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Gregorio Tena | Jesús de Nazaret ha resucitado (VI)

Publicado el 9 Octubre, 2007 Autor Gregorio Tena |

 b) LOS ACONTECIMIENTOS DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS.  

(2)    LAS APARICIONES Y EL CAMBIO DE LOS DISCÍPULOS.

    Eran pobres hombres, como tú y como yo, y habían dejado sus redes para seguir aquél que llamaban “Maestro,” que estando muerto y sepultado,  resucitó al tercer día, de entre los muertos, como les había predicho (Mt: 20, 17-19; Lc: 18-31-33). Estas palabras  de Jesús se ven cumplidas en las apariciones a sus discípulos. Y confirmadas por éstos, como testigos, en los siguientes pasajes de los evangelios: en Mt: 28,9-10, cuando Jesús salió al encuentro de las mujeres y les dijo: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.” En la escena que describe San Juan, capítulo 20, versículos del 11 al 18, dónde se hizo presente a María Magdalena. En el pasaje de San Lucas cuando se les acercó a los discípulos de Emaú (Lc: 24: 13-35) para ilustrarles todo lo que decían las Sagradas Escrituras sobre Él, y ellos, enardecidos sus corazones por las palabras del Maestro, desecharon su escepticismo, duda y abatimiento manifestándole: “quédate con nosotros que la tarde está cayendo…” que sin ti a nuestro lado, nada hay justo, nada hay bueno; y puestos a la mesa, cuando “…tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.”Éstos fueron a los apóstoles y le contaron que han visto al Maestro y han estado con él. Los evangelistas, Lucas y Juan,  también narran las apariciones a los once la noche de Pascua (Cfr: Lc: 24, 36-53; Jn: 20, 19-23;). Y ocho días después de la Pascua, se les presentó en el cenáculo, y al descreído y escéptico, Tomás el Mellizo, le dijo que introdujera sus dedos en las llagas de su costado y manos para que tuviera una prueba empírica de que, verdaderamente, el estado de su ser humano es el de “resucitado” (Jn: 20, 24-29). Otra hermosísima escena es la aparición a los apóstoles a orilla del lago de Tiberiades, dónde come con ellos, y vuelve a confirmar a Pedro como roca y cabeza visible e indiscutible del colegio apostólico y de su Iglesia (Jn: capítulo 21). 

     La convergencia de numerosos y diversos testigos, que afirman y confirman la real y verdadera presencia de Jesús resucitado ante ellos, en diferentes sitios y lugares, los hace acreedores de la veracidad y certeza de sus testimonios sobre las apariciones de Jesucristo; en contra de éstas, racionalistas y cientificistas ponen algunas objeciones, en las que afirman que estos fenómenos no son algo empíricamente comprobable, y que, por tanto, las apariciones, después de muerto, se deberían a una mera ilusión óptica, a una sugestión o algún tipo de alucinación, producidas, sin duda, por sus deseos a que resucitara. Argüiré estas dificultades exponiendo en su contra los siguientes razonamientos:

 a) “…Si esto fuera verdad, constituiría al final un milagro no inferior que el que se quiere evitar admitir. Supone de hecho que personas distintas, en situaciones y lugares diferentes,

tuvieron todas la misma impresión o alucinación.” (Sobre la historicidad y la fe en la resurrección de Jesús. Padre Raniero Cantalamessa, ofmcap.- predicador de la Casa Pontificia.- Roma, sábado, 7 de abril de 2007.)”

 b) Habría que recordarles, a estos objetores, que las reacciones de los apóstoles y discípulos, ante las primeras noticias de la resurrección de Cristo, fueron inicialmente escépticas, porque estaban sombríos, abatidos, desolados, habían perdido la esperanza y estaban desencantados por la muerte del Maestro, y, difícilmente, se producen sugestiones, alucinaciones o ilusiones ópticas entre personas en actitud escéptica, y menos aún, si son colectivas (Cfr: cenáculo, Ascensión etc.). Además, tampoco se explicaría por qué esas sugestiones sólo duraron cuarenta días, hasta la Ascensión, y después ya nadie volvió a tenerlas.

c)  Y, como muy bien, el padre Cantalamessa afirma: “Los discípulos no pudieron engañarse: eran gente concreta, pescadores, lo contrario de personas dadas a las visiones. En un primer momento no creen; Jesús debe casi vencer su resistencia: “¡tardos de corazón en creer!”  Tampoco pudieron querer engañar a los demás. Todos sus intereses se oponían a ello; habrían sido los primeros en sentirse engañados por Jesús. Si Él no hubiera resucitado, ¿para qué afrontar las persecuciones y la muerte por Él? ¿Qué provecho material podían sacar?”(Sobre la historicidad y la fe en la resurrección de Jesús.- Roma, sábado, 7 de abril de 2007).

d) Aún, hay más demostraciones a favor de estos acontecimientos de las apariciones: “la iniciativa de aparecer es de Jesús,” que se presenta en una situación novedosa respecto a su existencia anterior (Cfr: Artículo-V-(1) El bulo del cadáver robado), pero fácilmente reconocible por los apóstoles y discípulos, hasta el punto que  “…esta iniciativa de Jesús resucitado es muy importante porque muestra que no se trata de una ilusión o de una proyección de la espera o de la “fe” de los apóstoles. Tanto es así que se usa un verbo en forma pasiva que tiene su sujeto en Jesús: “Jesús fue visto, se mostró,” para subrayar la iniciativa” (Cfr: 1Cor: 15, 3-8; Lc: 24, 34; Hch: 19,17; 13, 31; 26, 16.- Breve Cristología de Piero Coda.).”

