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Gregorio Tena | La paz de Jesús de Nazaret resucitado

Publicado el 4 Mayo, 2008 Autor Gregorio Tena |

“La fe del cristiano es la resurrección de Cristo (Rom: 10 9;)

No quería dejar pasar esta conmemoración pascual del “memorial” de Jesús de Nazaret Resucitado, del 2008,  sin realizar antes unas breves reflexiones acerca de tan maravilloso y  sin igual acontecimiento, ocurrido hace más de dos mil años y plenamente vigente en nuestra actualidad. Ya, a través de seis largos artículos  subtitulados e integrados en un título común:”EL SEÑOR  JESÚS VERDADERAMENTE HA RESUCITADO” (y publicados en nuestro periódico digital, Minutodigital.com), demostré, con múltiples y variados argumentos, la Resurrección de Jesús de Nazaret; por lo que está demás volver a insistir en ello. 

Ahora me centraré en un aspecto importante, muchas veces inadvertido, como es la “Paz Pascual,” que Jesús de Nazaret, ya resucitado, da a sus discípulos, cuando se apareció la noche de Pascua a los once apóstoles, reunidos en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los judíos, diciéndoles:”Paz con vosotros.”(Lc: 24,36: Jn: 20,19;). Los evangelios nos presenta, sucintamente, el escenario histórico de lo que estaba sucediendo en aquellos días de la pascua judía. El ambiente que se respiraba era complejo, cargado de inquietudes, tenso, enrarecido por la noticia de la resurrección de Jesús de Nazaret, crucificado, muerto y sepultado, tres días antes, y que al tercer día había resucitado de entre los muertos, como había anticipado durante su vida pública (cfr: Mt:16,21-23; Mc:8,31-32; Lc: 9,22; Mt: 17, 22-23; Mc: 9, 30-31; Lc: 9, 44-45;). Estos textos son un testimonio histórico más que prueban que “Jesús de Nazaret Resucitado es verdadero Dios y verdadero hombre.” 

Las autoridades político-religiosas  sabían todo estos dichos de Jesucristo, y que su resurrección se había cumplido en aquellos días pascuales. Razón por la que diseñaron un programa de manipulación social publicando el embuste de que sus discípulos habían robado el cadáver. Con esto, indisponían a un conjunto de la población en contra de los apóstoles de Jesús. Esta atmósfera de hostilidad les había conducido a esconderse y refugiarse en un sitio seguro, como era aquel cenáculo, para evitar cualquier clase de violencia contra ellos por parte de sectores de la población, que había sido contaminada por los embustes de los voceros sometidos a los gerifaltes.

Los estados de  ánimo de los apóstoles encerrados en el cenáculo, eran de temor, zozobra, miedo, angustia, duda, escepticismo, abatimiento e incertidumbre. Esta misma tensión anímica también la padecían otros discípulos como los de Emaú, Tomás el Mellizo… (cfr Lc: 24,13-35; Jn: 20, 24-29). En estos momentos de duda, abatimiento psicológico, decaimiento de ánimo y un miedo tremendo a la violencia, ¿puede alguien robar un cadáver, sufrir alucinaciones o ilusiones de la resurrección? La respuesta es evidente: en tales circunstancias psíquico-anímicas y mentales les era imposible robar un cadáver o sufrir autosugestiones. 

Jesús, sabedor de sus tribulaciones, se hace presentes ante ellos diciéndoles: “Paz con vosotros.”Paz que procede de la pasión, crucifixión, muerte y resurrección del Maestro, porque con ellas  ha derrotado al pecado, vencido a la muerte y restaurado el estado de naturaleza caída del hombre, devolviendo a éste la vida sobrenatural y de gracia, que de nuevo le hace verdadero hijo adoptivo de Dios, tras haber quedado limpio del pecado original por el bautismo y perdonados sus pecados al arrepentirse de ellos en el sacramento de la penitencia. Jesucristo nos ha dado una vida nueva  a la que no puede tener acceso la muerte, porque ha sido destruida por la gracia santificante procedente del triunfo de la resurrección del Salvador sobre ella.
 
