Pedro Rizo | La explotación de la pobreza (iv)
Publicado el 4 Febrero, 2008 Autor Pedro Rizo |
«El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» (Lc 9, 58)
El agridulce humanismo que desde el CVII se ha “incardinado” en la Iglesia hasta los
tuétanos, usa del pauperismo y las teologías liberacionistas como punto de Arquímedes con el que el comunismo, su mentor en la sombra, pretende desplazar a la Iglesia de su eje y fundamento.
Reflexionemos sobre el enunciado. Jesús dijo a sus discípulos: «Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza.» Por estas palabras los modernistas, adjetivo que engloba a todos los antes citados, nos espetan: “Ya lo ven ustedes, Jesús era muy pobre porque se quejó de no tener siquiera donde resguardarse.” Esta interpretación superpuesta a la evidente claridad del texto es un torcimiento hacia la explotación pauperista, otro entre tantos, que toma cuerpo en cientos de homilías. Sin embargo…, algo se puede impugnar con sólo recordar lo que dicen los Evangelios.
Para empezar, Cristo no dijo: “Jesús, el de Nazaret…” sino que señaló: «El Hijo del hombre…». Justamente el título por el que fue condenado a muerte (Mt 26, 64) pues que se refería a esa condición suya extraordinaria, fundamental para todos los que le creemos Dios encarnado. Si Jesús se atribuyó el título que el profeta Daniel dio al Mesías fue para que sus seguidores le identificaran como tal. Con esa finalidad didáctica lo recoge el evangelista. “El Hijo del hombre” no tenía donde reclinar su cabeza en un mundo al que Él no pertenecía. Así lo dijo a Pilatos: «Mi reino no es de este mundo.» (Jn 18, 36). Se entiende, pues, que Jesús, “el de Nazaret”, sí tenía un calor de hogar aquí en la tierra, pero en cuanto “Hijo del hombre” no podía tener su nido ni su madriguera entre nosotros porque era un ser único bajado del cielo. « ¿Y si viereis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?» (Jn 6, 62) «Nadie sube al cielo sino Aquel que bajó del cielo» (Jn 3, 13).
Miramos a este momento como lo que somos, tontas criaturas entusiasmadas con nuestro ombligo, y fácilmente constreñimos la frase de Jesús en pautas sociales y humanas haciéndole un igual a nosotros. Vieja fórmula judaizante para que indirectamente le despojemos de su entidad divina. Pero contra lo que dicen los nuevos hermeneutas, lo escrito, escrito está: Jesús de Nazaret era y es la Segunda Persona trinitaria que habitó entre nosotros. «Porque en Él nos llegó la luz verdadera» (Jn 1, 0), el rostro que nos hizo visible a Dios. Es lo que Él afirmó rotundo: «El que me ha visto, ha visto a mi Padre.» (Jn 14, 9) Y también a Nicodemo (Jn 3, 13) y a sus discípulos: «Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo nuevamente el mundo y voy al Padre.» (Jn 16, 28) Esto es, bajó de su reino a cumplir su misión y a su reino se volvería una vez cumplida. Las criaturas raposas, pájaros y hombres no son la Segunda Persona de la Trinidad; Jesús, sí. Y como Hijo del Bendito, incomparable a todo lo creado, su “madriguera” sólo podía estar en el reino de los cielos (Jn 18, 36), excepción hecha de su regalo eucarístico. Ni siquiera su madre, criatura inefable pero criatura al fin, podía valer para que reclinase (ontológicamente) la cabeza en su pecho el que era y es “consustancial al Padre”. Ahora sí que entendemos la enorme realidad de su paso por el mundo y de su inimaginable pobreza. Sólo ahora, desde la que acabamos de decir, podremos ver en Jesucristo al pobre más pobre de todos los pobres. La de quien siendo Dios no dudó en hacerse hombre para nuestro rescate. Pero, además − terrible idea que ablanda las piedras −, indemnizándose de nuestros pecados sobre su inmaculada y martirizada humanidad. (Flp 2, 8). Aceptó convertirse en la nada el que con el Padre − “El-Que-Es” −, da la esencia a todo lo que existe. Así lo proclama su heraldo, el apóstol San Pablo, dando doctrina a incluir en el Credo: «… por Él fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, las visibles y las invisibles. […] Todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas y todas subsisten en Él. » (Col 1, 16 y ss). Ahora tal vez entendamos que nuestra pobreza no nace de una circunstancia, o por una coacción económica, sino por desconocer el bien recibido en el misterio de la Encarnación. ‘Abandonó su casa’ para recuperar la oveja perdida. (Lc 15, 4) Francamente, avergüenza el abandono que de la dimensión de Jesús hace la Iglesia docente, mejor dicho el clero sin docencia, al no enseñar su verdad, sin disimulos ni maridajes.
