Nieves Baglietto | Entre despojos se vive en mi tierra
Publicado el 2 Abril, 2008 Autor Nieves Baglietto |
El Pueblo de Israel abrazó la doctrina de los profetas, pero no ha sido así, con la casi totalidad del Pueblo Vasco que ha sido obnubilado por el Sabiniano también ultramontano Nacionalismo.
Aquella tierra aguerrida y libre que me hizo conocer y amar el lirismo del Cantar de los Cantares, es hoy un pudridero de afanes que en un tiempo no tan lejano prevaleció con su esencia más noble.
Desde la Ciencia Política, se han realizado exhaustivos análisis sobre la perversa circunstancia de la tierra a la cual amo, pero la necesidad de volcar el dolor que se encuentra instalado en mí, está templado desde esa necesidad de vivir para continuar amándola.
Cuando la “alfombra mesetaria” del Madrid de los Austrias acogió mis pasos allá por los años ochenta, el deambular –digamos diáspora– descubrió que el “ser” se impregna de la misma tierra que le acoge.
Los infortunios casi siempre son tocados por el remedo de acontecimientos proféticos, aunque rehusados por nuestra voluntad de ser felices,– ya Freud en su día certeramente nos ilustro–.
Para continuar en la vida sin desafuero, ¡cómo me hubiera gustado ser la Sibila que vaticinó la Guerra de Troya!
Pero no sucedió así, superado aquel tiempo de duelo, de cuando en cuando mi evanescente memoria ha tratado de navegar por el jardín de mi infancia pilotando recuerdos con añoranza rediviva.
Cuando los iluminados gobernantes de nuestro pueblo usurpando la libertad de sus hijos, ejerciendo desde la tiranía el adoctrinamiento imponen nuevas voluntades, ¡entonces sin remedio desfallece la razón!.
Por fortuna también nacen y crecen semillas – desde la patria de los oprimidos — que son sustrato de esa raíz para resurgir en su momento de sus cenizas como “el Ave fénix”
Aunque la templanza en la espera es difícil, ¿acaso la tenacidad del malvado podrá más que la sagacidad y entrega del oprimido?
Se dice que “la distancia es el olvido” los vapores del humedal y los aromas de los robledales de mi tierra, son ¡sin remedio! la sabia que nutre el corazón de los desplazados y la esperanza de un futuro.
Nadie muere un minuto antes o después del momento, señalado, por eso cuando la vida nos ofrece oportunidades para ocuparnos de la felicidad, siempre estará en nuestra mente el bienestar de nuestros “compatriotas de la trinchera” que cada día luchan a sangre y fuego sin bajar la guardia con el compromiso patrio; recordamos ¡como no! en cada momento el sufrimiento que los mismos padecen en una tierra que hoy vive entre despojos.
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Sabias palabras, señora. Muchas gracias por compartir de forma tan generosa sus sentimientos. Que Dios le bendiga.