Lázaro Conde Monge | Política y deporte
Publicado el 11 Julio, 2008 Autor Lázaro Conde Monge |
El arrebato colectivo de españolismo, motivado por el éxito deportivo de la selección ganadora del reciente Campeonato de Europa de Fútbol, nos hace pensar en la situación política que estamos viviendo. Cuando aún permanece el efecto del entusiasmo nacional y el reconocimiento de la calidad humana y profesional de sus protagonistas, es oportuno recalcar la diferencia entre el comportamiento espontáneo del pueblo y el oportunismo de la mediocre clase política que nos gobierna, que trata de equipararse con quienes nos han proporcionado tan inolvidables momentos de alegría.
Toda reflexión política debe fundamentarse en hechos y circunstancias constatables, que permitan llegar a conclusiones objetivas. En definitiva, se trata de evaluar posibles aciertos y errores de quienes han sido elegidos democraticamente para ejercer una acción de Gobierno que nos afecta a todos sin excepción.
Es obligación de los ciudadanos, de cualquier condición, sexo y edad, conscientes de lo que significa el reconocimiento de que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado (art. 1.2 de la Constitución), exigir a los elegidos para desempeñar los cometidos propios de la Administración, que cumplan con su deber. En primer lugar al Presidente del Gobierno de todos los españoles.
Si la política es el arte de hacer posible lo necesario, se impone reaccionar contra la arbitraria decisión de los Gobiernos autónomos de suprimir la enseñanza en castellano en las Comunidades bilingües. Es flagrante la vulneración del artículo 3.1 de la Constitución española que señala taxativamente que el castellano es la lengua oficial del Estado y todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. La responsabilidad de su incumplimiento, al igual que el de la Ley de Banderas, es del Presidente del Gobierno que ha prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución.
Supone una auténtica provocación, el hecho de que en el momento, en que los protagonistas de una gesta deportiva de la magnitud del Campeonato de Europa, reciben la consideración y el reconocimiento de la inmensa mayoría de los españoles, quien es incapaz de hacer cumplir la orden de que la bandera de España ondee en todos los Ayuntamientos y edificios oficiales de la nación, la coloque en su solapa para participar de un protagonismo que en modo alguno le corresponde.
Al ser la memoria una potencia del alma, por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado, es inevitable la referencia a una hazaña deportiva similar, que se remonta a 44 años antes de la actual. Al activarse los recuerdos y valorar la reacción popular, se comprueba que el pueblo ha enarbolado, en ambas ocasiones con delirante entusiasmo, la misma bandera que simboliza su inquebrantable orgullo de auténticos españoles. Esta evidencia pone de manifiesto el descaro de la casta política que, desvergonzadamente, actúa en función de sus intereses.
Los millones de españoles que, exultantes por un triunfo deportivo, han hecho flamear gozosos nuestra bandera a lo largo y ancho de la geografía nacional, son los mismos que sufren los efectos de una crisis económica, que su Gobierno se niega a reconocer. Como denominador común del deporte, en la manifestación de nuestra unidad nacional, Rafael Nadal, español ejemplar, acaba de dar un inequívoco testimonio de patriotismo tras ganar espectacularmente el más importante torneo mundial de tenis. Su orgullosa exhibición de la bandera de España y sus respuestas en castellano a las preguntas de periodistas de los cinco continentes, que le solicitaban su opinión tras su memorable triunfo, lo dicen todo.
La circunstancia de que pocos días después de los éxitos deportivos que se comentan, se haya celebrado un Congreso del partido del Gobierno, aumenta exponencialmente la preocupación de gran parte de la población española, a la vista de las resoluciones adoptadas en el mismo, que incrementan el sectarismo y el resentimiento consustancial a la izquierda progresista de tendencia totalitaria.
La disparatada política del iluminado Presidente del Gobierno, desde su acceso al poder el 14 de Marzo de 2004, a los tres días de la terrible masacre, cuya autoría que se desconoce, causó 191 víctimas mortales y más de 1500 heridos, ha sido patente en dos cuestiones esenciales: la unidad, nacional y la lucha contra el terrorismo.
Los demócratas españoles que le votaron en las últimas elecciones, ignoraban que al iniciar otra legislatura sin la necesaria oposición, iba a comenzar una nueva Era en la Historia de España. Es el momento de recordar la razón que asistía al acreditado periodista, libre de la presión que el Gobierno ejerce sobre los numerosos medios de comunicación a los que distingue con sus dádivas, al advertir del riesgo de volver a votar al mismo Presidente, recomendando el voto para cualquier partido nacional, distinto del socialista. Al conjugar la estulticia, el resentimiento y el rencor, como estímulos para el ejercicio de la acción política, se ha soslayado la evidencia de la crisis económica, que nos afecta a todos, con el fin de dar prioridad absoluta a las demandas partidistas, aunque tengan efectos perniciosos para la mayoría.
De momento, es conveniente dejar constancia de la falsedad y falta de escrúpulos de quien, aún negándolo reiteradamente, mantuvo un prolongado diálogo con miembros de una banda terrorista, durante la pasada legislatura y contribuyó conscientemente al deterioro de la situación nacional, dando luz verde a la precaria aprobación de un Estatuto de Cataluña claramente anticonstitucional.
Ya ha quedado expuesta la incapacidad del actual Presidente del Gobierno de España, en asuntos tan relevantes como el de hacer cumplir de la Ley de Banderas y la enseñanza y uso del castellano como lengua oficial del Estado.
La pretensión de borrar de la vida pública el signo de la cruz, símbolo principal de la civilización occidental, basada en el humanismo cristiano y permanentemente presente en la cultura, el arte, las tradiciones y las costumbres de España, denotan ignorancia y maldad. Tal vez en su fanatismo anticristiano y más aún anticatólico, ignore que la presencia de Jesucristo en la tierra, divide desde hace 2000 años la Historia de la Humanidad en un antes y un después de esta presencia.
Para hacerle ver al Presidente la opinión generalizada de la mayoría de españoles, que profesan la religión católica, no está de más recordarle que el 13 de Octubre de 1931, Manuel Azaña pronunció la imprudente frase en la que anunciaba que España había dejado de ser católica. No se pueden ignorar sus terribles consecuencias.
Afortunadamente en estos momentos de zozobra, la explosión de alegría motivada por la celebración de memorables éxitos deportivos, ha vuelto a poner de manifiesto el anuncio evangélico de que la verdad nos hará libres. Gracias a Dios, aunque les pese a los progresistas al uso, la fundada esperanza de la inmensa mayoría de los españoles en la permanencia de la unidad nacional, lograda hace más de cinco siglos por los Reyes Católicos, acaban de ratificarla unos deportistas ejemplares que han proclamado “urbi et orbe” su inquebrantable amor a España. Esta es la venturosa verdad. Benditos sean.
Comentarios
3 Comentarios a “Lázaro Conde Monge | Política y deporte”
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Me ha parecido un comentario muy acertado y oportuno, Sr. Conde. Le felicito de corazón.
Esta gentuza que gobierna no es ni siquiera como Azaña.
Azaña pensaba que la Historia de España habia sido un error y que la izquierda liberal debia salvarla de siglos de decadencia.
Los socialistas, simpatizantes del sovietismo ayer y hoy neomarxistas y populistas tipo Chavez, directamente han refutado la idea de España como nacion y han vomitado todas sus glorias y triunfos.
El PSOE se ha dado cuenta de que para que España deje de ser católica, antes de be dejar de ser UNA. Para eso está aquí Zapatero, esperemos que termine un poquito peor que Azaña.