Lázaro Conde Mongue | Libertad y verdad
Publicado el 11 Noviembre, 2007 Autor General |
Cuando se espera, cada vez con más fundamento, que la celebración de elecciones
generales despeje el confuso panorama político en el que se encuentra sumida España, parece momento adecuado para reflexionar sobre las causas del innegable deterioro que ha sufrido nuestra convivencia en la legislatura que está en su tramo final.
No es fácil para un demócrata, sin compromiso partidista alguno, transmitir unos puntos de vista que en el momento presente invitan a una seria reflexión sobre la que, a su juicio, considera peligrosa encrucijada en que se encuentra la nación tras la disparatada gestión del Gobierno surgido de la inesperada victoria electoral del Partido Socialista en las últimas elecciones generales celebradas el 14 de marzo del año 2004. Sin necesidad de recurrir a la Historia, haciéndolo simplemente a la memoria sin calificativos para evitar falsearla, es innegable que lo que perdura en los millones de españoles que vivimos aquellas jornadas, aún tan próximas, lo llevaremos siempre gravado en nuestras mentes. El recuerdo del espantoso atentado terrorista del día 11, que costó la vida de 192 inocentes, nos confirma la decisiva influencia que tuvo en el resultado de las elecciones celebradas tres días después.
Es necesario dejar constancia de que en acusado contraste con el estupor, el dolor, la impotencia, y el espanto que se adueñó de la práctica totalidad del desconcertado pueblo español, que acudió unánimemente en ayuda y consuelo de todos los afectados, un sector vociferante del partido, que finalmente ganaría las elecciones, capitaneado por quien ahora ejerce de titular del ministerio del Interior, protagonizó el día 13, la más indecente jornada de reflexión de que se tiene noticia en cualquier país auténticamente democrático, asediando las sedes del partido en el Gobierno y esparciendo en sus puertas de entrada la basura depositada en los contenedores públicos. Permanece en la memoria colectiva la abrumadora demanda de quienes gritaban enloquecidos las consignas impartidas: ¡Queremos saber la verdad! Y ¡España no se merece un Gobierno que mienta!, así como el ¡pásalo¡ transmitido por teléfonos móviles.
Como demócrata, plenamente compenetrado con el anuncio evangélico de que la verdad nos hará libres, acepto sin reservas la imperiosa necesidad de que la información veraz y objetiva sea imprescindible en toda democracia auténtica. Dentro de tan sólo cuatro meses, al acudir de nuevo a las urnas, aún los más desmemoriados votantes recordarán que el mismo día 11 de marzo de 2004, antes de las veinticuatro horas, nada menos que quién como consecuencia de su victoria electoral está a punto de completar la más nefasta primera legislatura de nuestra democracia como Presidente del Gobierno de España, comunicaba a la prensa y singularmente al director del períódico que más se distingue por su objetividad y por la veracidad de sus informaciones, que el espantoso y múltiple atentado ejecutado en las primeras horas de esa mañana, era obra de terroristas suicidas. La inmediata transmisión de esta noticia, que era absolutamente falsa, a través de medios de comunicación sin escrúpulos, en cuya labor fue esencial el protagonismo de un afamado locutor radiofónico caracterizado por su filiación progresista, produjo un efecto inmediato. El aún Presidente del Gobierno, señor Aznar, que había renunciado voluntariamente a la reelección, era el principal culpable, como acreditaba la famosísima foto de las Azores al reflejar el contubernio de los antidemócratas jefes de Gobierno de Gran Bretaña y España reunidos con el aún más antidemócrata Presidente de E.E.U.U, para planificar la guerra de Irak.
Previamente el futuro Presidente del Gobierno de España, al permanecer como jefe de la Oposición, ostentosamente sentado al paso de la bandera americana en el desfile militar celebrado el día de las Fuerzas Armadas, daba a todos una impagable lección al mostrar públicamente la mejor manera de menospreciar a la primera potencia mundial.
A estas alturas, es prácticamente imposible encontrar en la actuación del Gobierno que surgió inesperadamente tras la consumación de la masacre del 11 de Marzo, el menor signo de contrición y cada día que pasa, se acentúa la alarma ante la posibilidad de que en las ya inminentes elecciones generales, el partido socialista pudiera revalidar el lamentable mandato político sufrido por el paciente pueblo español desde el advenimiento de la democracia y la vigencia de la Constitución de 1978.
