Lázaro Conde Monge | La decisión
Publicado el 1 Marzo, 2008 Autor Lázaro Conde Monge |
Oigo, patria, tu aflicción… (Comienzo del ¡Dos de mayo! de Bernardo López García).
A medida que se aproxima el día 9 de marzo, el aún Presidente del Gobierno recaba
insistentemente el apoyo de sus incondicionales para que no le fallen a la hora de emitir su voto y acudan en masa a las urnas para volver a situarle al frente de la nación. El argumento que esgrime es la especial importancia de estas Elecciones Generales.Aunque sea una excepción en su habitual costumbre de mentir lisa y llanamente, en esta oportunidad proclama una verdad incontrovertible, ya que del resultado de la inminente cita electoral dependerá la continuidad de la España constitucional o el remate de la fragmentación de la nación, iniciada en la actual legislatura con la precaria aprobación del Estatuto de Cataluña, pendiente de ratificación por el Tribunal Constitucional.
En pleno auge la campaña en que los partidos políticos emplean todos sus recursos en la captación del voto de los ciudadanos, es imprescindible dejar bien sentada la finalidad que persigue cada uno de ellos. A la hora de tomar una decisión, es obligación de los demócratas responsables, analizar escrupulosamente los respectivos programas y calibrar hasta que punto un error en la apreciación de la gravedad de la situación, puede ser mortal.
El pueblo español ha alcanzado un grado de madurez democrática suficiente. No sería justo dudar de su capacidad para percatarse de la delicada coyuntura en que se encuentra la nación, sabedor de que en él reside la soberanía nacional. Por consiguiente todo auténtico demócrata que no sienta coartada su libertad, sabrá responder adecuadamente, con independencia de sus preferencias políticas. Debe ser consciente de que con su voto contribuirá a decidir quien le ofrece mayores garantías para situarlo al frente del Gobierno en el inmediato futuro.
Llegados a este punto, es conveniente recalcar que todo español informado, sea cual fuere su sexo, edad, o condición y tenga acreditado su derecho al voto, deberá ser fiel a sus convicciones democráticas y no abstenerse a la hora de emitirlo.
La pugna electoral se decide, en la actual coyuntura política, entre los dos grandes partidos de ámbito nacional que, llegado el caso, tendrán la opción de dirigir el futuro Gobierno, ya sea en solitario o en colaboración con otros partidos menores. En la eventualidad de que la victoria de cualquiera de esos dos grandes partidos, no fuera suficiente para permitirle formar Gobierno, es precisamente el cierre de posibles alianzas lo que preocupa a millones de españoles que necesitan conocerlas previamente para votar en conciencia.
A estas alturas está suficientemente acreditada la responsabilidad de quien ha llevado a España a la caótica situación política actual. La certeza de que el Presidente del Gobierno ha estado mintiendo a lo largo de toda la legislatura, tanto en el Parlamento como fuera de él, es motivo suficiente para que el mentiroso hubiera dimitido. Sin embargo, lo que en cualquier país democrático sería lo normal, en el remedo de socialismo que completa la legislatura actual, constituye un acicate más para pretender seguir gobernando. El iluminado ciudadano que alcanzó el poder, tras su inesperada victoria en las elecciones celebradas hace cuatro años, a los tres días justos de la más terrible matanza efectuada en España con finalidad política, se considera obligado a continuar, para poder rematar su nefasta gestión.
En esta tesitura se vuelve a situar en primer plano el recuerdo de aquella espantosa masacre y no hay ni un solo auténtico demócrata español que no reviva, con infinita vergüenza la más sucia jornada de reflexión de que se tiene noticia en cualquier democracia consolidada. Mientras el consternado pueblo de Madrid, con la totalidad de los miembros del Gobierno al frente, intentaba paliar en lo posible los terribles efectos de las múltiples explosiones, causa de la muerte de 192 inocentes, más de 1.500 heridos (muchos de extrema gravedad) y daños materiales de enorme importancia, el portavoz de la Oposición culpaba al propio Gobierno de mentir porque se había hecho eco de lo que la inmensa mayoría, con el señor Ibarretxe a la cabeza, pensaba: que la autoría de la matanza era obra de la organización terrorista ETA.
¡España no se merece un Gobierno que mienta¡ gritaba como un poseso el prestigioso demócrata que veía la oportunidad de utilizar la catástrofe como baza electoral. Para reforzar tal acusación, en una operación milimétricamente cronometrada, proporcionaba a renglón seguido un dato acusador irrebatible: en la matanza intervinieron terroristas suicidas. Inmediatamente el afamado entrevistador de cámara del actual Presidente del Gobierno, entonces aspirante con escasas probabilidades de éxito según las encuestas que ahora tanto se valoran, se encargó de difundir insistentemente, en la emisora de radio de más audiencia en España, la sensacional noticia que era absolutamente falsa.
La utilización de los teléfonos móviles para convocar en toda España al acoso a las sedes del partido en el Gobierno, constituye un hito infame en la democracia española. Aún resuena el eco del ¡pásalo!, que tan excelentes resultados produjo para satisfacción de los progresistas.
Con todo, el alma humana es insondable y el uso de la libertad, que no deja de ser un privilegio de las sociedades libres, puede ser aberrante. No es descartable que haya un sector de población, que considere que mentir es inadmisible en quien tenga afinidad política hacia el centro derecha, pero es impecablemente democrático en quien milita en la izquierda progresista.
Es posible que el desprecio que siente el Presidente hacia la opinión pública que no coincide con sus turbios propósitos, se fundamente en su irresistible atractivo y ahora intente pasar por alto las circunstancias en las que inesperadamente arribó a la presidencia del Gobierno de una vieja nación cuya unidad política data de 1492, fecha imborrable en su Historia. Los ciudadanos libres decidirán el 9 de marzo. Los que sientan, como vasallos, que le deben servidumbre al jefe, tienen perfecto derecho a ratificar su mandato.
La circunstancia de que menos de dos meses después de que se celebren las elecciones del 9 de marzo, se conmemorará el segundo centenario de la rebelión del pueblo ante la invasión extranjera, estimula a los españoles orgullosos de su estirpe y conocedores de su Historia, a proclamar una vez más su patriotismo. El vibrante canto al heroísmo del pueblo y la rotunda exaltación de sus esencias, que encabeza la cita inicial al poeta, constituyen en estos momentos de depresión nacional, la referencia más oportuna para estimular a los millones de españoles fieles a sus orígenes, a sus creencias y a sus tradiciones para corregir la alarmante deriva que el Gobierno, justamente reconocido como el peor y más sectario de la democracia, emprendió desde el inicio de su gestión.
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Un comentario a “Lázaro Conde Monge | La decisión”
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Estimado Lázaro
Enhorabuena por expresar tus opiniones tan absolutamente claras y contundentes, son prueba de tus envidiables convinciones demócratas y conocimientos de la historia de españa, y de nuestra vida sociopolítica. Continúa ilustrándonos con tus excelentes opiniones a quienes coincidimos plenamente con ellas.
Un fuerte abrazo