Mohamed VI, aliado de Rodríguez, tomó hace poco una decisión propia de Luis XIV o de Stalin: ordenó la demolición de una construcción legal junto a su palacio de Agadir porque le desagradaba. Por supuesto, la orden se cumplió pese a ser ilegal.
¿Es Marruecos un Estado de Derecho? No, porque la voluntad de una persona se impone a todas las normas; es decir, el verdadero soberano, por encima del pueblo, del Parlamento y de la Constitución, es el sultán.
En su editorial del número 230, el semanario marroquí ‘Le Journal’ (http://www.lejournal-hebdo.com) cuenta un caso que demuestra la omnipotencia del sultán Mohamed VI en su país.
Mohamed heredó de su padre Hasán II diversos palacios repartidos por todo el país; uno de ellos se encuentra en Agadir. En su última visita a éste, al nuevo rey le desagradó la vista de unas construcciones cercanas y ordenó al ministro de Interior que se demoliesen. Las citadas construcciones se habían levantado por sus propietarios después de haber obtenido todos los permisos legales, tanto del alcalde de Agadir (socialista) como del gabinete real.
Por supuesto, el ministro y el ministro delegado de Interior obedecieron las órdenes reales, para lo que vulneraron los derechos de los propietarios perjudicados por la cólera de Mohamed. Pero en Marruecos cualquier deseo del sultán, por absurdo que sea, está por encima de las leyes. El derribo corrió a cargo del presupuesto estatal, lo que significa que se destinó dinero de todos los súbditos marroquíes a satisfacer un capricho del soberano.
Un régimen como éste, ¿puede aspirar a ingresar en la Unión Europea?
Publicado el : 16/11/2005