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Lázaro Conde Monge | La disyuntiva

Publicado el 19 Octubre, 2007 Autor Lázaro Conde Monge |

“Nada temo tanto como la paz, cuando la traen la sumisión y el miedo” (Clausewitz)

   A medida que se aproxima la celebración de las próximas elecciones generales, crece la inquietud de los españoles conscientes de la gravedad del momento, acentuada por la manifiesta incapacidad del Gobierno para poner coto al caos político actual. A estas alturas, además de inútil, no conduce a nada lamentarse y se hace imprescindible poner de manifiesto la calamitosa gestión del Gobierno actual y analizar serenamente la responsabilidad de su Presidente.

   Para anticiparme a cualquier reproche, proveniente del autocalificado sector de izquierda progresista de nuestra crispada sociedad, debo empezar por ratificar mi  confianza plena en la democracia. Por si hubiera alguna duda, comienzo por expresar mi admiración, gratitud y respeto a quienes en un momento crucial de nuestra reciente Historia tuvieron la generosidad y la nobleza de renunciar a su esencial protagonismo, para lograr que el pueblo español lo recuperase constitucionalmente. Ahora más que nunca, cuando desde un poder precario se pretende reescribir la Historia de España, es imprescindible proclamar sin ningún complejo que la democracia la implantamos en nuestra Patria todos los españoles, aunque fue un número tan reducido como clarividente de patriotas, los que llevaron magistralmente la dirección capitaneados por el Rey D. Juan Carlos I. Sus nombres: Adolfo Suarez González, Torcuato Fernandez Miranda y Manuel Gutierrez Mellado. Ellos, en un momento crucial, sirvieron lealmente a su Patria al mando del General Franco como Jefe del Estado, al igual que la inmensa mayoría de los españoles, una vez superado el terrible trauma de la guerra civil. Su innegable generosidad contrasta con la inexistente lucha contra el franquismo de la que alardean sin rubor los progresistas al uso. Ante el descaro con el que estos progresistas presumen, de que fueron ellos los que con su lucha trajeron la democracia a España, es oportuno recordarles que la muerte del General se produjo por causas naturales cuando le llegó su hora, habiendo designado previamente a su sucesor. La Constitución de 1978, masivamente aprobada por los españoles, ratificaba la voluntad de todos de convivir en paz y libertad, haciendo al pueblo español depositario de la soberanía nacional.

   El hecho cierto de que este sufrido pueblo haya aguantado impávido más de tres años y medio la desquiciada actuación del actual Gobierno, no puede ocultar el abismo en que se encuentra sumida la política nacional. Por mucho que intente demorarlas el Presidente del Gobierno, las próximas elecciones generales deberán celebrarse obligatoriamente antes de seis meses. En las actuales circunstancias sería suicida inhibirse cuando la Constitución de 1978 está de hecho en suspenso y lo seguirá estando mientras no se pronuncie el Tribunal Constitucional sobre los diversos recursos interpuestos contra el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña ya que su entrada en vigor subrepticiamente, supone de hecho la liquidación de la Constitución actual. Por todo ello, se acentúa la sospecha de la presión antidemocrática que seguirá ejerciendo el Gobierno para que el alto Tribunal no se pronuncie hasta después de las elecciones.

   La convivencia se ha ido deteriorando ostensiblemente en las regiones que aspiran a independizarse de España, nuestra Patria común e indivisible, según la Constitución vigente. Las ofensas a la bandera que la representa combinadas con ataques frontales a la Institución Monárquica, singularmente a su titular, se van incrementando a medida que avanza la legislatura y multiplican los nefastos efectos de una política basada fundamentalmente en el odio, el rencor y el revanchismo. Además de inútil, resulta altamente pernicioso el intento de reescribir la Historia. La Constitución de 1978 había significado la superación de las diferencias que enfrentaban a los españoles y su vigencia había situado a nuestra Patria en un lugar destacado de la Comunidad internacional. La provocación que supone en cualquier democracia, humillar a los ciudadanos dándoles el tratamiento de súbditos, deberá tener su costo electoral.

    No obstante la cita del acreditado tratadista militar prusiano Carlos Von Clausewitz, con la que inicio esta Tribuna, se refiere a la innoble gestión presidencial del denominado plan de paz, para acabar con el terrorismo de ETA por medio del diálogo. Ni la sumisión, ni la cobardía, han sido nunca señas de identidad del pueblo español, que se caracteriza más bien por su rebeldía ante las amenazas y su más que acreditado valor en cuantas ocasiones ha visto amenazada su Patria.

    El optimismo del Presidente del Gobierno al anunciar públicamente el idílico panorama que iba a significar en el presente año el éxito de su, jamás expuesto plan de paz, para acabar definitivamente con el terrorismo separatista, fue respondido antes de transcurridas veinticuatro horas con el asesinato de dos inocentes en la voladura de la terminal T4 del aeropuerto de Barajas el 30 de Diciembre último. Su desaparición de la escena pública  durante varios días, fue la medrosa respuesta del jefe del Ejecutivo. Es digno de resaltar que en un alarde democrático el Presidente se negó a comparecer en el Congreso para explicar sus propósitos respecto a la continuidad de su plan. El inexorable paso del tiempo ha desvelado que el diálogo de los terroristas con los representantes del Gobierno continuó y, de revalidar su mandato, volverá a reanudarse.

