Pedro Rizo | Los límites de la tolerancia
Publicado el 24 Abril, 2008 Autor Pedro Rizo |
Unos padres conocidos de mi casa cada mañana dejan a sus hijos pequeños en un colegio religioso muy conocido. Cierto día fueron amonestados porque los niños llevaban al cuello una medalla de la Virgen del Carmen. La monja les explicó que debía evitarse herir a otros niños de creencias contrarias o, incluso, a los de padres no creyentes. Desgraciadamente, esto es muy corriente hoy en los colegios propiedad (?) de comunidades religiosas supuestamente católicas. Es decir, en colegios de esa Iglesia que somos todos, los ‘somostodos’ de la Declaración de la Renta. ¿Por qué esta contradicción? ¿Por qué nuestros niños han de respetar la fe de los musulmanes en un colegio católico? Pues, muy claro. Primero, porque frailes y monjas perdieron el Norte de su fe; y el Sur y el Este y el Oeste. Porque viven esa contradicción de catolicismo plural ahora llamada ecumenismo, por nuestra ignorancia. Parecen empleados de una organización “que funciona” y les asegura confort y supervivencia. Sin embargo, nuestros colegios no nacieron para instruir a alumnos indiscriminadamente sino para enfocarse hacia hijos de familias católicas, o a niños y muchachos de la calle acogidos en la Caridad y con los fondos de la Iglesia. El Estado laico es el que debe ofrecer de sus presupuestos colegios adecuados a los hijos de los nuevos contribuyentes.
En todo caso, colegios que se llaman del Sagrado Corazón, de María Auxiliadora, de Jesús y María, o simplemente Escuelas Cristianas deberían responder al pedido de las familias, sus clientes objetivos que confían en tan excelsos reclamos. Manifestarse en contrario es un engaño del que esos religiosos (?) tendrán que responder no sólo ante Dios sino, muy pronto, ante la Iglesia. La segunda explicación, emanada de una escalonada estrategia en la traición vocacional, es la subvención concertada que se recibe del Gobierno y no se quiere arriesgar por una posible denuncia de xenofobia.
Otro caso parecido es el de la protesta contra la obligatoriedad de la asignatura Educación para la Ciudadanía impuesta por el Gobierno. No son pocos los colegios concertados que se resisten a cursar la petición de su rechazo, dejando en paños menores a los obispos y sus protestas. Unos trabajan por un lado y los religiosos por otro. Parece que “obispo” ya no significa ‘vigilar en derredor’: epi-skopos. Si queremos dar curso a su rechazo, se nos contesta con caras de “no moleste, por favor”, te dicen “pregunte usted en Secretaría” y allí, “no tenemos todavía el procedimiento…” o la cara de poker del ‘no-sabe’ y ‘no-contesta’. En la mayoría de los casos los padres desisten por temor a que le tomen ojeriza a sus pequeños.
Estos favores a la cultura musulmana, pues en general es a niños de esa fe, son una extravagancia impuesta por la publicidad − pagada − de una desconocida España donde los moros entre el s.XIII y el s. XV eran ejemplo de armoniosa convivencia. Hoy, los elogios a Al-ándalus, que subvencionan los petrodólares, han colonizado con tal fuerza nuestras escuelas que es una calumnia pretender lo contrario. Pero, si eso es calumnia, lo es solamente a la Historia. La convivencia armoniosa, en las ocasiones en que se disfrutó, no fue mérito de musulmanes o judíos sino, principalmente, de allí donde el gobierno estaba en manos cristianas. Es realidad documentada —y bastaría con leer el Romancero— que en territorios sarracenos no se respetaba a los cristianos, a los que se raptaba en tierras de frontera para subastarles como esclavos. Los acuerdos sobre impuestos, el comercio, la educación, el culto religioso eran respetados por los gobernantes cristianos pero vulnerados, a la inversa, cuando se trataba de territorio musulmán.
La inmigración.
En la solidaridad progresista con los inmigrantes magrebíes hay un elemento que ya hemos tocado en otras ocasiones: la seguridad de su voto socialista. No olvidemos el nuevo parentesco Islam marxismo. De las elecciones del pasado marzo se supone que fueron agraciados con más de medio millón de votos nacionalizados. Y puesto que desde la caída del muro de Berlín y la Unión Soviética, el socialismo carece de poder donde cobijarse, su revolución recurre allí donde una alianza les promete el triunfo mundial. Lo afirma la actualidad de los intercambios entre Venezuela e Irán, no sólo de terroristas sino para sus programas de armamento.
Claro que no es sólo problema de España, pero eso es consuelo de tontos. En realidad, nosotros lo sufrimos en menor grado pues que no necesitábamos de emigrantes musulmanes, para nada, ya que teníamos resuelto el problema con los inmigrantes hispanoamericanos, afines en lengua y cultura. Europa, no. Europa no quiso beneficiarse de la inmigración americana, de lo que sospechamos fue porque en su mayoría se trataba de bautizados católicos. A pesar de una lengua más difícil y su fanatismo explosivo, se prefirió a los islámicos a pesar de su amenaza de enfrentamiento de creencias, de culturas y ambiciones opuestísimas entre dos grandes bloques de población: el de los europeos y el de los musulmanes.