Este último apartado nos muestra la estructura relacional del acontecimiento de las apariciones: Jesús/apóstoles-discípulos= oferta /respuesta. Desde esta perspectiva, se puede comprender, mucho mejor, la interrogante ¿por qué Jesús privilegia a quienes habían sido testigos de su existencia (excepto San Pablo)? Sencillamente, porque ya  tenían una disponibilidad y actitud de apertura  para aceptar la plena manifestación de Jesús mismo, debido a que el reconocimiento de Jesús no se concreta sólo en su identidad, sino también en el reconocimiento de todo su mensaje, su misión y obra. Y, además, porque así se manifiesta, profundamente, la continuidad entre el Jesús histórico y el Cristo resucitado. Esto es esencial para la fe cristiana, porque ésta se funda, de forma inseparable, en la unión del Kerygma del Reino anunciado por el Jesús histórico, con el kerygma sobre Jesús resucitado, anunciado por los apóstoles a partir de las apariciones, y que continúa perpetuándose, permanentemente, en la Iglesia Católica a través de sus sucesores, asistidos por el Espíritu Santo  (Papas-Obispos). Razón por la que traigo a colación una de las respuestas que, hace poco tiempo, la Santa Sede ha dado a una de las preguntas que se le venían interpelando, y que, por su vital importancia, considero fundamentalísima: “La Iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia Católica. La subsistencia es esta perenne continuidad histórica y la permanencia de todos los elementos instituidos por Cristo en la Iglesia Católica, en la cual, concretamente, se encuentra la Iglesia de Cristo en esta tierra.”(Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dado en Roma el 29 de junio del 2007).

  La experiencia pascual, sacada por los apóstoles (y discípulos) en contacto y comunicación con Cristo resucitado, durante sus apariciones, cambia profundamente sus vidas; cambio que, con la venida del Espíritu Santo, ha vigorizado y calado, profundamente, en el ser personal de cada uno, y los ha transformado por completo. Sus corazones, rebosantes de alegría y gozo, exhalan el perfumado aroma de amor al Resucitado. Todos sus afanes consisten en predicar la doctrina, obras y sucesos pascuales del Maestro. Anunciar el reino de Dios, hasta los confines de la tierra, llamando a la conversión a todos los hombres, porque Dios  ha realizado su salvación por medio de Cristo Resucitado (Act: 2, 22-39;). Lo que nos muestra el carácter universal de la redención. Ya, no les importa, ni los sufrimientos, ni las persecuciones, ni la vida, ni la muerte, que abrazan como “cruz gloriosa de Jesús Resucitado” afirmando, repetidamente, que no pueden de dejar de decir lo que han visto y oído. Todo esto, nos pone de manifiesto, una vez más, la certeza veraz de sus testimonios. De aquí procede “… el inequívoco convencimiento de los primeros cristianos, de que Jesús, el crucificado, había sido resucitado y exaltado, se había encontrado con sus discípulos, los había llamado a ser sus testigos y les había prometido su asistencia permanente. La primera comunidad cristiana se fundamenta ya en esta convicción.” (Cristología de Hans Kessler-pg: 82).

      A tenor de todo lo expuesto, surge, casi con espontaneidad, la pregunta que el padre Cantalamessa se hace: “¿Cuál es entonces el punto de llegada de la investigación histórica a propósito de la resurrección?”La respuesta es que “ha ocurrido algo” que, por ser de orden superior y de dimensión sobrenatural, trasciende, completamente, las exigencias del método científico, y no es posible constatarlo históricamente porque es necesario ver al “Resucitado,”y esto no lo puede dar el método científico de la historia (ya que su objeto propio y proporcionado de conocimiento es de orden natural), sino sólo la fe. Por eso, Kessler afirma:” El fundamento de la fe es ciertamente el Jesús histórico, pero en su calidad de Señor resucitado (testificado por los primeros testigos y experimentado por los propios creyentes como actualmente operante).”

Comentarios

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  • Un comentario a “Gregorio Tena | Jesús de Nazaret ha resucitado (VI)”

    1. Claro Barba Merino el 22nd Diciembre, 2007 13:04

      Sí, estoy convencido de la Resurrección de Jesús de Nazaret, de lo contrario la vida humana no tendría sentido. El proyecto del ser humano no puede ser idéntico al proyecto de los seres irracionales, aunque tengan vida, pero carecen de facultades espirituales que no se pueden reducir a lo material. ¿Cómo la inteligencia, la libertad, la voluntad, la conciencia, la imaginación … van a ser compatibles con la materia. Dios y su Hijo Jesús de Nazaret dan expliación al ser humano.

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