     Ante las disparatadas decisiones acumuladas por el inefable Presidente en menos de una legislatura, sobran mayores disquisiciones. Pensar que se pueda reeditar una gestión tan siniestra, produce escalofríos. Se aproxima una vez más en democracia, el momento estelar en el que el pueblo soberano deberá emitir, mediante su voto, el dictamen que aceptará o rechazará la  gestión del Gobierno que está conduciendo a España a su desintegración. Al ir a emitir nuestro voto nos enfrentamos a la gran disyuntiva. No valen medias tintas: si o no a la continuidad constitucional de España, que significa la aceptación o el rechazo a la unidad nacional que cuenta con más de cinco siglos de vigencia. Lamentablemente el partido socialista ha dejado de ser una opción de Gobierno para España al haberse alineado con partidos nacionalistas, abiertamente separatistas que recaban la independencia de sus autonomías.

  Ante la prepotente suficiencia de la clase política progresista, que carente de creencias y de principios se instaló en el Gobierno tras ganar las elecciones generales del 14 de Marzo de 2004, previa la bochornosa jornada de reflexión, en la que medios de comunicación carentes del menor escrúpulo propalaron, con fines electorales, la falsa noticia de la existencia de terroristas suicidas en el terrible atentado del día 11 que costó la vida de 192 inocentes, es obligado resaltar que tanto las creencias, como los principios permanecen firmemente asentados en quienes un día juramos lealtad a España besando con unción su bandera y no estamos afiliados a ningún partido político.               Tal es el caso del español libre que firma esta tribuna de opinión, sin condicionante alguno y sin ningún complejo por no sentirse afectado por el venenoso virus progresista.

    Como remate de estas reflexiones personales, considero oportuna la mención a un español prototipo, entre los muchos que nos precedieron y contribuyeron con su honradez moral e intelectual y su valor acrisolado a la grandeza de la España eterna.

     La impresionante epístola de Francisco de Quevedo al Conde-Duque de Olivares, cuyo comienzo “No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”, contiene, entre otras, la magistral afirmación: “… que es lengua la verdad de Dios severo, y la lengua de Dios nunca fue muda” 

Comentarios

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  • 2 Comentarios a “Lázaro Conde Monge | La disyuntiva”

    1. Carlos de Bustamante Alonso el 20th Octubre, 2007 13:58

      Mgnífico el fondo y la forma del artículo de mi buen amigo. Efectivamente, de nada vale lamentarse. Como profesionales “aparcados” por razón de edad o por mutilación absoluta en acto de serviciio en mi caso, y ya por la edad también, podemos g. a D. y debemos pregonar a los cuatro vientos cuanto refieres -o más- en tu artículo. No obstante, y de verdad que lo siento, de algo, yo al menos, sí me lamento: ¿no abremos fracasado en nuestra democracia?; ¿a qué será debido?; ¿tendremos nosotros la culpa?; ¿no será del “sistema” en sí…?; me gustaría tener tu firmeza, pero Lázaro, de verdad que, salvo mis convicciones más profundas y que poco tienen que ver con sistemas políticos, de las que no hay gitano-con perdón- que me apee, dudo de casi todo. El pueblo, nuestro pueblo, nosotros, tenemos que saber reaccionar; y por supuesto en las urnas. ¡¡no con la EpC!! Astutos, ladinos, ambiguos…, ¡hipócritas! ¿Cuando nos enteraremos “¡todos!”?

    2. Carmen el 20th Octubre, 2007 23:46

      Yo confío en el poder y la justicia de Dios. Sé que el gran error que se cometió en el 78 es el mismo que se trata de cometer ahora. Hay situaciones en las que no vale eso del borrón y cuenta nueva, ya hemos visto para lo que sirvió. Pongo como ejemplo a Santiago Carrillo, que en lugar de haber sido condenado por sus crímenes se le perdonaron para ahora hacernos recordar los peores tiempos de nuestra convivencia. Los separatistas no cesaran de pedir mas, esa es su condición. Zapatero es un cobarde, no es capaz de aguantar la critica, mucho menos de soportar las amenazas y chantajes de los terroristas, por eso cede. Los españoles tenemos que estar muy alertas y ser muy exigentes para que se cumpla la legalidad en las elecciones. La Izquierda es tramposa por naturaleza en todas partes del mundo, la actual española sobrepasa los límites. Yo animaría a todos los vascos y catalanes que han salido de su región a empadronarse como lo hicieron recientemente miles de vascos proetarras para estar en las instituciones. Y ojo con los supervisores en las elecciones, ya vimos lo que paso en Venezuela, así es que el expresidente Carter y similares cuanto mas lejos mejor. Confiemos en Dios y no flaqueemos, Suya es la victoria.

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