Hacinamiento y alta ocupación caracterizan la vivienda de los inmigrantes
Publicado el 10 Mayo, 2008 Publicado en la sección Sobreocupación, Incivismo |
Barcelona. (EFE).- “La alta ocupación y el hacinamiento es una de las estrategias residenciales de la población inmigrante para reducir costes”, según se desprende de un estudio elaborado por la Fundació Jaume Bofill en colaboración con el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona.
Así pues, el número medio de inmigrantes que vive en un mismo hogar es de 3,85, cifra superior a la media de 2,8 personas en el conjunto de la población de Catalunya. Según el origen geográfico, la ocupación media de la vivienda es más elevada en la población procedente del Magreb (4,41 personas), seguida por Asia y Oceanía (4,06) y por el resto de África (3,99).
Por otro lado, el 42% de los inmigrantes en Catalunya destina más del 30% de su sueldo a pagar su vivienda. En términos generales, realizar un esfuerzo económico superior al 30% de los ingresos netos del hogar se considera inadmisible para las economías familiares, tanto en el caso del alquiler como en el de la propiedad.
Así lo ha explicado Jordi Bosch, arquitecto y autor del capítulo sobre la vivienda del informe titulado “Las condiciones de vida de la población inmigrante en Catalunya”.
A partir de las encuestas realizadas durante el año 2006 a mil inmigrantes, se ha concluido que más de la mitad tienen que destinar entre 300 y 600 euros mensuales al pago de sus viviendas, mientras que un 16% destina más de 600 euros.
El estudio refleja que, según el tiempo de estancia, la proporción de la población inmigrante que destina menos de 300 euros al pago del alquiler crece progresivamente con el tiempo, pasando del 22% de entre los que llegaron hace menos de cinco años al 40% entre los que llegaron a Catalunya hace más de veinte años.
Una de las características de la forma de vida del colectivo analizado es el alto predominio del alquiler; mientras que en Catalunya sólo representa la opción del 12,5% de la población, entre los inmigrantes alcanza un 56%.
Aún así, este porcentaje desciende hasta un 44% entre los que llegaron a Catalunya hace entre diez y veinte años, y sólo representa el régimen de vivienda escogido por el 18% de la población que llegó a la comunidad autónoma hace más de veinte años.
Aunque las personas que han emigrado de su país destinan un gran porcentaje de sus ingresos a la vivienda, el informe refleja que ese dinero no significa una mejora sustancial de los equipamientos y las instalaciones del hogar.
El 64% no tiene calefacción
Un 1,7% de las personas no dispone de agua caliente, un 1,2% tiene el váter fuera de casa, un 64% no tiene calefacción y un 86% no tiene aire acondicionado, porcentajes superiores a la media de Catalunya.
La falta de este tipo de instalaciones, a diferencia del porcentaje de personas que escogen el alquiler, se mantiene relativamente estable durante los 20 primeros años de estancia en el país y tampoco mejora con el cambio de alquiler a propiedad.
La última característica recogida por el estudio sobre la inmigración y la vivienda es el alto grado de movilidad residencial, ya que más de un 50% de los inmigrantes que llevan menos de cinco años en Catalunya tiene previsto cambiar de domicilio.
El director de la Fundación Jaume Bofill, Jordi Sànchez, ha destacado que el informe “muestra la visión positiva de los inmigrantes respecto a su experiencia y las expectativas de futuro, muchas veces más optimista que la opinión de la población autóctona”.
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