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Pedro Rizo | La explotación de la pobreza (iii)

Publicado el 17 Noviembre, 2007 Autor Pedro Rizo |

 De la circunstancia y la consecuencia

Antes de abordar el estudio de los textos respecto a los cambios elaborados por el progresismo sobre el concepto de la pobreza deberíamos hacer algunas observaciones. Una es que si el ser pobre socialmente resultase, como algunos suponen, camino seguro hacia la bienaventuranza eterna, bastaría abandonarnos a la vagancia y al dolce far niente.. Obviamente, como esto no puede ser doctrina de la Iglesia habrán de puntualizarse bien las cosas y dejar de hacerles el caldo a nuestros enemigos. El supuesto del pobrismo y los orígenes humildes es sin disculpa un desvarío doctrinal y una injuria al entendimiento. Es superficial que haya papas que aboguen por estos presupuestos; lo grave del asunto es faltar institucionalmente a la enseñanza tradicional de la Iglesia en su labor civilizadora que empezó, justamente, sacudiéndonos de la indolencia (2 Tes 3, 10), salvándonos de la esclavitud del pecado y, por ende, de la social (Ef 4, 28; Mt 25, 29); o quitándonos las legañas de la envidia (Mt 20, 1 y ss), adrenalina del odio y velo de la cobardía. Sería estupendo que la recluta en la Iglesia desde unos difuminados orígenes humildes tuviera que ver con la concreción del que se esfuerza y llega, pero no es así, y por eso es denunciable. La recluta debería privilegiar al que demuestra que es capaz de llegar y no del que esconde su incapacidad en un medio de vida; del que entrega a Dios su alma con todo lo prometedor de una vida por delante, y no del que se la vende. La primera fórmula es la única identificable con la llamada. La fe en Jesucristo, esto es, la vocación religiosa, cuando realmente se tiene, es de riesgo, de sacrificio, de ilusión, trascendente y generosa; es un salto sin red en la vida. La fe, es decir la cultura y civilización cristianas, educa para la superación y enseña que la responsabilidad de nuestra biografía nos corresponde a nosotros antes que a nadie; sea cual sea la circunstancia de nacer en riqueza o en indigencia. 

No es verdad que se ame a Dios en los pobres dándoles a estos limosnas que les acostumbren a vivir de las dádivas sino, mucho mejor, dirigiéndoles para reaccionar con eficacia. Eficacia que surge siempre de dentro de cada cual y de la ayuda que siempre manda Dios. Un caso muy común es el de esos emigrantes que llegan a California o a Nuevo México para vivir uncidos a una noria de continua marginación que les garantice la ayuda estatal… Qué diferente, sin embargo, en quienes se enfrentan a su situación decididos a resolverla. Los que piden demostrar que pueden ser útiles al país que les acoge y cortan con el “soma” del subsidio en que se degradan. Llevado esto a escenarios de Tercer Mundo vemos que la beneficencia viciada hace que los pueblos se acostumbren a ella, y se arruinen más pues destruye las estructuras de productividad y burocratiza la distribución de la ayuda, hasta que agricultores, ganaderos, asentadores y comerciantes se convierten en destinatarios de la atrofiante ayuda externa. 

Variaciones orteguianas.- El vitalista José Ortega y Gasset nos decía que nuestro contacto con la realidad es personal; que la primera cosa de que tenemos certidumbre es de estar vivos. Que somos, por un lado, una realidad que sentimos, nosotros mismos, “yo-soy-yo” y, al mismo tiempo, otra realidad que nos reclama atención desde nuestra entrada en la historia, es decir, “la circunstancia”. Es “el ser” y “el estar” en constante interferencia de jerarquías: “el señor Soy-yo” disputando a la greña con la “señorita Circunstancia”. Pero no todos piensan que se nace y se vive en una realidad soporte de nuestro protagonismo, que es lo que decía el filósofo, sino que solo, si acaso, lo sienten. Y del sólo sentir es fácil adaptar el pensamiento a la fatalidad de la realidad encontrada. Vamos así del primer y principal bien que es nacer (”empezar-a-ser-yo”) a dejarnos maniatar por una circunstancia que siempre podríamos modificar y reconvertir, en la realidad disponible o en otra que probablemente podemos alcanzar. Lo incontestable es que abandonarse a la circunstancia es un enfoque enfermizo de la vida, el verdadero pecado Original. Al contrario, lo más práctico y conveniente es esforzarnos en cambiar el “yo-soy-yo-y-mi-circunstancia” por un “yo-soy-yo-y-mis-consecuencias”, mucho más cercano a la enseñanza de Jesucristo, que juzga de nuestras vidas por sus frutos. (Mt 7, 15-20) Tal vez Ortega con “su” circunstancia, influenciado por los filósofos protestantes, se acercó en oculto retrueque al acomodaticio fatalismo de que salva la fe y no las obras, origen de muchos engaños políticos y sociales. Pero esto es aquí una digresión excesiva.