Por todo lo expuesto, coincidiendo con la publicación de la sentencia del Tribunal que ha juzgado a los imputados en la matanza y tras acatarla sin reservas, se pueden y se deben analizar sus consecuencias. La más grave se deriva del desconocimiento absoluto del autor o autores de la idea del cambio de Gobierno mediante la ejecución de un atentado terrorista. Cuando los ejecutores de la matanza del 11 de marzo han sido juzgados y condenados, es más necesario que nunca despejar hasta sus últimas consecuencias la ominosa incógnita que planea sobre la conciencia nacional: ¿quién concibió, planificó y ordenó el atentado con el fin de variar el rumbo de la política del Estado y el resultado de socavar el entramado constitucional, cambiar subrepticiamente las reglas establecidas y dar alas a los planteamientos más insolidarios y disgregadores?
Cuando la reflexión de un demócrata español, sin filiación política alguna, que ama a su Patria y se siente orgulloso de su estirpe, afianza su confianza en la imprescindible conexión entre libertad y verdad, tan solo le resta insistir en el falaz argumento de quienes soslayando ambos conceptos, pretenden continuar en el poder sin esclarecer lo fundamental: La verdad sobre el espantoso atentado del 11 de Marzo de 2004.
Es llegado a este punto, cuando resalta de forma especial la evidencia de que la idea y la finalidad de la masacre, que exigía una preparación minuciosa, requería además de unos conocimientos técnicos excepcionales, para coordinar con absoluta exactitud la acción criminal procedente de orígenes tan distanciados entre si, un auténtico plan de operaciones que no dejara nada al albur. Aún sin ser conocedores de conceptos tan esenciales en el ámbito militar, como los de estrategia y táctica, la mayoría de los ciudadanos tienen una idea, más o menos clara de los mismos, aunque solo sea por el empleo habitual de estos términos en las competiciones deportivas.
Puesto que la sentencia del tribunal que ha juzgado la masacre, condena a miles de años de cárcel a sus ejecutores materiales (táctica) y absuelve a los que denomina autores intelectuales (estrategia) de una petición fiscal de cerca de cuarenta mil años a cada uno, es conveniente dejar constancia por si algún ciudadano lo desconoce, que la estrategia se refiere a la concepción y dirección, en tanto que la táctica lo hace a la ejecución. Del análisis objetivo de la sentencia se deduce que la investigación sobre el peor atentado terrorista con finalidad política ocurrido en Europa, debe continuar hasta su completo esclarecimiento, olvidando el antológico ridículo de la petición fiscal,
El palpable desconcierto del partido gobernante, que en principio aceptaba la sentencia que desmontaba la hipótesis de atribuir el atentado a la guerra de Irak, para recurrirla finalmente sin ningún argumento válido, estimulará sin duda la presión de los medios de comunicación independientes para que continúe la investigación.
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3 Comentarios a “Lázaro Conde Mongue | Libertad y verdad”
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“Libertad y Verdad” es un artículo sin desperdicio: “verdades” como puños, escritas con la “libertad” de un verdadero demócrata. Y una gran lección de conceptos (estrategia y táctica) tan desconocidos por muchos y ahora claros para quien lo lea, como el agua clara. Lástima que su democracia, real y encomiable, visto lo visto, sea una utopía, para muchos que se dicen demócratas y son ¡falsos!; como falso es su amor a la Patria. Pero si hasta les da miedo nombrarla y dicen “país”, sin que “España” forme parte de su particular diccionario. Y encima daltónicos: ven morado, los pobres, donde hay rojo y gualda.
Recuerdo el estupor que me produjo y todavía no me puedo creer que siga sin castigo alguno, aquella intervención de Rubalcaba en plena jornada de reflexión, arengando a las masas a votar contra el partido en el Gobierno. ¡Que verguenza¡. Así está la democracia en nuestro país. Gracias por recordárnoslo.
Menos mal Sr. Conde que usted es “un demócrata español, sin filiación política alguna” como se autodescribe en el artículo. No había visto semejante cinismo en mi vida a la vista de sus parciales opiniones.
En cuanto al fondo del artículo me parece penoso la verdad, no hace sino poner en evidencia la enorme frustración e impotencia de la derecha española ante la mas que probable victoria socialista en marzo de 2008. Un saludo