Oscar Rivas | De cómo la derecha social derrotó a Bush (y II)
Publicado el 17 Agosto, 2007 Autor Oscar Rivas |
Resulta llamativa la escasa atención que el estrepitoso descalabro de Bush y sus aliados
proamnistía, ha merecido en los principales grupos mediáticos españoles. Habida cuenta del enorme interés que suele suscitar todo lo que se cuece en los Estados Unidos ¿por qué ese silencio en torno al que sin duda será uno de los grandes fracasos de la actual Administración estadounidense? Tengo para mí que, si en lugar de ser derrotada, se hubiera aprobado la reforma integral de inmigración, las cosas hubieran sido diferentes.
Al fin y al cabo, tampoco ha llovido tanto desde que nuestro Parlamento regularizara a un millón de “sin papeles”. Desde que la conjunción nacional-socialista troquelara, una vez más, impunemente, los verdaderos intereses de la ciudadanía.
De nada sirvieron las encuestas que desde hace tiempo sitúan la cuestión de la inmigración entre las principales preocupaciones de los españoles. Una vez más, nuestra clase política resolvió anteponer los intereses de una minoría. Nuevamente, nuestros parlamentarios demostraron el desprecio que le merece la opinión de ese pueblo al que la teoría concede una soberanía que la práctica se empeña en desmentir.
Aseguran representarnos. Pero, si es así ¿por qué cada día evidencian un mayor distanciamiento de los intereses generales de los españoles? Ya vimos cómo el Senado estadounidense, con su voto, enterraba la iniciativa de sus líderes ¿se imaginan a los diputados o senadores del PSOE contraviniendo las órdenes de Zapatero? ¿o a los del PP desautorizando a Rajoy? Una quimera.
Cualquier congresista o senador estadounidense es consciente de que, si desea ser reelegido, debe procurar no enfadar a sus votantes. Sabe que al final de su mandato tendrá que rendirles cuentas de su gestión. Su puesto no depende pues de las jerarquías partidistas. Por eso hará todo lo posible por defender los intereses de sus representados.
En cambio en España, nuestros parlamentarios únicamente se supeditan a los dictados del partido. No se responsabilizan directamente de su gestión porque las listas cerradas les blindan de una responsabilidad directa ante sus votantes. Así, su continuidad depende únicamente de su docilidad ante los mandatos de sus líderes. De su sometimiento a la denominada “disciplina de partido”.
¿Y qué decir del papel del pueblo? ¿Hubiera votado el Senado norteamericano en contra de una iniciativa promovida por sus dirigentes si la sociedad civil no les hubiera presionado con todos los recursos a su alcance? Ya lo advirtió Tocqueville “EEUU es el país en el que los hombres de hoy día han perfeccionado más el arte de perseguir en grupo el objeto común de sus deseos comunes”
¿A quién puede extrañarle entonces que haya sido la derecha social la principal instigadora de la derrota de la derecha política? Si el Gobierno de Bush no cumple su compromiso con los ciudadanos. Si ha dejado de representar los valores y de atender las demandas de quienes le auparon hacia la victoria, anteponiendo los intereses de una minoría privilegiada. Entonces ¿Por qué razón la ciudadanía que con su voto le reeligió como presidente, habría ahora de secundarle? ¿Desde cuándo la lealtad a las siglas ha de primar sobre la fidelidad a los valores?
Mientras tanto ¿Qué hizo, por su parte, la derecha política en España? Si sabía que buena parte de su electorado era contrario a la regularización ¿Por qué no se opuso más enérgicamente a una reforma que, como ya vemos- ha atraído a nuevas bolsas de ilegales? ¿Por qué no hubo presión alguna por parte de una derecha social que ha acreditado sobradamente su capacidad de movilización a lo largo de la legislatura?
Una vez más la experiencia americana nos ha dado una lección magistral de cómo se gestiona una democracia. De cómo un pueblo es capaz de doblegar la voluntad del presidente más poderoso del mundo. De cómo los principios deben primar siempre sobre las siglas. La mejor muestra, sin duda, de cómo las convicciones sumadas a la voluntad constituyen la mayor garantía del éxito. Ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Pero es que no hay más ciego que el que no quiere ver.
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Un comentario a “Oscar Rivas | De cómo la derecha social derrotó a Bush (y II)”
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Se evidencia la diferencia entre listas abiertas y listas cerradas.
Además en Estados Unidos, se sabe el nombre de los senadores de cada estado y los representantes de cada distrito.
¿En España se conoce exactamente el nombre de nuestros representantes?