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Un nuevo extremismo turco toma las calles de la pequeña Anatolia belga

Publicado el 29 Octubre, 2007 Publicado en la sección Inmigración ilegal |

-Las algaradas de esta semana en Bruselas son fruto de radicales de extrema derecha nacionalista e islámica.

Bruselas, 27 oct. (COLPISA, Fernando Pescador, corresponsal).

Bélgica ha asistido esta semana otra vez, aunque no impotente, a nuevas algaradas callejeras protagonizadas por inmigrantes de segunda o tercera generación, a cuenta de conflictos que nada tienen que ver con el país, para gran disgusto de la clase política y de la ciudadanía.

En esta ocasión, como cuatro veces antes desde 1994, minorías radicales turcas han tomado la calle en lo que se conoce como “la pequeña Anatolia”, (el barrio turco de Bruselas que se extiende entre las comunas de Scharebeek y Saint-Josse), para protestar por las acciones del PKK en la frontera turca con Irak, y para reafirmar, a voz en cuello, un nacionalismo turco de cuño rancio y autoritario.

Las algaradas han sido atribuidas por los medios locales a una minoría radical turcas de extrema derecha –una organización denominada “Lobos Grises”-, pero fuentes turcas, consultadas por este periódico, hablan también de una nueva organización de extrema derecha, con una componente religiosa islamista radical en su seno, que se habría instalado en Bélgica hace apenas un año, como responsable principal de los tumultos.

Nueva en Bélgica

Se trataría de Milli Dava (Causa Nacional) y habría contado con el concurso del TIK (Turk Irtibat Komitesi o Comité Turco de Información).

Milli Dava es nueva en Bélgica. La dirigen dos hermanos, Umit y Zafer Yavas, bien conocidos por la Policía. Frente a otras organizaciones típicas de la extrema derecha turca, como los Lobos Grises, esta recién llegada al submundo de la inmigración ilegal contaría, en su bagaje ideológico, con una interpretación religiosa islamista para ciertos temas. Organizada verticalmente, dispone de una estructura fuertemente jerarquizada, y contaría con un par de centenares de próximos, la mayor parte de ellos adolescentes.

Las autoridades belgas son también muy críticas con el comportamiento del embajador de Turquía, cuyos comentarios podrían haber servido para desatar pasiones patrioteras entre los más extremistas de sus convecinos.

Los tumultos de esta semana, que se han saldado con un centenar de detenciones y una decena larga de policías heridos, tres de ellos graves, los han protagonizado entre 300 y 400 alborotadores, la mayoría de ellos críos convocados a golpe de SMS. No han faltado, sin embargo, mujeres con niños de muy corta edad entre los manifestantes.

Esta vez, los alborotadores se han llevado por delante el comercio de un inmigrante armenio y un buen número de marquesinas y otros útiles de mobiliario urbano. En 1994 hubo enfrentamientos en la misma zona entre inmigrantes turcos y centenar y medio de kurdos que protagonizaron una “marcha de la libertad” desde Alemania hasta Saint-Josse. Ankara acusó a Bélgica de dar cobijo a la cúpula del PKK. En 1998 ardieron tres inmuebles kurdos en Bruselas. En 2002, Schaerbeek fue escenario de grandes manifestaciones turcas, a raíz del asesinato cometido por un marroquí y el pasado abril ardió el local de una asociación cultural kurda en Saint-Josse.

Violencia étnica

La violencia étnica no es, por lo tanto, rara en la pequeña Anatolia, pero las más de las veces son situaciones allende las fronteras belgas las que la provocan.

El hecho de que Bruselas no pueda expandirse geográficamente, debido a las limitaciones impuestas por las fronteras lingüísticas del país, confina a los inmigrantes en barrios por los que rotan nacionalidades, a medida que sus comunidades prosperan. Midi fue, primero, italiano, luego español, (aunque habría que precisar más: asturiano) y ahora es, esencialmente, magrebí, origen geográfico éste que también se manifiesta en Forest o en Saint-Gilles. En Saint-Josse, más del 70% de los jóvenes son de origen extranjero y en Schaerbeek el porcentaje rebasa ampliamente el 50%. En estas comunas, más del 20% de la población de derecho es de origen magrebí o turco. La de hecho es incontrolable, y se sabe que las mafias facilitan la entrada en el país de miles de trabajadores ilegales.

En el Matongue, a un par de manzanas de la zona más chic de la villa, se amontona la Bruselas africana. Y está, finalmente, la pequeña Anatolia de turcos, kurdos y armenios, hermanos de origen, que linda con el barrio caliente de la ciudad, donde las mafias búlgaras se enriquecen sin tasa con una prostitución de escaparate extremadamente sórdida.

A las autoridades locales, las explosiones de violencia de esta semana les han provocado una irritación manifiesta. “¿Cómo reaccionarían los turcos si flamencos y valones nos peleáramos en las calles de Estambul por nuestros conflictos lingüísticos y lo rompiéramos todo?”, se preguntaba esta semana un matutino belga.

Tumultos

Los tumultos han sentado especialmente mal aquí porque a comienzos de mes, Bélgica fue distinguida, en un informe internacional, como uno de los países que más esfuerzos hace para integrar a los inmigrantes.

El departamento belga de Inmigración tiene 1.700 funcionarios. Cifra respetable esta para un país de apenas 10 millones de habitantes.

Y en Schaerbeek hay hasta un concejal turco, Said Köse, que salió a la calle para frenar a los manifestantes.
Sus esfuerzos fueron en vano, pero sí parece que los llamamientos a la calma y la desautorización total y absoluta de las asociaciones y concejos turcos con base en la zona de las convocatorias, han evitado su reproducción.
Y ello a pesar de que nuevas oleadas de SMS han convocado nuevas acciones violentas después de los sucesos del miércoles.

Via Colpisa

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