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Víctor Alvarado | Un funeral de muerte

Publicado el 30 Octubre, 2007 Autor Víctor Albarado |

Hace unas semanas, se estrenó la que para mí puede ser  la comedia del año. Me estoy refiriendo a “Un funeral de muerte”  (2007). Probablemente, no será de las más vistas porque no tiene ningún actor de relevancia mediática. Pero, sin duda, el boca a boca generará una buena taquilla.

Cuenta la historia de una familia británica de clase media que acude al sepelio de su patriarca. Durante el velatorio, ocurren toda clase de sucesos de lo más particular. Martha, sobrina del fallecido, hará todo lo posible para quedar bien ante su familia y presentará a su prometido Simon, el cual ha tomado unas pastillas de diseño por equivocación lo que le provocará delirios durante la ceremonia. Alfie, un viejo cascarrabias y tío abuelo del clan, sufrirá una indisposición intestinal entre otras cosas. Aunque lo más interesante del guión es lo que les pasa a los dos hijos del difunto, Robert y Daniel, que tratarán a toda costa de guardar un secreto que desvelará Peter, un diminuto hombrecito, que quiere sacar  tajada del fiambre.

El reparto lo componen en su mayoría actores británicos, no demasiado populares que, sin embargo, realizan un magnífico trabajo. Alan Tudyk, que interpreta al educado Simon, puede parecer que está excesivo, pero de eso se trata, ya que  su papel de drogado por accidente es de lo más peculiar y cualquier histrionismo no está de más. El papel de Peter Dinklage está razonablemente bien. Si esté actor tuviese unos centímetros más, tendríamos una estrella del cine anglosajón, pues tiene talento. Mathew Macfayden, que interpreta al hijo del difunto con gran economía de gestos, presenta a un personaje con un gran complejo de inferioridad que se ve eclipsado por la fama de su hermano. Jane Asher, la actriz que interpreta a la esposa del muerto, expresa perfectamente el sentir de cualquier persona que ha perdido a un ser querido. Así podríamos seguir con todos y cada uno de los actores que componen el reparto, porque sus actuaciones son memorables y a la vez imprescindibles.

El director, Franz Oz, es sobradamente conocido por ser la persona que da la voz  a Yoda y porque fue uno de los creadores de los Teleñecos, entre otras obras de corte fantástico. Nos ofrece  un excelente trabajo con los actores y con un montaje muy adecuado que da continuidad a cada una de las situaciones que se presentan. Las escenas parece que están ensayadísimas para producir cierto grado de realismo dentro de lo absurdo. Frank, ¡Por favor! ¡Sigue contando historias tan divertidas como ésta!

El mérito de este filme no está sólo en el director, sino el guionista Dean Graig, sin él, este proyecto no podría haberse llevado a  buen término. Éste inventó esta historia, que se burla de la muerte, basándose en una experiencia personal de un familiar fallecido. Tanto director como guionista consiguen crear la atmósfera adecuada para que una serie de personas convivan en un velatorio, pero, éstas tienen gran cantidad de problemas como para sufrir por el hecho de la muerte y piensan que la vida continúa. La música es muy apropiada para el contexto tan surrealista que se desarrolla.

En contraposición con lo positivo, encuentro dos fallos, el primero correspondería a la puesta en escena, ya que da la impresión de que está viendo una obra de teatro por la forma de suceder de los sketchs  y la forma de interpretar de los actores. El segundo  de los desaciertos, sería el uso de algún gag  de tipo escatológico, que aunque puede ser enrriquecedor, me parece innecesario.

Por último, quisiera destacar que los créditos que se ven en pantalla mediante un sencillo cómic de un ataúd, que viaja por las calles de una ciudad inglesa hasta encontrar la casa afectada por el triste suceso, claramente, expresa el sentir de esta parodia sobre la muerte junto con una escena de presentación realmente sorprendente, donde un primer féretro aparece por equivocación con una persona desconocida en su interior, con lo que la empresa de pompas fúnebres roza el ridículo y a los presentes se le queda la cara a cuadros. Este inicio demuestra la efectividad del ácido humor inglés que tiene la virtud de crear  situaciones desternillantes partiendo de desgracias humanas.

La película roza el disparate. Sin embargo, está brillantemente contada, con lo que ríes y sonríes sin poder parar. No son necesarias las carcajadas enlatadas. Es una joya del humor negro inglés. Le doy un 8.

A Magdalena Álvarez, le encuentro un parecido con el rey Midas, pero al revés, porque todo lo que toca lo convierte en desastre. Podríamos enumerar las patéticas medidas adoptadas a lo largo de la legislatura. Como el argumento de la película de la cual les hemos estado hablando, nos encontramos con un cadáver político cuya única preocupación es mantenerse en el poder sin reconocer un solo error  Y, ahora, se empeña en acusar de sabotaje por los retrasos del AVE a la empresa contratada. Señora ministra: ¿No piensa dimitir? ¿Cómo puede tener la cara tan dura?

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