Lázaro Conde Monge | La provocación
Publicado el 5 Febrero, 2008 Autor Lázaro Conde Monge |
Con la Iglesia hemos dado, Sancho (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 2ª Parte, capítulo IX)
El artículo segundo de la Ley Orgánica del Estado de 10 de Enero de 1967, decía
textualmente en su apartado II: El sistema institucional del Estado español responde a los principios de unidad de poder y coordinación de funciones.
El artículo 1 de la CONSTITUCION ESPAÑOLA de 29 de Diciembre de 1978, dice en el apartado 1 de su TITULO PRELIMINAR: España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
Todo demócrata, sea cual sea su afinidad política, sabe que la norma esencial del Estado de Derecho es la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. La vulneración de esta norma por parte del Gobierno ha sido constante en la legislatura que ahora finaliza, al manipular a la justicia en función de sus intereses políticos. Por tanto los, ciudadanos que no quieran ser súbditos, deben manifestar democraticamente con su voto su justificada alarma.
Al aproximarse inexorablemente la celebración de nuevas elecciones generales el próximo 9 de marzo, se acentúa el caos político en que está sumida la nación al finalizar la arbitraria gestión de un Gobierno presidido por un político obsesionado en consolidarse, a cualquier coste, en el poder alcanzado tras las elecciones del 14 de marzo de 2004. Es justamente ahora cuando reverdece, en la inmensa mayoría de los españoles, el recuerdo de la terrible masacre terrorista del día 11 y su antidemocrática explotación electoral por parte del partido socialista.
Es inevitable. Cuando el propio Presidente del Gobierno se ha visto obligado a reconocer que durante toda la legislatura ha estado mintiendo al pueblo soberano negando reiteradamente su diálogo político con la banda terrorista ETA sobre un hipotético y nunca explicado plan de paz, finalizado en el más estrepitoso de los fracasos, se sitúa en primer plano el protagonismo estelar de los que exigían conocer en aquellas dramáticas circunstancias quienes eran los autores de la matanza. La infame jornada de reflexión que precedió a la celebración de las últimas elecciones generales, ha quedado como ejemplo de utilización electoral del terrorismo.
Al valorar serenamente la gestión del Gobierno formado inmediatamente después de su inesperada victoria electoral, el votante no olvida la acusación al anterior Gobierno transmitiendo sin cesar por determinados medios de comunicación la consigna “España no merece un Gobierno que mienta”, con la falsa referencia a la existencia de terroristas suicidas. Es indudable que al no haberse aclarado todo lo relacionado con aquel atentado, la posibilidad de que vuelva a repetirse, con idéntica finalidad, planea en el enrarecido ambiente que precede a unas elecciones de especial trascendencia.
La diferencia fundamental entre las anteriores y las que se celebrarán el 9 de marzo, es que los actuales responsables de velar por su pureza democrática son los mismos que los días 12 y 13 de marzo de 2004 traspasaron todos los límites para obtener rédito político de una matanza que perseguía la misma finalidad.
Puesto que hay políticos que no se recatan en utilizar la mentira como medio válido en el Gobierno de la nación, resulta más necesario que nunca despejar hasta sus últimas consecuencias la ominosa incógnita de saber quién concibió, planificó y ordenó la ejecución de la masacre terrorista del 11 de marzo de 2004 con el fin de variar el rumbo de la política de Estado y el resultado de socavar el entramado constitucional, cambiar subrepticiamente las reglas democráticas y dar alas a los planteamientos más insolidarios y disgregadores.
El esperpento está servido. Buscar explicaciones a la situación es inútil. En democracia prevalece la soberanía popular De no ser así se genera la dictadura. De momento, si consideramos seriamente la situación, hay básicamente dos opciones para los votantes de buena fe, que son abrumadora mayoría.
Por una parte en el ámbito de la izquierda que se auto titula progresista, está situado un partido socialista que ha falseado su seña de identidad española y cuyo presidente, sin arrepentirse ni pedir perdón al pueblo al que ha mentido, tiene la pretensión de continuar al frente de un futuro Gobierno con el fin de rematar la nefasta gestión iniciada en la legislatura que acaba. Dada su trascendencia es obligado mencionar la actitud del señor Rodríguez Zapatero de no renunciar al aval obtenido en el Parlamento para dialogar con los terroristas de ETA cuando lo vuelva a considerar oportuno y no haber hecho lo posible para que el Tribunal Constitucional se pronunciara sobre la validez del nuevo Estatuto de Cataluña que el mismo acordó con nocturnidad y en secreto con la derecha nacionalista catalana.
En la misma posición de izquierda política, está el nuevo partido de ámbito nacional Unión Progreso y Democracia, auténticamente socialista, presidido por la vasca Rosa Diez, que mantiene íntegra su fidelidad a la patria común e indivisible que proclama la Constitución vigente y su propósito de terminar con el terrorismo sin concesiones. Igualmente Ciudadanos de Cataluña, que preside Alberto Rivera propugna en toda España, desde su ideología de izquierdas, el afianzamiento de la unidad nacional.
En el centro derecha es exclusivamente el Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy, el que mantiene firme su voluntad acreditada de derrotar al terrorismo que azota nuestra Patria desde hace más de cuatro décadas y da prioridad absoluta al afianzamiento de la unidad nacional, frente a los embates abiertamente separatistas.
Es posible que quien autocalifica de brillante su gestión, no haya llegado a percatarse aún de la magnitud de la provocación que supone postularse de nuevo para consumar lo iniciado en la presente legislatura. Es posible que su desprecio hacia el conjunto de sus compatriotas, no le permita calibrar la magnitud del error de no haber abandonado la política cuando se consumó la certeza de que su permanente engaño significaba dar preferencia al diálogo con los terroristas, postergando la angustiada demanda de sus víctimas para continuar combatiéndolo, sin condiciones, hasta lograr su liquidación definitiva.
La máxima evangélica de que la verdad nos hace libres es olímpicamente ignorada por los progresistas al uso. De ahí su aversión a la Iglesia y su airada reacción cuando se manifiesta en uso de la libertad en el desempeño de su labor pastoral.
Tal vez les convendría considerar lo que el genio de Cervantes dejó plasmado con sutil ironía en su obra inmortal, para percatarse de que la nación española fundamenta su unidad, obtenida hace más de cinco siglos, en sus raíces cristianas e inició su impar andadura, de repercusión universal, bajo el admirable mandato de los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. De esa memoria histórica nos sentimos justamente orgullosos todos los españoles.
Comentarios
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3 Comentarios a “Lázaro Conde Monge | La provocación”
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Votar a los partidos de izquierdas tiene como consecuencia, retroceder al siglo XV.
Sus reflexiones me parecen muy atinadas. Estas elecciones son cruciales. De nada sirve ya lamentarse por lo pasado y ahora toca enderezar el rumbo de España mientras quede margen para ello. Sólo cabe esperar que la ciudadanía se dé cuenta de lo mucho que está en juego y obre en consecuencia.
Poca tolerancia demuestra Vd cuando borra los comentarios que no le gustan como el que hice referente a Kosovo. Así no se defiende la democracia ni se es demócrata.
En todo caso, esperemos que no ganen los suyos. Y atrévase a publicarlo que no va a ser todo “ordeno y mando”.
alegret