Alejandro Campoy | Mirando a los ojos de los etarras
Publicado el 13 Agosto, 2007 Autor Alejandro Campoy |
El Ministro del Interior, Pérez, ha decidido que los ciudadanos ayudemos a detener a la
nueva remesa de asesinos preparada por ETA mientras el delincuente Zapatero estudiaba el sueldo que iba a pagarles por no llegar a ejercer nunca la profesión a la que tanto empeño han dedicado. Y nos ofrece sus fotos. Contemplándolas durante largo rato, tratando de ver tras esos ojos de papel que a veces recogen un atisbo fugaz de sus dueños, he llegado a unas primeras conclusiones:
Ander Múgica Andonegui.. La típica carita de niño bueno que suele esconder cierta inteligencia, la suficiente como para haber comenzando creyéndose la patraña liberacionista como la causa de su vida, si bien ya debe haber pasado a la fase del “todo por los euros”.
Eneko Zarrabeitia Salterain. Quizás el más inteligente de todos por lo poco que puede deducirse de una mirada. Esto no le convierte ni mucho menos en el más sanguinario, pues esa misma inteligencia que le suponemos le permite todavía empatizar con “los otros”. En general, a todos se les supone un estadío inicial en ese proceso de deshumanización que implica el multiasesinato. No sabemos si ya han recibido su bautismo de sangre o no.
Aitzol Etxaburu Artetxe. Aquí ya empieza a percibirse el famoso RH. El feno-tipo éste ya reúne las principales características standar de la raza, a las que podría añadirse una especial estupidez. Lo más destacable sea quizás esto último: el individuo parece incluirse ya en el grupo de los bestias sin cerebro que siempre cumplen una importante función en este tipo de agrupaciones.
Joseba Mikel Olza Puñal. El mismo caso que el anterior. Arquetípico hasta en el flequillo, parece más bien de los del tipo “animal de carga”. Ausencia completa de intelecto, formación muy rudimentaria, dos o tres conexiones neuronales básicas para mantener las constantes vitales y permitir el desarrollo de las tareas encomendadas, y poco más.
Saioa Sánchez Iturregui. Con ella entramos en un universo completamente diferente: esta chica padece quizás una esquizofrenia. Su mirada es la de una psicótica contumaz. Podría ser la más peligrosa de todo el grupo. El inconveniente para sus compañeros es que no tengan conocimiento, quizás, de la grave enfermedad que padece y de la posible falta de autocontrol de sus actos.
Leire López Zurutuza. Pinta más bien como neurótica, concretamente con cierto sesgo histérico. Igual que su compañera, el problema puede ser de autocontrol, lo que no obsta para que pueda cometer cualquier barbaridad en un ataque de nervios. La cuestión sería si en el momento de pasar a la acción quedará bloqueada o no, o si descargará su agresividad en momentos improcedentes.
Esto por lo que concierne a los seis rostros que nos ofrece el Ministerio del Interior. Pero junto a ellos, el Ministerio de Sanidad debe ofrecernos otros seis, pertenecientes a enfermos graves huídos de un centro hospitalario hace pocos días, cuya captura resulta mucho más importante que la de los anteriores. A falta de sus rostros, daremos una somera descripción:
Rodríguez: grave enfermo mental, posiblemente a causa de haberse frito los sesos con ácidos durante su juventud: su última proeza ha sido ofrecer un sueldo a grupos de asesinos para que dejaran de matar.
Fernández I: mujer madura cuya patología no reviste especial gravedad. Se cree un reproductor de CDs, y contínuamente repite las frases que Rodríguez le dicta al oído. No se le conoce capacidad de pensamiento propio.
Pérez: nos encontramos ante el psicópata más peligroso de todos los tiempos. A su lado, Charles Manson en la realidad y Hannibal Lecter en la ficción no son más que dóciles borreguitos. Todavía están por desvelarse la gran mayoría de sus atrocidades.
López I: se trata de un tipo de grandes bigotes, con aires de matón de taberna que en realidad es un melindre pusilánime incapaz de dar un paso si no se encuentra amparado por alguien realmente fuerte. Suele funcionar a la sombra del terrorífico Pérez.
Fernández II: un tipo bajito, grotesco, con cierta semejanza a los bufones de las cortes medievales, lo suyo no es propiamente enfermedad, sino estupidez supina. Acostumbra a embarcar en naves que ya están hundiéndose o a subir en autobuses que se han quedado sin gasolina.
López II: responde también al sobrenombre de “Nadie”, pues se trata de uno de los casos más notables de “inexistencia visible”. Es lo contrario a Dios, que si existe nadie puede verle, mientras que a López II todos le ven aunque no exista. En realidad no es más que una apariencia a través de la cual Rodríguez negocia con los asesinos a los que quiere pagar un sueldo.
Se ruega a todos los ciudadanos que aporten a las autoridades sanitarias cualquier información que pueda facilitar la inmediata detención e ingreso hospitalario de estas seis personas. Es una emergencia.
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