Observatorio del Maghreb
Cinco estados (uno en la vertiente atlántica) de diferente signo político y trayectoria se asoman a la orilla sur del Mediterráneo Occidental, teniendo por vecinos en Europa a tres países de fuerte impronta latina con los que, en los dos últimos milenios, han ido jugando con los dados de la historia.
Colonizados primero por el Imperio Otomano (a excepción de Marruecos) y más tarde por tres potencias europeas (Francia, España e Italia), alcanzaron finalmente la ansiada independencia a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. En la actualidad, con una pujante demografía y unas economías lastradas pero emergentes en las que algunas fuentes de energía (petróleo y sobre todo gas) nutren, como si de un cordón umbilical se tratara, a la somnolienta, acomodaticia y mercantil Europa, el Maghreb pugna desde el norte de África pero amamantado por una ideología religiosa anclada en el corazón de Oriente Medio para incorporarse, de algún modo, a ese espacio común europeo al que, por cierto y como recordaba Pirenne, perteneció en algún momento de su dilatada historia durante la época romana y los reinos de impronta germánica antes de ser apartado y sometido (pese la denodada resistencia beréber) por la invasión árabe en el siglo VIII de la Era Común, que le aportó otras raíces inyectándoles una nueva savia, el Islam, creencia actualmente en clara expansión pese a estar zozobrando en una sangrienta “fitna” (división) interna que no deja de guardar ciertos paralelismos con las “Guerras de Religión” que asolaron las cristianas tierras europeas hace unos quinientos años.
Con 5.990.380 Km2 (incluyendo el discutido Sáhara Occidental, las “Provincias del Sur” para Rabat) y 82.649.900 millones de habitantes, el Maghreb encara con una frágil economía el proceloso siglo XXI sometido a una severa crisis climática y axiológica, pendiente de ineludibles cambios estructurales. Tan próximo… y tan lejano, con varios millones de sus expatriados hijos embarazando estos días Europa. Hermanos culturales a través del común padre Abraham, pero con pautas normativas y hábitos sociales harto diferentes, cuando no mutuamente excluyentes.
¿Diálogo de Culturas o Choque de Civilizaciones?. Iremos explorando, cada semana, estas variables geopolíticas. En todo caso, tan cercana geografía (física incluso en el caso de España) y una fecunda historia compartida (que no común) además de los enredos e implicaciones del presente, son motivos de suficiente rango para que el Maghreb ocupe dignamente, en MINUTO DIGITAL, su propio espacio.
José Luis Navazo
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