Diciéndolo de otro modo, la circunstancia nada más señala lo encontrado. Es un retorcimiento intelectual pretender que el marco físico de lo encontrado pueda desbordar en rango a la realidad ontológica, el soy-yo que le sustenta. Nacer es la realidad fundamental, según Ortega. Algo que seguramente oyó decir a Pero Grullo, fuente y maestro de todo filósofo. De lo que concluimos que si “somos” es porque hemos nacido y que, estemos donde estemos, “circunstancialmente”, siempre desembocaremos en la única explicación posible, la realidad fundamental, Dios, que nos eligió antes de que nuestros padres se conocieran y de que se creara el mundo. (1 Ef 1, 4) La consecuencia es la segunda realidad vital, porque sólo puede ser vital la realidad que se origina en nosotros y no una circunstancia, siempre extraña o externa. Así la consecuencia es mucho más decisiva y determinante que la circunstancia pues, mientras ésta influye en nosotros de modo pasivo, desde lo encontrado, la consecuencia es el balance de nuestras actitudes, de nuestro empuje vital, de nuestra inteligencia, del desarrollo de nuestras capacidades. Con la actitud que aplicamos a la circunstancia configuramos nuestra historia, y esto es lo que podemos llamar “consecuencia”. ¿Hay mayor libertad? La fijación hipnótica en la circunstancia sólo nos inclinará hacia la apatía y la obsesión reivindicativa –peor aún, revanchista- y, al contrario, cuando nos decidimos por la consecuencia la capacidad de reacción surge y todo se positiva. Esto lo digo no sólo contra los explotadores de la pobreza sino, también, para los que sin quererlo aman ser pobre pues que lo alimentan con abolengos paralizantes y duelos de tiempos pasados…

