Cae una banda organizada de falsificación de documentos y explotación de mujeres
Publicado el 27 Abril, 2008 Publicado en la sección Lesiones, Prostitución, Coacción, Amenazas, Nigerianos, Falsificación de documentos |
La Policía Nacional ha desarticulado una organización dedicada a favorecer la inmigración ilegal, la falsificación de documentos y a la explotación sexual de mujeres. También cometían estafas por el procedimiento de las ‘cartas nigerianas’. La operación ha culminado con la detención de 14 personas de nacionalidad nigeriana en las localidades madrileñas de Leganés, Alcalá de Henares y Móstoles, en Madrid capital y en Palma de Mallorca. Otras cuatro han sido arrestadas por estancia irregular.
Los cabecillas de la red empleaban sus domicilios y los locutorios que regentaban como auténticos laboratorios de producción de documentos, por los que los inmigrantes pagaban entre 600 y 1.200 euros.
Además, esta banda explotaba sexualmente a mujeres, generalmente de su misma nacionalidad, a las que captaban en su país de origen. Eran engañadas con falsas promesas y les realizaban ritos de vudú para doblegar su voluntad.
Se han practicado diez registros en los que se han intervenido todo tipo de útiles para elaborar los documentos, 17 ordenadores, teléfonos móviles, documentos falsificados, cartillas bancarias y 4.000 euros en efectivo.
La investigación se inició en noviembre de 2007 en Sevilla tras analizar una denuncia en la que se hacía constar la existencia de una organización dedicada a proporcionar documentación falsificada a inmigrantes. Con estos papeles lograban entrar en nuestro país o permanecer en el mismo de forma aparentemente legal.
El ‘modus operandi’ de la red de falsificación se dividía en tres niveles. El primer escalón se dedicaba a captar inmigrantes ilegales a los que ofrecían la documentación falsificada. El segundo, estaba formado por hombres de confianza de los cabecillas de la banda, su misión consistía en conseguir documentos auténticos que después manipulaban. Para lograr evadir la acción de la justicia, no dudaban en presentar sus correspondientes denuncias por la pérdida o sustracción de los documentos.
En la cumbre de la pirámide estaban los cabecillas del grupo. En sus domicilios y locutorios disponían de equipos informáticos, plastificadoras, impresoras, luz ultravioleta, tintas especiales y todo tipo de materiales para confeccionar los documentos.
Recluidas en pisos
El grupo desarticulado también se dedicaba a explotar sexualmente a mujeres, por regla general de su misma nacionalidad, captadas en sus países de origen con falsas promesas de bienestar. Una vez España eran recluidas en pisos con los que contaba la organización y les explicaban el verdadero motivo de su traslado, que no era otro que el que deberían ejercer la prostitución y entregar las ganancias a los miembros de la red.
Cuando las cantidades abonadas semanalmente a la organización no eran consideradas suficientes, las mujeres eran sometidas a amenazas, coacciones y palizas. A esto hay que añadir que, antes de trasladarlas a España, les realizaban ritos de vudú para doblegar su voluntad.
Las mujeres eran controladas por una persona, conocida con el nombre de ‘Mami’, quien supervisaba sus actividades y gestionaba los pagos. Residía en León y, mediante conversaciones telefónicas diarias o viajando con frecuencia a Madrid, daba cuenta de la actividad de las mujeres a uno de los máximos responsables del grupo.
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