Oscar Rivas | ¿Nos equivocamos con Rajoy?
Publicado el 27 Marzo, 2008 Autor Oscar Rivas |
El futuro político de Rajoy parecía escrito de antemano. Se lo habíamos escrito entre
todos. Si ganaba sería presidente. Pero si perdía … No tendría una tercera oportunidad. La cosa era simple. O gloria o fracaso. O César o nada. Es lo que tiene la política; que se escribe en clave de poder. Si no lo consigues a la primera, puedes hacer uso del comodín. Pero si lo dilapidas te vas. No hay más opciones. Son las reglas. Eso es lo que pensábamos nosotros. Lo que suponíamos que pensaba Rajoy cuando pronunció su lacónico adiós ante miles de seguidores, enfervorecidos, embriagados de derrota. Y lo que creíamos que opinaba buena parte de la derecha. Nos equivocamos.
Cuando apenas unas horas después del descalabro, Rajoy se apresuraba a anunciar la presentación de su candidatura a un congreso que él mismo estaba convocando, no ignoraba que jugaba con cartas marcadas. Sabía que partía con ventaja. Pues, habida cuenta del omnímodo poder de los aparatos partidistas en España ¿Qué político solvente osaría oponer su candidatura a la del presidente? Sería un suicidio. Además, no tardaría en ser estigmatizado por sus propios compañeros, anhelantes de ocupar un lugar a la sombra del líder. Fue entonces cuando lo entendimos todo: Habíamos subestimado a Rajoy. Lo habíamos elogiado tanto; habíamos valorado en tan alto grado su integridad, su honestidad, incluso su bonhomía, que llegamos a creer que era uno de los nuestros, o sea, un hombre normal, tan escasamente apegado al poder que, si las urnas así lo decidían, acabaría yéndose como llegó: discretamente, diríamos que hasta silenciosamente. Nos equivocamos.
La realidad es que Rajoy no ha demostrado ser diferente a los de su casta. Podía haberse marchado como debía, esto es, convocando un congreso y prolongando su estancia como presidente hasta su celebración para dejar paso a otro. Pero no lo hizo. Antes al contrario, decidió optar por el camino cómodo; seguir la senda que hubiera tomado otro político cualquiera; aunque eso sí, no sin antes desquitarse de sus más evidentes rivales, o sea Gallardón y Aguirre. Como si ya tuviera su decisión preconcebida. En el fondo –hay que decirlo- Rajoy, ha acreditado ser un superviviente. Y gracias a su afán, todo apunta a que gozará de una tercera oportunidad. Lo cual no quiere decir que sus razonamientos nos convenzan.
Veamos. Se agarra Rajoy, para justificar su continuidad, a los resultados. Éstos –nos dice- no han sido malos. De hecho el incremento de votos ha sido muy superior a los conseguidos por el PSOE. Cierto. Pero ¿no era previsible que el PP subiera teniendo en cuenta la que nos ha caído en los últimos cuatro años? ¿O habrá quien ignore que el candidato al que se ha tenido que enfrentar por segunda vez, ha presidido el gobierno más incompetente de la historia de la democracia? Y sin embargo, seguirá cometiendo desmanes. Al menos durante cuatro años más. Intentar, pues, ahora convencernos de que la victoria no era el único resultado admisible para Rajoy; que hay que conformarse con lo obtenido y seguir como si nada hubiera ocurrido, no es que sea una falacia: equivale a insultar la inteligencia de los millones de personas que el 9 de marzo acudieron a las urnas para votar al PP.
Seamos francos: a Rajoy le han faltado redaños para asumir su responsabilidad y marcharse. Pero también para quedarse. Si realmente tiene la convicción de que los resultados justifican su continuidad al frente del partido. ¿Por qué no convoca primarias y renuncia a la presidencia? Es muy probable que, de esta manera, sí tuviera que oponer la suya a otras candidaturas alternativas, ya que todas ellas tendrían garantizadas unas condiciones de igualdad que no asegura el congreso. Además ¿No sería el mejor modo de conocer el veredicto real de los afiliados? Al menos sí el más democrático. Lo cierto es que, en ocasiones, parece que a nuestra derecha le diera alergia eso de la democracia interna. Como si no confiara en exceso en el buen criterio de sus bases. Es más, el PP se muestra habitualmente tan reacio a la hora proclamarse conservador que, no puede menos que chocarnos el excesivo conservadurismo que, sin embargo, derrocha a la hora de renovar sus engranajes; evitando dar rienda suelta a la libertad de sus afiliados. Lo dicho, creímos que ésta sería la ocasión propicia para abrir las ventanas y permitir que entrara aire fresco en la calle Génova. Pero nos equivocamos. Aunque también Rajoy.