Voces cualificadas protestaron por la falta de control de los ilegales. Por ejemplo, en Italia, cuando el Cardenal de Bolonia, Giacomo Biffi, advirtió: «Los criterios para admitir a los emigrantes no pueden ser solamente económicos. Hay que preocuparse también seriamente de la identidad propia de la nación. Italia no es una tierra desierta o semideshabitada, sin historia, sin una inconfundible fisonomía cultural y espiritual, a poblar indiscriminadamente. [Los musulmanes] tienen una forma de alimentación diversa, un día festivo diverso, un derecho de familia incompatible con el nuestro, una concepción de la mujer lejanísima de la nuestra, hasta admitir y practicar la poligamia. Sobre todo tienen una visión rigurosamente integrista de la vida pública, de manera que la perfecta identificación entre religión y política forma parte de su fe, incluso si para proclamarla o imponerla. [Y para ello] esperan pacientemente llegar a ser preponderantes.»
El cardenal, ¡pobre!, aguantó un aluvión de protestas. ¿De las organizaciones musulmanas…? Pues, no. ¡Del clero italiano! De esa Iglesia entregada a sus enemigos con la disculpa de un falso ecumenismo predicado desde las más altas instancias. Por esto, tan de moda, muchos bautizados se ven más divinos que Dios, más cristianos que Cristo y más adoradores del Papa que respetuosos con el Papado. Y se vuelcan en la defensa de los otros. El masoquismo posconciliar de la Iglesia es de manicomio. Multitud de pastores al oírse adjetivar ‘intolerantes’ se les para el pulso como a corderos delante de una pitón. Y si, encima, se les toca el dinero concertado y a la posible suma de las matrículas de los no-católicos, su inapetencia por ser lo que deberían ser es incurable. Por lo que llevamos tiempo preguntándonos si no es hora ya de que estos descafeinados colegios de religiosos dejen de engañarnos y se inscriban de una vez como empresas mercantiles. Serían libres para hacer lo que quisieran… Enseñar el budismo, bailar la jota en la misa… O, si volvieran a la cordura, rechazar la coeducación, no admitir a quienes disturben la identidad esencial del colegio, enseñar religión y moral católicas. ¿Quién se lo prohibiría a una entidad privada que pagara sus impuestos? Si el patrimonio de la Iglesia ha de servir para que el Gobierno haga caridad sobre nuestra ruina espiritual, lo mejor es romper la baraja. Y que allá se las arregle con sus presupuestos el Estado aconfesional y anticristiano.
No se puede servir a dos señores, hay que elegir: O con la cara vuelta al desorden laico, o hacia la fe. Para este último caso la independencia de gestión es esencial, que no otra cosa que independencia buscaron, dicen, los últimos papas con la separación Iglesia-Estado.
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5 Comentarios a “Pedro Rizo | Los límites de la tolerancia”
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Gracias Pedro Rizo por decir las cosas claras. La Iglesia debe limpiarse de tantos bandoleros y mentirosos. La fe no tiene mucho que ver con ellos ni con la historia de la Iglesia que últimamente está hecha una pena., sin cuidado ni vigilancia. Para quienes la quieren derribar es bueno decir que nada hay que corregir y dejar que los muros se caigan, los cimientos se inunden de mierda. Es demencial lo de los colegios. Yo le aseguro que si descendieramos a los casos reales se nos caería el pelo de la vergüenza. Lo que está por investigar es la petente de corso de su casi impunidad, hoy, cuando la Constitución libró al Estado de protegerla. Para mí, y seguramente para usted sea una especie de colaboracionismo que conviene al poder en sus planes de descristianización de España.
Te felicito por la claridad de la exposición. La suscribo. Hay mucha tela que cortar en todos los tems que abordas. Lo más triste del caso es que esas verdades como puños son “temas secundarios” eclipsado por la “trascendencia” e imporancia máxima del DÍALOGO,el Ecumenismo, la “paz” –no la que da Cristo sino la que es producto de la “cobardía” y la “caludicación”– etc.
Me temo que tus palabras serán simplemente una “predicación en el desierto” pero lo importante es que se diga para el que quiere oir… ¡Tú ya has cumplido
Estoy de acuerdo con todo menos con lo de supuesta afinidad cultural con los sudamericanos que vienen aquí. Los que vienen aquí son indios bravos que no conocen ni el quijote. Los descendientes de españoles en sudamerica si tienen una cierta afinidad con nosotros pero esos no necesitan emigrar. Yo prefiero a los europeos del este. Aprenden el idioma enseguida y son mucho más inteligentes.
O.K. Reconozco mi inclinción hacia lo hispano por el idioma y similitud católica. Y también que no todos los del Este son proxenetas ni asaltantes, que sé de gente formidable procedente de Croacia y Ucrania. Católicos o Ruso Ortodoxos de moral mucho más fiable que la nuestra. Agradezco su puntualización.
Por eso yo no doy mi dinero a la Conferencia Episcopal; se lo doy a sacerdotes y organizaciones católicas de verdad.
Además, que hubieran defendido el sistema tradicional que compensaba a la Iglesia por las desamortizaciones, robos y destrucciones