El desalojo de los rumanos del PTS traslada el problema a las calles
Publicado el 29 Noviembre, 2007 Publicado en la sección Inmigración ilegal |
Doscientos agentes participaron en la operación, que incluyó el derribo de parte de los edificios ocupados El realojo en albergues y pensiones sólo durará días, y de ser ‘okupas’ pasarán a convertirse en vagabundos
M. VICTORIA COBO
A las diez de la mañana de ayer sólo quedaban en el Cortijo de las Angustias, en el PTS, una docena de ciudadanos rumanos. Las mujeres y los niños se habían ido horas antes por miedo a que hubiera incidentes violentos en el desalojo. Pero estos inusuales ‘okupas’ no estaban solos. Con ellos se habían reunido otra decena de miembros de la Plataforma Social El Cortijo, integrada por varias oenegés, y además había por allí numerosos medios de comunicación. El desalojo era inminente, se había anunciado, pero no todos estaban preparados para sus consecuencias. Tampoco se cumplió la condición de contar con alternativas, como se había dicho. El cortijo volvió a manos municipales, pero las familias, una media docena de ellas incluidos niños y embarazadas, se encontraron en la calle. La mayoría no tiene trabajo, ni dinero para alquilar una casa, ni propietarios que les quieran alquilar. Lo que sigue es el relato de un largo día de actuaciones, pero sin soluciones.
El primero
A las diez y media empezaban a entrar decenas de agentes de la Policía Local, antidisturbios de la Nacional y efectivos de la Autonómica dentro del Cortijo de las Angustias. En total, hubo doscientos agentes implicados. La veintena de ciudadanos rumanos que aún quedaban allí salieron pacíficamente, cabizbajos, tras nueve meses de ocupación ilegal.
Operarios municipales entraron también para empezar a recoger basura del interior del recinto, que llevaba años abandonado. «Antes sí que estaba sucio, y no ahora. Nosotros hemos limpiado. Aquí sólo venía gente a drogarse», se defendía uno de los desalojados. Los ciudadanos rumanos pudieron entrar de nuevo para recoger sus escasas pertenencias, que sacaron en maletas e improvisados sacos. Varios cachorros de perro y un gallo formaban parte de su equipaje. No hubo enfrentamientos, ni agresiones, ni incidentes, pero las familias desalojadas empezaban un largo día.
A mediodía entraba una pala que demolería una parte del cortijo, mientras un grupo de operarios, vestidos con monos blancos y mascarillas, desmontaban cuidadosamente el tejado de la otra nave. «La uralita tiene componentes cancerígenos y hay que proceder de otra forma», explicaría Antonio Bezares, superintendente de la Policía Local.
Bezares enseñaba la orden judicial, fechada el 14 de noviembre por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Granada. Explicaba que en esta operación habían trabajado mucho tiempo. En total, los agentes identificaron a 42 personas entre el Cortijo de las Angustias y otro cercano, en la calle Monachil, llamado Cortijo de Las Rejas.
En este otro edificio, de distintas características, se detuvo a cuatro hombres de origen rumano, que tenían en vigor reclamaciones judiciales. Uno de ellos estaba requerido por la Audiencia Nacional para su extradición. La Policía Local intervino también un coche de gama alta que figuraba entre las pertenencias de los asentamientos. «Se han puesto de acuerdo en el número de policías y en el día, pero nada más», decía Natalia García, erigida en portavoz de la plataforma de apoyo al cortijo. La joven quiso dejar claro que la situación del cortijo donde se produjeron las detenciones era muy distinta.
Una vez en la calle, con todos sus enseres apilados, se dirigieron al centro cívico del Zaidín. Su director fue el único representante de Bienestar Social del Ayuntamiento que se desplazó hasta el asentamiento para hablar con ellos. Tras muchas llamadas telefónicas, se descartaba la opción de alojarlos en un albergue. Todas las plazas estaban ocupadas. Ha llegado el frío y no se puede dormir en la calle. Más tarde cambió la situación.
El desalojo
En el Centro Cívico del Zaidín estuvieron hasta que los desalojaron, otra vez. Iban dos en el mismo día. La concejala de Bienestar Social afirmaba después que se había roto mobiliario del centro cívico, algo que negaron desde la plataforma.
«Hemos tenido que llamar a Cruz Roja para que traigan comida para estas familias», decía Paco Rubio, otro de los miembros de la plataforma. Sin soluciones a la vista, miembros de las oenegés y rumanos se encaminan al Ayuntamiento. A las ocho de la tarde unas cuarenta personas se concentraban en las puertas del Consistorio, con la confianza de que el Ayuntamiento les ofreciera alguna alternativa.
Allí quedaban ya sobre todo hombres. «Las mujeres y los niños se han ido con familiares o están en albergues», explicaba Paco, de la plataforma. A las cuarenta personas que seguían allí congregadas los ‘vigilaban’ una veintena de agentes de la Policía Local. El jefe lo advirtió desde por la mañana. Se les haría un seguimiento, sobre todo cuando hubo algún momento en el que amenazaban con una nueva ocupación ilegal.
De los más de cuarenta originales, quedaban ya sólo unos veinte por la noche, en la puerta del Ayuntamiento. Hace meses se logró ‘normalizar’ a dos de las familias, que incluso estaban trabajando y sus hijos escolarizados. Tras las primeras presiones mediáticas se encontraron pisos de alquiler para otras dos familias con numerosos menores.
Las soluciones de emergencia de ayer, adoptadas tras el desalojo, pasaban por ubicar algunos ciudadanos en albergues de la red municipal o en pensiones, como se suele hacer con los transeúntes cuando los termómetros bajan de cero y no hay plazas en residencias.
Solución de emergencia
Aún así, quedaban cerca de veinte ciudadanos rumanos, ‘ex-okupas’ en la calle. Estaban dispuestos a pasar la noche a la intemperie. Pero el cansancio iba haciendo mella y el mercurio descendía rápido en los termómetros.
Finalmente, fue el ofrecimiento de Izquierda Unida el que permitió que los veinte adultos pasaran la noche bajo techo. La plataforma recogió mantas y sacos de dormir y Cruz Roja se encargó d llevarles algo de comida para que pudieran pasar la noche en las mejores condiciones en la antigua sede de la coalición. Desde esta sede saldrán a primera hora de hoy hacia el Ayuntamiento. A las diez de la mañana tenían prevista una nueva concentración en la Plaza del Carmen, para tratar de forzar una reunión con Junta y Ayuntamiento.







