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Jesús Salamanca | Tómbola de promesas

Publicado el 25 Septiembre, 2007 Autor Jesús Salamanca |

Muchos ciudadanos pensarán que no ha habido tiempo en los tres últimos años para hacer realidad las necesidades de la sociedad española. El Gobierno Rodríguez ha perdido el tiempo acariciando a ‘La Juana’, presentando a ETA en sociedad, internacionalizando el conflicto y diciéndonos lo contrario de lo que sucedía en los diversos ámbitos sociales y políticos. A los hechos me remito. Por eso no pudieron montar antes la tómbola de las promesas.

Huele a elecciones y no se cortan ofreciendo desgravaciones de todo tipo; aunque  sean conscientes de que son promesas para no cumplir, puesto que son de la escuela del profesor Tierno Galván. Ayudas para los jóvenes, la vivienda, la natalidad, el empleo, las pensiones… Como si antes no hubieran sido necesarias. Les cuesta dejar la poltrona. Si hay que prometer se promete lo que haga falta, antes que dejar el sillón, el sueldo, las prebendas, el despacho, la secretaria, el tráfico de influencias y el coche oficial. Aún recuerdo aquel chiste que se aplicaba a muchos de los socialistas de Felipe González que habían tocado poder tras las elecciones de 1982; se solía decir que habían hecho cambio de las cinco “ces”: casa, coche, compañera, cuenta y cartera.

El presidente Rodríguez ya está en campaña. Anuncia lo que haga falta. Por anunciar que no quede, de la misma forma que Manuel Fraga daba la mano a quien se encontrara durante la campaña, hasta el punto – según cuentan – de habérsela estrechado hasta a un maniquí que estaba expuesto a la puerta de un comercio. Eso ya es el colmo del mecanismo condicionado o del instinto del ‘político a piñón fijo’. 

Hace unos días caía en nuestras manos un borrador del Plan de Fomento del Alquiler. Lo cierto es que algo muy parecido leí hace tiempo. Allá por la última legislatura de Felipe González. Tengo la sensación de que se están desempolvando proyectos de principios de los noventa que no vieron la luz o que quedaron a medio hacer. Huelo a miedo y a desconcierto. Pero lo más triste es que desde el partido del Gobierno se piensa que no existe memoria histórica. Bien es verdad que ellos lo confunden con la ‘Memoria Histérica’ que anhela desenterrar venganzas, cuentas pendientes y sufrimiento. Todo ello parece ser el signo histórico e inconfundible del socialismo al que aludía Balzac, cuando le achacaba ser un eterno parricida, por matar a su madre, la república, y a su hermanastra, la libertad.

Huelo a engaño, a patraña, a imprevisión. Huelo a miedo. Mucho miedo y muchos miedos. Temores que hacen temblar ciertas estructuras del poder socialista. Un miedo que esconde alfombras polvorientas y conversaciones no ventiladas. Miedo a perder lo que se consiguió sin trabajar y con demasiados muertos por testigos. Un miedo silencioso a que predique GARA o a que la banda asesina hable más alto de la cuenta y pase facturas a quienes han pretendido desestabilizar el Estado de Derecho. Hay temor a muchos miedos inconfesables y a subterráneas e incontroladas vendettas.

Sigue el engaño por todas esquinas. Hasta lo advierte la oposición, después de haber permanecido mucho tiempo sin rumbo serio, con su líder en permanente cuestión y sin una perspectiva de futuro. Hablan de “golpe de efecto chabacano”, de “situación de angustia electoral”, de “anuncios electoralistas sin concretar”,… Es evidente que desde las filas del partido del Gobierno y desde éste anuncian lo que no han sabido cumplir ni podrán hacerlo aunque regresaran al poder. Es el miedo descrito. Un miedo que atenaza, habla y hasta grita compasión.

Rodríguez no escucha a su experto en economía. El gobernador del Banco de España se está hartando de pedir prudencia y dar recomendaciones, conocedor de la que se aproxima y del fin del ciclo de bonanza económica. Fernández Ordóñez sabe que las “políticas de alegrías” no son recomendables en época de vacas flacas. Durante su comparecencia en la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados, ha  apostado por mantener el superávit cuando las cosas vayan mal. “Cualquier tentación de hacer políticas de alegrías sería absolutamente contraproducente”. El gobernador tiene muy claro que el aumento del gasto público genera, entre otras preocupaciones, tensiones inflacionistas. Si con tales recomendaciones no sabe jugar las cartas el presidente Rodríguez, será una prueba más de la incompetencia y del sentimiento de gafe que le acompaña allá donde acude. Y lo que es peor: esa incompetencia y sus gafadas escenas las proyecta con facilidad y de forma permanente

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