Oscar Rivas | Más sangre derramada… y más hipocresía
Publicado el 5 Diciembre, 2007 Autor Oscar Rivas |
ETA ya puede respirar tranquila. In extremis, pero ha logrado cubrir los objetivos del año.
Después de reiterados fracasos, de sucesivos intentos, en esta ocasión, los pistoleros no erraron. De nuevo, su plomo envenenado –el de ETA, ANV, PCTV y la madre que los parió a todos- logró atravesar la diana. Dos dianas. Inermes ambas, pero dos al cabo. Dos al precio de una. A modo de rebajas. Igual que sucediera hace once meses en Barajas. Aunque con un matiz. Las dos últimas víctimas tienen un sabor especial. El que más gusta a los etarras: ser guardia civiles.
Aunque hoy muchos lo ignoran, hubo un tiempo en este país en el que matar guardias civiles era cuestión de oficio para un etarra. Y cuestión de grado para la sociedad. Por aquel entonces, la vida de todos no parecía tener el mismo valor. Como tampoco a muerte. Ser guardia civil o militar conllevaba ese riesgo. Atentar contra ellos era inherente a su profesión. Iba con el sueldo, o “le pagaban para ello”, se decía. Ahora bien, cuando el damnificado era un civil la cosa era diferente. Entonces, la muerte lo era de una víctima inocente, y por tanto, no tenía sentido. Así fue vista en un momento dado, la lucha antiterrorista por una parte de la ciudadanía. Y lo que es peor, por las instituciones. A quien quiera comprobarlo le remito a las hemerotecas.
Conscientes de que esa sociedad era inmune a la muerte de representantes de las fuerzas de seguridad, los etarras decidieron dar un salto cualitativo en su estrategia. Total, para ellos el valor la vida de un guardia civil no era mayor que el de un txakurra -perro en euskera, así llaman los nazis vascos a la guardia civil-. ETA comenzó entonces a atentar contra políticos, más allá de las ideas. Como el impacto en la sociedad fue el esperado, socialistas y populares fueron cayendo como moscas. Entonces, la muerte comenzó a tener otro sentido para muchos y el mismo valor para todos. La sociedad y la clase política –con la exclusión, como no, de las fuerzas nacionalistas- entendieron que ETA era una lacra que había que extirpar cuanto antes.
Así fue con Felipe González, quien no dudó en recurrir incluso a medios tan expeditivos como el GAL- y así ocurrió con Aznar, el más efectivo, sin duda. Pero todo cambió cuando llegó Zapatero. Con él la política antiterrorista tomó unos derroteros tan indignos como desconocidos hasta entonces. El actual presidente optó por negociar con ETA en el momento de mayor debilidad de la banda. Cedió y concedió hasta el hartazgo. Divorció a dos formaciones, PSOE y PP, que, en el apartado antiterrorista, estaban condenadas a entenderse. Llamó hombres de paz a los más sanguinarios etarras. Y humilló a sus víctimas hasta límites insoportables. ¿Cabe mayor injusticia? Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. Se nos heló la sangre cuando, allá por abril, supimos que Txeroqui, el hombre fuerte de ETA , concedía en no atentar contra políticos socialistas. A eso se había reducido el proceso de paz. Paz para algunos. Y plomo para otros. La vida y la muerte de los españoles dejaban de tener el mismo valor para todos. Otra vez.
ETA ha vuelto a poner su punto de mira en la guardia civil Para la banda, dos txakurras menos. ¿Pero que significan para Zapatero? El presidente ha condenado “radicalmente” –todo en él es radical- el atentado. Ha convocado incluso una manifestación como protesta, cuando en cuatro años no acudió a las múltiples llamadas de la AVT. Ahora bien, más allá de palabras ¿Qué medidas tomará Zapatero? ¿Ilegalizará a la ANV y al PCTV? ¿Estrangulará la financiación estatal que perciben? ¿O dejará que la marea de indignación escampe de nuevo? Mucho nos tememos que ETA puede estar tranquila. Ya mataron antes y no pasó mucho. De hecho, sus hijos de puta de ANV ahí siguen, ensuciando con su presencia nuestra maltrecha democracia y aleteando sus plumas como pavos reales. Por el contrario ¿Qué ocurrirá con sus víctimas? ¿Quién se acordará entonces de Raul Centeno y de Fernando Trapero? ¿Quién, de sus familias? Demasiada hipocresía para soportarla.
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2 Comentarios a “Oscar Rivas | Más sangre derramada… y más hipocresía”
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Este es el plan de ZP:
ahora vamos de halcones.
O sea,contra ETA.
Halcones hasta las elecciones.
Y luego si gana ZP
Palomita,palomitas…
cómo nos va a gustar ser palomita.
de la PaZ
Son todos unos malditos cabrones, y peor que los etarras el propio zapatero, que es quien durante años ha provocado todo esto. Ahora huye de la gente como el cobarde que es. Pero el rebaño votará.