Pedro Conde | La República puede esperar
Publicado el 20 Noviembre, 2007 Autor Pedro Conde |
Este artículo fue escrito antes de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla.
Nada cambia de su contenido, salvo añadir que si el actual Jefe del Estado cumple con su deber, como el primer español que es por rango institucional, de defender la unidad y las tierras de España, como lo ha hecho con la visita a estas dos ciudades africanas y españolas, nosotros seguiremos manteniendo que la República puede esperar.
Sólo por la unidad de España se puede sostener a esta Monarquía y a su titular, Juan Carlos de Borbón y Borbón. Si no fuera que a esta Patria nuestra, como entidad nacional, parece que no le queda en estos momentos otro punto de unión que por su vértice, la Jefatura del Estado, bien pudiera su actual titular, el rey, tomar el camino de Cartagena, como su abuelo Alfonso XIII o el de su bisabuela, la libidinosa y fanerógama Isabel II. Su conducta como hombre público, ¡quién más que el Jefe del Estado!, deja mucho que desear y sus expresiones frente a quienes intentan destruir la unidad de la nación, de la que el es primer ciudadano, son funestas y desesperantes. En otros casos, la respuesta en defensa de sus subordinados, como Capitán General de los Ejércitos, ha sido el silencio cuando alguno de éstos, el general Mena como ejemplo, salen en defensa de esa unidad en nombre de la Constitución. Conste que la defensa de la unidad de España se debe hacer por sí misma; por principio, por esencia, por presencia y por Historia, con Constitución o sin Constitución; si además ésta lo dice expresamente a qué no estamos obligados todos y el rey por y con más responsabilidad. En otro orden de cosas y aunque sólo fuera por una imagen limpia, no puede el Jefe del Estado cultivar amistades con estafadores que ya están condenados en firme nada menos que por el Tribunal Supremo, otro de los pilares de un Estado de Derecho. Hasta para cazar perdices hay que andar en buenas compañías. Podrían añadirse más asuntos de los que pedir responsabilidades. Dejémoslo aquí.
Pues a pesar de todo, a pesar de la evidencia y contra todo deseo y convencimiento propio, ya que para mí “la monarquía es una Institución gloriosamente fenecida” desde hace algún siglo en España, en estos momentos tenemos que apoyarla por la sola y única razón de que es el último hilo con el que parece estar cogida, aunque mal cosida, esta piel de toro, la vieja Hispania, a la que hoy se conoce en el mundo con el nombre más moderno de España. Tres mil años, como mínimo, la avalan en su construcción; como para que ahora nos la derriben unos insolventes, analfabetos, locos y canallas separatistas, del interior, o unos fanáticos de la media luna, que hace quinientos años fueron expulsados de este solar por intrusos y “okupas” de la Historia.
A bote pronto, se me ocurre una escena. ¿Qué pensaría y cómo se portaría el General Franco, a la vista de los hechos, con el hombre que como su sucesor dejó sentado en un trono solo con la fuerza de su dedo índice?
Se me ocurren otras preguntas. ¿Hasta cuándo esta Constitución confeccionada con pespuntes por acomplejaditos del pasado y pícaros del futuro puede contener como el muro de un embalse las masas torrenciales, el cieno, los desechos, los cadáveres de víctimas inocentes, los aluviones de tierra nacional, etc.? Al muro principal se le ven enormes grietas estatutarias que están a punto de reventarlo; ¿por dónde abrir aliviaderos, por las márgenes o por la misma mediana del muro y después volver a reparar? Que yo sepa la paciencia puede ser una condición del albañil que no una virtud; pero un muro se reconstruye con barrenos, piquetas, etc., y después hormigón con hierro, con mucho hierro y sin yerros para que no se vuelva a caer.
Otra pregunta. ¿La democracia es un similitruqui, un telón corrido de escenario o un trampantojo con el que los ilusionistas de la política le hacen juegos de manos al pueblo inocente -o ¿ignorante?, sí, ignorante de cultura- para levantarle el voto de la cartera en nombre de aquélla? Hace cuarenta años, desde aquellas asambleas de las fábricas, en tiempos de la dictadura y la predemocracia, que vengo oyendo no sé cuantas cosas que hacer por y en nombre de la democracia. Ya recuerdo yo cómo se entrenaban entonces aquellos lideritos con las masas obreras para subirse al coche oficial y no apearse hasta hoy de él en nombre de la democracia. Más o menos lo mismo que criticaban de alguno de los Ministros del Régimen anterior, como un tal Martín Villa, que me llevó a los tribunales por no sé qué asunto de “Un Cerdo Paseante en Cortes”.
Lo malo es que en el mal uso y en nombre de la democracia se pueden destruir basamentos, puntales, cimientos, muros, tan indispensables para vivir y convivir como los pilares de una nación. Todo, como ahora, por los intereses meramente materiales de un partido, que se dice nacional, y a cuyo frente hay “un bobo solemne”, falso demócrata, nada más hay que ver sus amistades con Fidelón del Caribe, el penúltimo sátrapa comunista. Además y seguro que el tal bobo de sonrisa fija y circunfleja, actual inquilino monclovita, ignora la Historia de España, de cuyo Gobierno es hoy su Presidente. ¡Ya es triste! Me apuesto un examen a que este zapatiesta no sabe, no ya quién era Chindasvinto y Reciberga, su mujer, sino a quién intitularon en el pasado siglo con el sobrenombre del “Breve”.
¡Oído cocina! Revuelto de Zarzuela
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Un comentario a “Pedro Conde | La República puede esperar”
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Muy interesante su artículo Sr. Conde, pero aún desconozco lo positivo que ha hecho el vértice, es decir el Rey, por España.
Lo más meritorio y posiblemente único que se le reconoce es parar el golpe de estado del 23-F, y a mi me cuesta creerlo. ¿Un golpe de estado que lo dieron dos generales más monárquicos que D.Pelayo y amigos personales del Rey?. ¿Unos militares expertos que no aislan la Zarzuela y cortan sus comunicaciones?. ¿Tantas horas para decir que no al golpe?.Un poco raro todo.
Además, el artículo 56 de la Constitución dice en su punto 1: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones,……..”.
¿Qué arbitra y modera?. ¿Qué símbolo de la unidad es?. Si incluso Andalucía es una nación, y no digamos Cataluña, Galicia y el País Vasco. Al final se quedará sólo Cantabria porque su cómico presidente es amigo y confidente del Rey.
No dudo que el Rey es bien nacido. ¿Pero es agradecido con quien lo nombró a dedo?. ¿Es lógico la francofobia de zapatitos y que nadie le pare los piés, aunque sólo sea por cultura histórica y respeto a los monumentos? Por favor, explíqueme donde está el árbitro que tiene que moderar.
Por último está el tema del aborto. ¿Se puede llamar Su Majestad Católica el que firma y rubrica este crimen absurdo contra los seres más indefensos?
El Rey Balduino tuvo mucha más dignidad.
Y como en el párrafo anterior he escrito por último, no quiero decir nada de otros temas personales y de dinero, que dicen que es de mala educación, pero con lo bien que escribe Vd. podía publicar otro artículo sobre las ventajas que tiene España con este Rey.