La presencial paz del Maestro ha sido como la dulce brisa, suave y refrescante, que, penetrando profundamente en el hondón de sus seres, ha convertido la ardorosa y amarga angustia de sus corazones  en  calma sosegada y serena quietud espiritual, sello distintivo del “hombre nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad (Ef: 4, 24;).” Esta “Paz Pascual” nos evoca aquellas otras palabras que Jesús, durante su vida publica, dijo a sus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy; no la doy yo como la da el mundo (Jn: 14, 27).” Esta expresión nos indica que la “Paz de Jesús” es radicalmente distinta a la “paz del mundo.” 
 
La “paz del mundo” tiene un sentido material, externo, frívolo y profano y estrictamente humano. Es un rol social para  quedar muy bien ante los demás, o sólo una instrumentalización para simular una simple tregua pactada, o tapadera de turbulentas intrigas y luchas intestinas para conquistar el poder, o compás de espera a la vista de negociar intereses o conveniencias, o tiempo muerto para programar mejor un mercado de negocios consensuados. Es la apariencia de la paz, una paz ficticia, propia del “hombre viejo,” que rechazando la luz divina del “Logos,”prefiere las tinieblas permaneciendo sumergido en sus miserias, pecados y ambiciones. Un botón de muestra de ésta es el tan cacareado y disimulado proceso de paz, tantas veces voceado por los gerifaltes políticos de ahora.
 

La “Paz de Jesús,”radicalmente opuesta a la “paz del mundo,” es de carácter “sobrenatural” llega hasta lo más profundo del corazón, el alma y la conciencia de la persona, la transforma disponiéndola  hacia el amor, la verdad, la justicia, la vida, la auténtica libertad, la comprensión, la misericordia y el perdón hacia el prójimo; porque el hombre y la mujer, que creen firmemente en la resurrección de Jesús de Nazaret, a igual que los apóstoles del cenáculo, reciben la gracia, la fortaleza y el empuje divino para ser mensajeros de la paz de Jesús y propagarla al mundo entero. Lo importante de este acontecimiento es que el hombre queda transformado profunda e íntimamente en su corazón por la “Luz divina”. Y desde ésta cambiará las estructuras socio-económicas, políticas, culturales etc, De aquí  que la paz no la conseguirá el mundo por el simple cambio de estructuras, sino por la transformación de los corazones humanos procedente de la gracia santificante divina.
 
Aquí cobra pleno sentido, después de darles la paz a sus discípulos, las palabras que el Maestro les dirige:”Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde (Jn: 14, 27;).”Comentadas atinadamente por san Pedro Poveda:”Su paz es orden, armonía, gracia; es compatible con los dolores, amarguras y persecuciones; existe aun cuando todo se conjure contra sus discípulos; es la paz del alma, del corazón, de la conciencia, del cumplimiento del deber, de la razón que estima y aprecia en su justo valer las cosas, de la fortaleza que se mantiene intrépida en la lucha, que no es vencida por halagos, ni por amenazas.” Esta “Paz pascual” de Jesús de Nazaret Resucitado es la que le deseo a todos.

Comentarios

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  • 2 Comentarios a “Gregorio Tena | La paz de Jesús de Nazaret resucitado”

    1. Alex el 5th Mayo, 2008 10:51

      Muchas gracias.

    2. Miguel Rivilla San Martín el 5th Mayo, 2008 21:24

      -Me ha gustado mucho encontrar y leer este artículo de contenido religioso y cristológico de mi amigo Pedro Tena en Minuto Digital.
      Le felicito cordialmente por ello. No abundan los medios donde el tema religioso se trate con claridad, respeto y profesionalidad.

      -Espero que no sea el último con que nos ha deleitado, sino que sea el inicio o la primicia de otros muchos que nos puedan aprovechar espiritual y cristianamente.

      -La paz del Resucitado esté con todos y de modo especial con su autor.

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