Retiran toneladas de basura de los tres asentamientos de inmigrantes
Publicado el 11 Julio, 2008 Publicado en la sección Asentamientos ilegales, Incivismo, Magrebíes |
El tránsito de camiones desde el cauce del río Guadalentín al Centro de Gestión de Residuos de Barranco Hondo en Serrata ha sido continuo en los últimos días. Toneladas de basuras han sido retiradas de los asentamientos ilegales de inmigrantes, la mayoría botellas de cristal, que se cuentan por miles.
Las últimas operaciones de limpieza se efectuaron ayer mañana. Las zonas donde se encontraron las chabolas y el búnker donde se agolpaban hasta casi una veintena de inmigrantes de origen magrebí han recuperado su aspecto habitual después de que todas las construcciones hayan sido demolidas. Los técnicos de la empresa municipal de limpieza, Limusa, efectuaron ayer una nueva batida en colaboración con la Policía Local para intentar detectar nuevos asentamientos, pero parece, según explicó el edil de Medio Ambiente, Melchor Morales, que «no hay más».
El edil señaló que se establecerá un servicio especial de vigilancia para «evitar» nuevos asentamientos que pueden ser un «problema» en caso de que se produzcan fuertes lluvias, al crear una especie de barrera y no dejar pasar el agua. «En caso de lluvias torrenciales toda esa basura podría haber creado un tapón y generado inundaciones. Nuestra actuación con tanta celeridad iba encaminada a evitar precisamente retenciones en el cauce».
Ayer muchos vecinos no se sorprendían por la noticia del desmantelamiento de los asentamientos ilegales de inmigrantes en el cauce del río. La mayoría aseguraban que no sabían que a pocos metros de sus viviendas podían vivir, casi bajo tierra, hasta una veintena de extranjeros.
«Estábamos extrañados porque de unos meses para acá habíamos visto mucho tránsito de magrebíes. Iban y venían con mantas, ropa, pan… Alguno incluso conducía una bicicleta», aseguraba Juana Ruiz, vecina de Marchena.
Las que ayer ataron cabos fueron las Clarisas del Monasterio de Santa Ana y la Magdalena que se sitúa en la avenida de Santa Clara, junto al cauce del río Guadalentín. Su superiora afirmaba que cada vez era mayor el número de inmigrantes magrebíes que, sobre todo por las tardes noches, acudían al torno del convento para pedir bocadillos.
Era tal el tránsito que las monjas comenzaron a preocuparse y optaron por cerrar sus puertas al caer la noche, aunque atendían las peticiones que podían, ya que sus escasos medios económicos no les permitía poder dar de comer a todos los que se acercaban hasta el monasterio.
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