñar error mientras exista; pero cuando decimos que es indefectible, significa que durara para siempre y que SERÁ INFALIBLE POR SIEMPRE, y que también que siempre será la misma que Nuestro Señor fundo. (Catecismo de Baltimore, Rev. Padre Thomas L. Kinkead, Nihil Obstat: D. J. McMahon, Censor Librorum, Imprimatur: *Michael Augustine Arzobispo de Nueva York, septiembre, 1891)
-–Michael Davies (1994): “Algunos han dicho que los Papas conciliares, esto es Juan XXIII y sus sucesores han sido herejes. La debilidad Teológica de este argumento es un inadecuado entendimiento de la Naturaleza de la Iglesia. Sin darse cuenta, estas personas creen en una Iglesia que puede fallar, y esa Iglesia NO ES LA FUNDADA por Nuestro Señor Jesucristo. La Iglesia fundada por Cristo NO PUEDE FALLAR, es INDEFECTIBLE. La Iglesia continuara existiendo hasta la Segunda Venida como un cuerpo VISIBLE, GOBERNADO JERARQUICAMENTE, ENSENANDO LA VERDAD y santificando a sus miembros con sacramentos validos.”
-– Cardenal Ratzinger: (1998) De ahí que «la fe de Pedro no venga de sus propias fuerzas , sino que la indefectibilidad de la fe de Pedro está basada en la oración de Jesús, el Hijo de Dios: “He rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”». Esta oración de Jesús es el fundamento seguro de la función de Pedro POR TODOS LOS SIGLOS. «En un tiempo en que vemos como Satanás “criba como el trigo” a los discípulos de Cristo, la fe imperturbable de los Papas ha sido visiblemente la roca sobre la cual se asienta la Iglesia».
Yo como Catolico Tradicional que sigue el Dogma Tradicional de la Iglesia, le doy la razon al Magisterio de la Iglesia: El Magisterio de la Iglesia esta en la VERDAD y Pedro Rizo esta en el ERROR.
Creo que es inteligente y sabio, un acto de amor y caridad, de humildad Cristiana, seguir la Luz del Beato PIO XI:
—-BEATO PIO XI : “Guárdense, por consiguiente, los fieles cristianos …de confiar demasiado en su propio juicio o dejarse arrastrar por esa FALSA LIBERTAD O “AUTONOMIA”, según la llaman, de la razón humana.
Es totalmente ajeno de todo verdadero cristiano, en efecto, confiar CON TAL SOBERBIA EN SU PROPIO INGENIO, que sólo preste asentimiento a lo que llegue a conocer él mismo por razones intrínsecas de las cosas, y estimar a la Iglesia, destinada por Dios para enseñar y regir a todos los pueblos, menos conocedora de las cosas y circunstancias actuales, o prestar asentimiento y obediencia también sólo a lo que ella estableciere por medio de las mencionadas definiciones solemnes, como si fuera lícito opinar prudentemente que los restantes decretos o implicaran falsedad o no se apoyaran en motivos suficientes de verdad y honestidad.
Por el contrario, es propio de todo cristiano de verdad, docto o indocto, DEJARSE DIRIGIR Y LLEVAR EN TODO lo que se refiere a fe y costumbres, por la santa Iglesia de Dios, por medio de su supremo pastor EL ROMANO PONTIFICE, que es regido por Jesucristo Nuestro Señor.”
Amen.