Veamos una ilustración opuesta a la noria de las ayudas. Un viernes del crudo enero de 1977 llegué a Hartford, USA, para visitar las oficinas generales de la empresa cuyos intereses representaba en España. Tenía por delante todo el fin de semana para adaptarme a la diferencia de horario. A las 9:00 de la mañana siguiente, sábado, bajé al bufete del Hotel donde una camarera me sirvió el café y me indicó el mostrador del autoservicio… Estaba ya desayunando cuando invadió el salón una cuadrilla de obreros, con nieve en sus botas, caras coloradas y frotándose las manos por el frío. Se sentaron casi a mi lado y puse atención a lo que hablaban para acelerar mi inmersión en el inglés. Uno, el jefe, se volvió a mí y me pidió le dejara mi cafetera, lo cual trajo un cruce de preguntas y pequeña charla. Me dijo que volvían de dejar expeditas de nieve las calles principales de la ciudad, tarea que empezaron a las seis de la madrugada. Era un ítaloamericano que tenía contrata con el municipio, para lo cual disponía de quitanieves, camiones, aperos y cuadrillas de trabajadores. Me propuso recogerme al mediodía para llevarme a comer a su casa donde me presentó a su esposa y a su madre y luego llamó a un colega, español, antiguo emigrante como él, para tomar café. Se inició una relación duradera de años con ambas familias. La referencia vale aquí porque aquellos hombres llegaron a América con sus padres emigrantes; como adolescentes tuvieron que estudiar –la enseñanza obligatoria—y, más tarde, al tiempo que trabajaban, hasta llegar un día, uno, a contratista responsable de la limpieza de su ciudad, y otro, un fontanero de Lérida, a encargado del mantenimiento de seis edificios de oficinas. Dos años después, el ítaloamericano fue elegido cargo municipal importante. ¿Les pudo aquella su primera circunstancia de emigrantes con una mano delante y otra atrás? No, desde luego. Y lo destaco como contraste con quienes se dejan llevar del fatalismo consuntivo, como si se colocasen una placa al final de la espalda que dice: “Proletario”, “Orígenes humildes”. La primera vez que oí tal cosa en la Iglesia, con buena dosis de clasismo, fue por boca de Juan XXIII. Podría haberlo dicho con más verdad San Pío X, pero el Papa Sarto nunca lo usó como Marketing de su persona. Esa falsa humildad es plancha de plomo que a muchos prelados y pastores les pesa tanto que ya no pueden moverse con la libertad de hijos de Dios y predican un Evangelio socialista para que muchos piensen que los pavos deben volar a sus mesas ya asados y trufados. (Lc 13, 23-24; Mt 22, 14)
Una religión exigente.- La alienación es un proceso que transforma la conciencia de un hombre o de una colectividad hasta hacerla contradictoria con lo que puede esperarse de su condición. Hay otras definiciones, por supuesto, pero ésta es la que me gusta. ¿Hay actualmente alienación en la Iglesia y en sus pastores? Mi lector sabe contestar. La afectada defensa de los pobres, o el exhibicionismo de los orígenes humildes, roza en muchos casos la esquizofrenia moral de tapar la hipocresía con la demagogia. Pero dejemos esto para próximos artículos.

Subrayemos que la circunstancia es la piedra angular donde el progresismo comunista asienta su doctrina para multiplicar alienaciones como éstas: La auto disculpa proyectiva: “Me veo en esta triste situación porque otros tienen lo que me pertenece”, y  la neurastenia del odio como fórmula. La deriva hacia una tontísima predestinación: “Estoy orgulloso de pertenecer a la clase proletaria y de los oprimidos” (hay que estar mal de la cabeza…), para refugiarse en el marxismo como religión sustitutiva. La explotación de la lástima: “Compadécete de lo pobre que soy”, para caer en el pozo sin fondo de la minusvalía. Muchos recurren a la picaresca: “Para cobrar los subsidios necesito seguir pareciendo pobre”; otros más al chantaje: “Si no me ayudáis diré que sois malos cristianos”; o al agravio comparativo, vamos, la envidia: “¿Por qué tú sí y yo no?”, culpando casi siempre a un personalizado y singular “tú”. Y por último, y peor que todo, la alienación del fracaso total para el alma: « […] siervo desaprovechado, arrojadle a las tinieblas…» (Mt 25, 25-30)  Atiéndase al detalle de que en esta parábola el sirviente condenado fue el de la obligación más fácil.

No lo olvidemos, es en Jesucristo donde “los pobres” y los esclavos de la antigüedad encontraron su honor y su fuerza bajo la constante de un mundo hostil. El cristianismo de los Santos Padres y de los mártires no era apocado, de ojos en blanco, para esquivarse responsabilidades individuales. Los Evangelios se muestran en esto muy duros y terminantes. ¿Alguien llamará blanda a una religión que habla de puertas estrechas y de un reino que para conseguirlo exige hacerse fuerza? Blando de verdad lo es este nuevo catolicismo ecuménico y protestantizado, el del pauperismo progresista. La septicemia de la Iglesia actual son las obras sin fe del nuevo “espíritu misionero”. Mas el Nuevo Testamento nos catapulta el pensamiento a que revitalicemos este mundo con la enseñanza del Enmanuel, Dios entre nosotros. «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» (Jn 5, 17). «No he venido a ser servido sino a servir» (Mt 20, 28; Mc 10, 45). «El Reino de los Cielos se alcanza con esfuerzo y solamente los esforzados entrarán en él.» (Mt 11, 12) Afirmaciones muy provocadoras y que mentes pervertidas se dedican a tergiversar. San Pablo es contundente acerca de esta necesidad de trabajar y hacerse fuerza: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, sin duda, mas uno solo recibe el premio… » (1 Co 9, 24) «He trabajado más que todos» (1 Co 15, 10) A su discípulo Timoteo le recuerda: «He luchado la noble lucha, he finalizado la carrera, he mantenido la fe…» ( 2 Tim 4, 7). Y escribiendo a las iglesias de Tesalónica prescribe: « […] esto os recomendamos: que quien no quiera trabajar que no coma.» (2 Tes 3, 11) Aclaremos esto de no comer si no se trabaja. De las normas de convivencia (la llamada Didaché) de las diversas iglesias, destaca una por la que se ofrecía hospedaje a los cristianos excluyendo la comida mientras no sufragaran su coste, al menos con su trabajo. Y es que los había que no se avergonzaban de vivir de la fe en lugar de para la fe. Con lo cual retomamos el principio de este artículo.

