Trabajo y riesgo o deportación y muerte, son la encrucijada bengalí
Publicado el 27 Abril, 2008 Publicado en la sección Bengalíes, Inmigración ilegal |
De un tiempo a esta parte su presencia, antes habitual por las calles melillenses y más donde se concentraba un buen número de utilitarios y vehículos, se ha visto reducida de forma significativa en las última semanas. ¿El motivo? El miedo a las autoridades y a las fuerzas y cuerpos del orden.
No es nuevo decir que en las últimas semanas se ha venido haciendo hincapié en el refuerzo de las actuaciones encaminadas a minimizar la inmigración ilegal dentro de las fronteras de la Ciudad Autónoma, con especial interés sobre la población de origen bengalí. Esta situación ha sido calificada reiteradamente de “abusiva y represiva” por parte del colectivo humanitario PRODEIN, principalmente en la persona de su coordinador, José Palazón.
No en vano, ya son aproximadamente medio centenar (siempre según los datos manejados por el referido colectivo, ya que las autoridades no han precisado aún el número concreto) los asiáticos de origen bangladí e indio que han sido detenidos y, supuestamente, remitidos a algún Centro de Internamiento en la Península a la espera de su posterior repatriación en las últimas semanas.
Lo que no deja de ser “un procedimiento habitual”, para las fuerzas del orden público, y más en una zona fronteriza como es de por sí Melilla, ha sido duramente condenado por el coordinador del organismo humanitario, para quien se está llevando a cabo el operativo de una forma “nunca vista hasta ahora” tanto por el rigor como por la selectividad de las capturas.
Al parecer, hasta ahora éstas se circunscribían a los entornos del CETI melillense, donde habitaban de forma chabolista la mayor parte de estos ciudadanos. Allí, los agentes censaban a los inmigrantes y, en su defecto, se les conminaba a acudir ante las autoridades de Inmigración para comunicárseles la orden de expulsión o bien se les detenía en el mismo lugar.
Según señalan, ahora este operativo en el CETI se ha reducido a la detención inmediata de los extranjeros, extendiéndola también a los escondites que los inmigrantes bengalíes han tenido que agenciarse repartidos por toda la ciudad.
Sin embargo, y pese a que se ha notado un bajón de presencia bangladí en las calles melillenses, éstos siguen saliendo a trabajar ya que, según señalan los propios afectados, es mayor su interés en seguir mandando hasta el último céntimo posible a casa para la subsistencia de los suyos.
Por otra parte, en el entramado de la red viaria urbana es más fácil hacer mutis por el foro entre las atestadas calles a plena luz del día que escurrir el bulto en una zona más abierta y menos concurrida.
Además, albergan la confianza de que la Policía tenga más reparos en llevar a cabo una detención a plena luz del día y ante cientos de posibles testigos que en momentos y lugares con menos ojos al tanto de sus movimientos.
Cuando ve pasar un coche de la Policía, se gira un poco hacia el lado contrario para que sus rasgos no sean distinguibles, con calma y sin movimientos bruscos para no levantar sospechas. A pesar de las detenciones que se están llevando a cabo entre los de su nacionalidad, Lurul, mantiene su ‘puesto de trabajo’ en un céntrico punto de la ciudad porque, según señala, de él depende la manutención de los suyos allá en Bangladesh.
En los dos años y un mes que, calcula, lleva habitando en Melilla, habrá podido enviar unos 500 euros a su familia, “si no, ellos se mueren”, aclara. El mismo destino que le puede esperar a él si regresa deportado. Pero la obligación para con los suyos puede más que el miedo a que le cojan, y por eso sigue ahí, realizando la muy útil labor de ‘asistente de aparcamiento’ para los que circulan en demanda de un hueco donde desembarazarse del vehículo.
Entre las detenciones y el miedo a ser capturado, son pocos los que, como Lurul, se aventuran a seguir dejándose ver por las calles. Es el caso de Saiful, otro bengalí cuya área de actuación comprende los aparcamientos cercanos al puerto.
Un viejo con el que comparte los potenciales clientes de esta zona dice no haberle visto ya desde hace unos días, por lo que, egoistamente, puede pensar que toca a más aunque de sus palabras se desprende cierta simpatía por aquel al que sólo conoce por ser “buena gente y trabajar para mandar dinero a los suyos”. No sabe si habrá sido detenido o simplemente, espera a que se calmen las aguas para volver a aparecer por esta zona.
El caso es que en la embajada de Bangladesh en Madrid reciben periódicamente informes del Ministerio del Interior acerca de las actuaciones desarrolladas en las que se ven implicados los súbditos del país asiático. No obstante, a requerimiento de este rotativo no supieron concretar el viernes qué se está haciendo con los bengalíes detenidos en Melilla a lo largo de estas últimas semanas.
Y es que es el cuerpo diplomático de cada país el que debe tramitar todo lo referido a sus ciudadanos en el extranjero, como el censo de los mismos, o el cumplimiento o no (y con ello, las subsiguientes medidas legales a tomar contra ellos) de las normas locales.
Uno de los asiáticos que actualmente sigue desarrollando su actividad laboral semi clandestina -semi ya que, pese a no ser legal, sigue siendo a la luz del día y la vista de todo el mundo- explicaba esta semana que, después de contactar con el cónsul de Bangladesh, éste había transmitido a buena parte de los actualmente acogidos en Melilla la posibilidad de ser deportados una vez se hubiese comprobado y tramitado la lista de los ilegales.
Así, en lo que llega el momento o no de que asome su nombre en dicha lista, Lurul y sus compañeros siguen a lo suyo, con más precauciones, pero sin dejar de tratabar por ellos y por los que dejaron atrás.
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