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Nieves Baglietto | Vivir con el dolor o vivir del dolor

Publicado el 21 Julio, 2008 Autor Nieves Baglietto |

Todos sabemos que el dolor es inherente a la vida. Dicho esto, abordar el tema implica correr un riesgo crítico que, con cautela, trataré de abordar.

Comenzaré por decir que, como muchos seres humanos, he conocido el dolor desde la pura esencia de la vida.
Para poder manifestarme sobre el tema y dar una opinión al respecto lo que apoya esta determinación es mi experiencia vital.

En España, hoy vivimos tiempos bastante airados y no seré yo, quién eche a rodar las aspas para “aventar el aire” y remover  el polvo social que aspiramos.

Apoyándome en la experiencia personal,– muerte de dos seres queridos, una hija (42)y un hijo (27), el destierro de mi familia de la tierra en la cual nacimos y el asesinato de un hermano por la banda ETA cabe suponer que el dolor quedó profundamente instalado en la cavidad de mi alma.

No es fácil superar “tanto duelo”, pero la racionalidad aconseja a, tener que “aprender a vivir con el dolor”. En algunos casos el apoyo es de orden religioso a través de la Fe, en otros es la necesidad de mantenerse firme ante las adversidades y saber  que hay hechos irreversibles como la muerte, que la superación de la misma es una necesidad para seguir “en el camino”. En cualquiera de los casos referidos siempre es tarea ardua y muy difícil.

A mí, la vida me hizo prolífica madre con diez hijos y la maternidad  fue un campo muy intenso, tanto  para “el gozo como para el  dolor”.

Estoy con Machado en su ”caminante, no hay caminos, solo estelas en el mar / caminantes no hay camino, se hace camino al andar”/…

Con lo expuesto, creo haber aclarado la primera parte del enunciado del texto.
 
Al centrarme en la segunda, debo abordarlo desde la más rigurosa y exquisita delicadeza porque “vivir del dolor”, en principio, tiene connotaciones de reproche y nada más lejos de la realidad, ni de mi intención; mejor diría que es la aclaración puntual de una forma de vida que determinadas víctimas sufren impuesta por la criminalidad de la banda terrorista ETA y que jamás paso por su mente ejercerla.

Expongo mi reflexión:

Para tratar de hacer  justicia, la sociedad entiende que es necesario se perpetúe en el tiempo la presencia de la víctimas en actos que avivan su recuerdo, así como el  movilizar los sentimientos para mantener viva la llama  de su espíritu.

Nadie mejor que “ellas” –las victimas — saben quién puede asegurar con mayor  integridad esta tarea y, además, la sociedad lo entiende y agradece el “voluntarismo ejercido desde el dolor más profundo”.

Se han visto, pues, abocadas a ejercer como “profesionales del dolor” aceptando una forma de vida que jamás pasó por su mente ejercer como tal

Tratando de analizar  desde la fría experiencia, entiendo que  es la forma más cruel de solventar la vida, también la más generosa, ante  “situación tan perversa”.

“Vivir del dolor”, solo nombrarlo nos provoca inquietud, la misma que nos  mueve a una profunda  reflexión y que  produce de inmediato la mayor repulsión sobre los mecanismos que el terrorismo diseña para retorcer y perpetuar el dolor.
 
Aunque en la mitología el “héroe” es considerado como hijo de un Dios “Súper Hombre”, el mío de hoy desgraciadamente se perpetúa en el tiempo. Aunque en nuestra cultura la heroicidad se entiende como producto de un acto  espontáneo, particular o colectivo, yo me atrevo a otorgar a “Las Victimas del terrorismo la calidad de Héroes”.Quiero llamarles así, porque  mantienen  el pulso de la vida frente a la masacre cruel del terror que asola a las victimas y nuestra querida España.

Antes de terminar este artículo, tengo conocimiento que a instancia de la La Razón –prensa– se ha creado un movimiento para  paliar el abandono que las victimas han padecido durante tantos, años, esperamos que la sociedad en general y los políticos lo respalden.
   
Al intentar analizar la situación primera, he tratado de hacer comprender, en la medida de lo posible, algunos hechos que, dolorosamente,  se van perpetuando demasiado en el tiempo.

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