Comentarios

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  • 3 Comentarios a “Pedro Rizo | La explotación de la pobreza (iii)”

    1. PLOTINO el 18th Noviembre, 2007 9:51

      Me quito el sombrero. Gracias a Minuto Digital por este articulo. Y al autor, claro.

    2. Pablo Martín el 20th Noviembre, 2007 9:23

      Fantástico y clarividente. Ya está bien de escuchar, como yo mismo el otro día en Misa que “la mejor manera de alcanzar el cielo sería haciéndonos pobres”, y se refería el sacerdote a hacernos ¡indigentes!, pues así lo explicó a lo largo de la homilía. ¡Qué tristeza de vida es esa! No creo de ninguna manera que sea ese el deseo del Señor.
      Este articulo además, me trae a la cabeza la eterna disputa entre las políticas económicas socialistas, siempre dirigidas al subsidio, frente a las políticas llamadas liberales, que lo que buscan es la creación de riqueza por la vía de las rebajas fiscales para incentivar la ACTIVIDAD.

    3. anonimo el 20th Noviembre, 2007 14:12

      Don Pedro, lo felicito.

      Un articulo bien escrito y (GRACIAS A DIOS) sin ninguna herejia contra la Naturaleza Divina de la Iglesia.

      Es muy bueno leer un articulo de Pedro Rizo sin ninguna herejia.

      Para dolor y desgracia , casi todos los articulos de Pedro Rizo estan llenos de herejias contra la Naturaleza Divina de la Iglesia (El dogma de infabilidad Papal solo existe como Pedro Rizo lo entiende con unas limitaciones muy diferentes a las proclamadas en el Primer Concilio Vaticano, el magisterio Ordinario infalible No existe, interpretar la Sallette y Daniel el solo por su cuenta sin ayuda del Magisterio, el Espirtu Santo se va de Vacaciones durante un Concilio, La Iglesia “cambiando” sus dogmas de Fe del Primer Grado, pasar a gusto de Pastor Aeternus, la Iglesia DEfectible sin ayuda constante Todos los dias hasta Fin del Mundo como Prometio Cristo, etc, etc,)

      Es desgarrador y trizte sin limites (rompe el Corazon) ver como casi todos los articulos de Pedro Rizo, –(un hombre buen intencionado pero malisimamente formado en Teologia Dogmatica, especialmente en Eclesiologia,)– se llenan de teorias e ideas que chocan frontalmente con Pastor Aeternus, el Primer Concilio Vaticano y la doctrina Catolica.

      Por eso felicito a Pedro Rizo por este articulo: !Que no contiene ninguna herejia contra la Naturaleza Divina de la Iglesia!

      Sonceramente lo felicito de Corazon. POR FAVOR SIGA ASI. Articulos bonitos y bien hechos SIN NINGUNA HEREJIA.

      Bravo Don Pedro. Lo felicito.

      Una sola Nota: La Iglesia habla muchisimo de los Pobres para dejar sin argumentos a Izquierda Unida. Puesto que los asquerosos comunitas dicen que la Iglesia es de Ricos y odia a los obreros, la Iglesia para contrarrestar esa propaganda habla mucho de los pobres. Es solo estrategia para callarle la boca a Llamazares.

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