Condenado a 9 años de prisión por maltratar a su mujer durante más de 20 años
Publicado el 1 Mayo, 2008 Publicado en la sección Prostitución, Agresiones, Abusos sexuales, Lesiones, Amenazas, Asesinato en grado de tentativa, Malos tratos, Violencia de género, Argelinos |
El juzgado de lo penal número 4 de Palma ha condenado a Abdenacer G. a penas que suman nueve años de cárcel por maltratar, humillar y amenazar a su mujer durante más de 20 años. El magistrado Juan Manuel Sobrino, que acordó el ingreso en prisión del sospechoso al finalizar el juicio, le considera responsable de los delitos de trato degradante, amenazas, tenencia ilícita de armas, maltrato físico habitual y maltrato de género, mientras que le absuelve de coacciones, lesiones psíquicas, quebrantamiento de condena y de un delito contra la Administración de Justicia.
El juez también le impone una indemnización de 15.000 euros, la prohibición de aproximarse a su ex pareja y sus dos hijos por 15 años y le priva de la patria potestad por cinco años. El letrado de la acusación, José Ignacio Herrero, había solicitado una condena de más de 13 años de cárcel. El abogado defensor, Miquel Àngel Cardell, recurrirá la sentencia ante la Audiencia.
Según se declara probado, el acusado, natural de Argelia aunque de nacionalidad austríaca, desde el comienzo del matrimonio en 1983 propinaba brutales palizas a su mujer, la humillaba a diario, la obligaba a participar en tríos sexuales con otras mujeres, la amedrentaba diciendo que se prostituyera, la insultaba, le tiraba platos de comida hirviendo, la golpeaba con fustas de hípica, prohibía a sus hijos que la llamaran “mamá”, de forma que controlaba totalmente su personalidad, anulándola y creando un clima de “terror” en el hogar. En 1993, la pareja fijó su residencia en un chalé en Calvià. Allí, siguieron las palizas y en una ocasión le puso una pistola cargada en la cabeza. En abril de 2005, en el sótano de casa, el hombre la roció con gasolina y la amenazó con quemarla viva acercando un mechero. Otra vez, encerró de noche a uno de sus hijos en la caseta del perro. Este clima “de violencia, tan inhumano, despiadado y terrible” que el acusado ejercía en el núcleo familiar creó un miedo paralizante en la mujer.
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