Conocer a Jesús lo hace adorable pues que con su pobreza nos enriqueció a todos. (2 Co 8, 9). Y tergiversar el meollo de este precioso pasaje roza la negación de Cristo… y anula nuestra cualificación de cristianos. “Está claro − dicen los modernistas −, que al bajar del cielo por nosotros nos reconoció emanados de Dios.” Como si la oveja perdida, al sentirse querida, se arrogase derechos de igualdad con el pastor. Pensemos por contra que esa encarnación de la Palabra no puede compararse ni con la metamorfosis kafkiana. A fin de cuentas, aquel escarabajo en que se despertó el señor Samsa era una criatura como él, pero el Jesús bajado al seno de la Virgen era Dios. No hay igualación posible.
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4 Comentarios a “Pedro Rizo | La explotación de la pobreza (iv)”
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Es un gravísimo error de Pedro Rizo el decir que Pablo VI prohibió la censura eclesiastica de Nihil Obstat-Imprimatur. Estos son mecanismos del Magisterio Ordinario Infalible.
—Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decretumde Ecclesiae pastorum vigilantia circalibros, COMPLETAMENTE bajo Su SANTIDAD PABLO VI:(19 de marzo de 1975) “Un Imprimatur (”imprímase”) y Nihil obstat (”nada se opone”), son declaraciones oficiales por la jerarquía de la Iglesia Católica de que una obra literaria o similar está libre de error en materia de doctrina y moral católica, y se autoriza por lo tanto su lectura por los fieles católicos…….Los Pastores de la Iglesia TIENEN EL DEBER y el derecho de ser vigilantes QUE NO se dañe la FE y la MORAL de los fieles por escritos; consecuentemente AUN TIENEN QUE EXIGIR que la publicación de escritos concernientes a la fe y la moral deban ser sometidos a la aprobación de la Iglesia y también de condenar libros y escritos que ataquen la fe y la moral.” (Su Santidad Pablo VI, Congregación de la Doctrina de la Fe, marzo 1975
Sr.Pedro Rizo,gracias.
Gracias por poner en público, lo que tantos con el pasar de la vida vamos viendo y no es otra, que la constante humanización de Dios nuestro Señor Jesucristo ,tratándole como si fuesemos colegas, de tu a tu ,como la quinta columna “sobervía infinita”.
Creo desde mis limitaciones que los hacedores de esta corriente de pensamiento, no pueden ser otros que la religión comunista y la judaísta.
Yo creo que sí son religiones o al menos persiguen lo mismo,parece ser que la verdad revelada y los puristas interfieren y retrasan sus logros.
¿Quién pagará el pato?de que otros medios se servirán,¿ tal vez de la vanidad? ¿de la indolencia? ¿del dinero? ¿la cobardía? y lo más importante, para la moneda que vamos a pagar, que otra religión se utilizará para tirar el castillo de naipes que es la civilización nuestra y obtener así esclavos en lugar de hombres libres?
A quién ó quienes habría que desenmascarar para exigir su responsabilidad.
Pensemos.
Rizo hace un esfuerzo pero no logra superar el problema de la cabalización al señalar que se encarnó la segunda persona de la trinidad y si fue así entonces no aconteció la redención, no salimos de la primera alianza, porque no ocurrió la muerte del TESTADOR de la primera alianza, que fue Yahvé (Hb9:15-17). Y si no murió el TESTADOR, tampoco heredó Jesús. Amigo Rizo, Dios no es trino. Jesús es el mismo Yahvé. Esa es justamente la piedra de tropiezo: ¿Tú crees que Dios es UNO, haces bien? ¿Tú crees que Dios son tres, haces mal? Gracia y paz.
Al señor Santos, antes Anónimo: No busque seudónimos y escriba corto y por derecho.
Para José Guerrero: Me alegra que usted coincida en “lo que tantos con el pasar de la vida vamos viendo y no es otra, que la constante humanización de Dios”. El qué y el quiénes está en la mente de todos, pero para denunciarlo muchos temen a un clero que se hizo infalible en extensión fraudulenta de sus facultades docentes y la infalibilidad dogmática.
A Brígido Marquina: Nuestro catecismo enseña de Dios que son tres personas y una sola naturaleza divina. La Encarnación fue de Dios mismo en el seno de la Virgen pues cada una de las tres personas es el mismo Dios. Si su catecismo es otro me alegra y agradezco lea mis artículos.
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