Pedro Conde | La innombrable y el traidor
Publicado el 11 Abril, 2008 Autor Pedro Conde |
Ocurrió hace unos días. Éste es uno de esos hechos que se te agarran al estómago, si no es que se te clava en el alma, y que si no lo expulsas, como te fuerza un vomitivo, no quedas a gusto.
Que un individuo se atreva a calificar a otra persona, mujer en este caso, de innombrable, es como para que esté seguro de que su nombre propio está más limpio que la patena. Y no es el caso. Del tal individuo, por el contrario, no podría yo decir que es innombrable con el sentido despectivo, que no sacro, con que él ha usado esta palabra, porque alguien que le debía de conocer muy bien le llamó ya traidor. Le puso nombre, lo calificó. Por tanto, ha tiempo que el tal dejó de ser innominable.
Así que el traidor se puso fino un reciente día y con una sola palabra, innombrable, quiso resumir todos los descalificativos que le venían a la mente contra una persona que se llama Rosa. Pero, ¡hombre!, si ya el nombre rechaza cualquier epíteto malévolo. Rosa y basta. Con nombradía propia. Sin embargo, anótelo el sicofante, al vocablo traidor le acompañan una retahíla de sinónimos que al mismo paciente Job le tornarían un toro fiero si le cayeran encima. Ahí van algunos: desleal, infiel, judas, felón, falso, vil, tránsfuga…eso, eso, tránsfuga. Eso y por esto, por tránsfuga, Julio Anguita llamó traidor en el Magazine del periódico El Mundo, hace un tiempo, a un tal Diego López Garrido que se dio a la fuga o cambio de chaqueta por arte de birlibirloque. La historia es conocida. Una tarde y en una reunión del Comité Central de Partido Comunista de España que presidía Julio Anguita, Secretario General del mismo, le preguntaron al tal Diego López Garrido, militante entonces en ese Partido y miembro también de su Comité Central, que qué había de los rumores de su paso-fuga al PSOE. El camarada Diego debió de jurar y perjurar que no, que todo eran falacias y calumnias, que él seguía y seguiría siendo militante del Partido Comunista. Al día siguiente, ni un día más ni un día menos, el dicho camarada Diego llevaba en la boca el carnet del PSOE. A eso Julio Anguita, y yo también, lo llama traición.
Y es este rojo a la violeta el que se permite hacer una especie de restricción mental, la innombrable, para dejar en el aire una serie de descalificativos contra Rosa Díez. El traidor llama innombrable precisamente a quien le ha dado una lección de coherencia y lealtad a sus principios ideológicos a los que no ha renunciado ni de los que se ha movido ni un ápice. Aparte, la valentía de quien tiene que ir acorazada de escoltas frente a la ETA, por honrada y española. La verdad es la verdad así la nieguen millones de personas; y la mentira es la mentira aunque la avalen esos mismos millones. Rosa Díez tiene toda la razón frente a todo el PSOE y sería ella la que debería haber expulsado a la mayoría de los que hoy militan en ese partido y no a la inversa. La verdadera socialista, la auténtica socialista es ella. Si existiera un tribunal de ética política, la sentencia sería indubitable. Rosa Díez representa la lealtad; Rodríguez Zapatero, y su lacayo Diego López Garrido, representan la traición a ese Partido que lleva el nombre de Socialista, Obrero y Español. Por otro lado, lo que tengan de obrero el Rodríguez Zapatero y no digo el López Garrido…que se lo pasen por los colgantes del caballo de Espartero.
Es el momento del recuerdo para otro socialista honrado, Alonso Puerta, concejal que fue del Ayuntamiento de Madrid con aquel Alcalde, jesuítico y sibilino, bastante menos tierno de lo que quería significar el primer apellido, una vez conocida la coraza con la que disfrazó su falsa biografía. Alonso Puerta, tercero en el orden jerárquico de aquel PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra, denunció ante aquél y ante éstos la corrupción que empezaba a anegar el Partido y que luego acabó en inundación pestilente. Pues bien, Alonso Puerta fue el expulsado. El decente, tirado por la ventana; los corruptos entrando y saliendo por la puerta grande.
Yo, en política, hace años que dejé de creer en partidos, siglas y colectivos. Sólo creo en las personas, una a una, que sean coherentes y leales. Creo en aquellos que nunca te harán sentir por la espalda la fría punta de un puñal, sea cual sea su ideología.
Qué quieren que les diga, yo no he votado a Rosa Díez en estas elecciones; pero me lo estoy pensando para las próximas.
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2 Comentarios a “Pedro Conde | La innombrable y el traidor”
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Le felicito por su articulo que mereceria una importante difusion para conocimiento de la sociedad de este pais y aclaracion de la actuacion personal de ese TRAIDOR que juega a hacernos creer que salió puro para ejemplo de la humanidad.Tienen suerte estos trepas ahora lo dejan por Europa a vivir y bien con rentas aseguradas.asi vamos
Pedro Conde es, desde hace treinta años largos, una referencia pública de integridad, coherencia y principios.
Así le ha idon en la política, los sindicatos y todo ese mundo donde tan bien se mueven los muchos López Garridos que tenemos (y tendremos, según parece)la desgracia de sufrir.