Comentarios
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8 Comentarios a “Oscar Rivas | ¿Nos equivocamos con Rajoy?”
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¿Donde está el Obama del PP?
Sí, nos equivocamos. Pero por mi parte, nunca más.
Hola a todos….
Hay periodistas analistas que con sus solas palabras, se desvelan en poco tiempo que son de pacotilla. ¿Porqué?, sencillo de razonar y demostrar.
Cuando alguien, antes de un evento importantísimo, se declara en un sentido y partidario de un candidato; lo menos que debe hacer después de producirse la designación ó no de verificarse el resultado de la votación es tener un mínimo de dignidad con lo apostado por adelantado y darle un periodo de gracia. Sobretodo si se demuestra que su derrota, consideración de la que ya partía de antemano no debe ni puede considarse tal, si dichos resultados lo que hacen es aumentar el porcentaje de adhesión en todos los sentidos.
Pero hoy día, aparecen por doquier, personajes ambiguos como ninguno, que están demostrando a todas luces que sólo buscan crear confusión y no admitir que si no se ha ganado es porque ellos mismos en el periodo en que deberían, no supieron luchar con la garra y maestría que se les presumía para apoyar en toda su extensión “a su digno candidato”.
En fín, que cómo siempre, aparecen los “listillos” buscando fama y honor con su “gran sentido de la oportunidad” en los momentos adecuados para que todos nos vayamos conociendo mejor.
Un cordial saludo.
Los leaders emergen en forma natural , algo asi ya lo dijo LaoTzu’s Tao Te Ching , siglos antes Cristo , cuando un dirigente nombra a su sucesor a dedo , què es lo que se puede esperar ?, vaya ejemplo democratico que le dan al pueblo .
Estuve afiliado al partido popular, en un distrito, y me dí de baja por lo no democrático al elegir a los dirigentes. En el PP la elección es a dedo, de César a César. Fue Rajoy y no Rato porque a Ana Botella no le parecía bien que un divorciado pudiera dirigir el partido y la nación, aunque a las bases nos pareciera el más adecuado.
Por eso, el PP será siempre un partido perdedor. Igual es el momento de fundar otro partido conservador.
SI YO FUERA O FUESE PERIODISTA POLÍTICO ESTARÍA AGRADECIENDO AL SR RAJOY LA OPORTUNIDAD QUE NOS HA DADO PARA SACAR PUNTA A SU ACTITUD “MELIFLUA ” SEGÚN OPINIÓN GENERALIZADA DE LOS SANTONES DEL PERODISMO, SABIOS QUE SE EQUIVOCAN CADA DOS POR TRES, PERO QUE NUNCA PIDEN DISCULPAS DE SUS ERRORES. MIENTRAS TANTO LOS DE A PIE CONFUNDIDOS ANTE ESTE BATIBURRILLO,QUE NADA NOS ACLARA Y ESPAÑA EN UN SINVIVIR ¡ASÍ NOS LUCE EL PELO!
Creo que va siendo hora de crear un partido conservador que postule más Estado, más España y menos autonomías, que solo sirven para colocar barones y clientelas en las cochiqueras del Poder.
Con todos los principales medios televisivos y las principales productoras controladas por lo que se conoce como “izquierda”, es metafisicamente imposible desbancar al PSOE del poder. En el 93, sin tanto control mediático, con todo lo que caía de corrupción, Aznar no ganó. Tuvo que ser en el 96, cuando a la corrupción se unió la insoportable decadencia económica cuando Aznar ganó por los pelos (porque una aún potente IU le quitaba votos al PSOE. Para que el PSOE pierda el poder tiene que producirse una catástrofe económica. Desde luego, llevamos camino.